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Publicado el 7 Marzo, 2016 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

INDUSTRIA TEXTIL

Puntadas a toda costa

Un colectivo donde las mujeres son mayoría repite hazañas laborales. Sin embargo, enfrenta aprietos con materias primas y precios
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Ellas parecen hormigas laboriosasPor DELIA REYES GARCÍA
Fotos:
MARTHA VECINO ULLOA

En la fábrica solo se escucha el repiquetear de las máquinas. Las costureras hilvanan cada camisa con destreza, desde el cuello hasta el cierre de los botones. Ninguna pierde un solo minuto. Parecen hormigas laboriosas.

De un puesto de trabajo a otro pasan las prendas de vestir, hasta que llegan a la mesa final, donde Lesby Nordet revisa cada pieza. Después de casi tres décadas de experiencia, no se le escapa ni un solo detalle. “Por eso tenemos garantizada la preferencia de los clientes. Todas las confecciones salen con óptima calidad”, afirma esta trabajadora del taller Las Marianas, perteneciente a la Unidad Empresarial de Base (UEB) Costa en Santiago de Cuba, colectivo Vanguardia Nacional en 2013 y 2014.

A esta organización se subordinan otras cuatro fábricas, una de las cuales se encuentra también en la cabecera provincial, y las restantes en los municipios de Songo La Maya, San Luis y Contramaestre. El conjunto de las entidades de la UEB garantiza los mayores ingresos que recibe la Empresa de Confecciones Textiles Boga, radicada en La Habana, adscrita al Grupo Empresarial de la Industria Ligera Gempil, del Ministerio de Industrias.

El plan anual de Costa en unidades físicas era de un millón 600 mil y lo sobrecumplió con más de dos millones 100 mil prendas. También los valores quedaron por encima de lo planificado, de 16 millones 700 mil pesos, cerraron con cifras superiores a los 17 millones 200 mil, precisa Iván Guerra, especialista de producción de la entidad.

La retribución que reciben las costureras no se corresponde con la alta productividad de la UEB

La retribución que reciben las costureras no se corresponde con la alta productividad de la UEB

Entre las principales producciones de la UEB están los uniformes destinados a los ministerios de Educación, Salud Pública, las Fuerzas Armadas, del Interior, así como otras confecciones para Comercio Interior. “Estas últimas significan un gran reto –señala Oscar Ramos, director de Costa–, porque requieren diseños novedosos y variados. No puede obviarse que también sustituyen importaciones”.

Sin embargo, a pesar de los logros, no todo es color de rosa en los talleres santiagueros. “Hay planes que no se cumplieron con el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) porque faltó el financiamiento y no entró la materia prima”, sostiene Guerra. Debido a tales carencias trazaron una nueva estrategia.

Antes debían entregar los residuos textiles a las Industrias Locales o a Materia Prima. A partir de la flexibilización del objeto social de las empresas, comenzaron a utilizarlos en confecciones destinadas a la población, con lo que obtuvieron ingresos adicionales.

Dar en la costura

Delante de una máquina de coser no hay quien les saque ventaja a Marlenis Verdecia y Victoria Gorguet. Estas costureras, gracias a la agilidad adquirida, pueden hasta duplicar las normas diarias de trabajo.

“Desde que se comenzó a aplicar la Resolución 17 para el pago de los trabajadores, nos vincularon al destajo individual y colectivo. Eso nos dio la posibilidad de incrementar un poco el salario que recibimos. Pero es insuficiente todavía, porque cuando sales a la calle los precios siguen por las nubes”, dice Marlenis sin apartar los ojos de la aguja.

Las producciones alternativas, una acertada opción.

El déficit de materia prima lo cubren con recortes textiles para hacer producciones alternativas

Para dar una costura adecuada a las formas de pago, en la UEB realizaron estudios de normación del trabajo, a fin de sacar a flote las reservas productivas, explica María Cristina Escobar, especialista principal de Capital Humano en la entidad, con unos 918 trabajadores.

Hasta el cierre de octubre de 2015, dos millones 341 800 pesos correspondieron al pago por resultados, lo que representa el 44 por ciento del total retribuido, con un salario medio de 634 pesos. Si bien María Cristina reconoce una mejoría en los ingresos, “todavía el salario básico es bajo. Entonces, puede suceder que a una obrera le pagues dos veces el sueldo, pero no supera los 600 pesos.

“En otros sectores no sucede igual. Lo hemos planteado a todos los niveles. Para que una costurera gane 14.69 pesos al día tiene que montar 400 cuellos de camisa, reventarse cosiendo. Los niveles de productividad en la UEB son millonarios. El plan de 9 374 pesos por trabajador lo sobrecumplimos en más de 13 370, y solo hemos pagado en total alrededor de cinco millones”, indica con visible disgusto la especialista de Capital Humano.

En cambio, los indirectos salen mejor retribuidos, al tener salarios básicos más altos. Antes en Costa podían aplicar un coeficiente de distribución diferenciado que beneficiaba a los empleados directos, pero la empresa lo prohibió, refiere María Cristina.

Al decir de Daniel Parada, especialista principal de Economía en la UEB, “reciben más las empresas comercializadoras, donde pueden cobran hasta seis veces su salario. Eso desestimula a las que crean de verdad las riquezas. Para nosotros el margen de ganancia permitido es de un dos por ciento. Por ejemplo, una falda de mujer la vendemos en siete pesos al Mincin, que luego la expende en 130 pesos a la población”.

Como una gran mancha en la tela de la gestión económica la UEB tiene también que lidiar con otros inconvenientes. “La empresa que contratamos para traer la materia prima de La Habana, fácilmente sube el precio de las transportaciones de cinco mil pesos a ocho mil. Incluso, aunque se disparen los precios del tejido, nos siguen pagando lo mismo por cada pieza. Tenemos que hacer maravillas para no caer en pérdida, revisar constantemente las fichas de costo, apelar al ingenio colectivo, buscando nuevos productos y mercados”, reflexiona María Cristina.

Coser a toda máquina

Colocación de los botones a las piezas confeccionadas.

Ni un solo botón puede quedar fuera de lugar

Raíza Sotelo, directora del taller de confecciones en Songo-La Maya, no sabría qué hacer sin el apoyo de los innovadores. Gracias a sus aportes y al esfuerzo colectivo lograron cerrar el año pasado con valores superiores a los dos millones 400 mil pesos, más allá de lo previsto.

“Desde que arribaron las nuevas máquinas de coser, presentaron muchas deficiencias tecnológicas. Se rompían a menudo. Por eso los innovadores tuvieron que exprimir sus neuronas e inventar piezas para adaptarlas. De lo contrario, la fábrica estaría parada”, evalúa Sotelo.

El aporte del Movimiento de Mujeres Creadoras y de los aniristas es digno de elogio. Del total de trabajadores de la UEB, alrededor de un 96 por ciento son mujeres. “Las costureras se distinguen en el diseño de nuevos productos a partir de los recortes textiles que van quedando. Gracias a ellas obtenemos una variedad de confecciones alternativas”, valora el directivo Oscar Ramos.

El mecánico industrial Domingo Rodríguez cree tener buenas razones para afirmar que el taller Las Marianas tiene bien ganado su nombre. “Estas mujeres son ejemplo de sacrificio, tenacidad, abnegación. Siento un sincero orgullo de poder ayudarlas en todo lo que pueda”, enfatiza el también secretario del sindicato.

A su juicio, las claves del éxito de la UEB están en la alta preparación técnica del personal, el trabajo en equipo y el protagonismo de los trabajadores. Con tales argumentos, resulta probable que le ratifiquen la condición de Vanguardia Nacional en 2015. En Costa las reinas de la aguja seguirán en su afán de producir a toda costa, empeño que debe reconocérseles.

 

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Delia Reyes Garcia

 
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