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Publicado el 16 Marzo, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Zafarrancho por la vida

Oportunidad para elevar la conducta antivectorial y contribuir con mayor vigilancia, disciplina, sistematicidad y accionar enérgico, a proteger el bien más preciado del ser humano: la vida
(Foto: Periódico Granma)

(Foto: Periódico Granma)

Desde el 19 de febrero último Cuba experimenta una gigantesca obra de saneamiento con el objetivo de enfrentar los vectores transmisores del dengue, la fiebre amarilla, el chikungunya y el zika.

Pero la presente no es una operación cualquiera, sino una campaña estratégica y mancomunada de instituciones estatales con la colaboración fundamental de la ciudadanía, en respaldo a la convocatoria realizada por Raúl el lunes 22 de febrero, ante el peligroso cuadro epidemiológico que circunda al archipiélago.

La nación cubana, fogueada en retos y adversidades, ha vuelto a empinarse, y bajo la guía del Partido y el Gobierno desarrolla un plan de acción acorde con esta etapa intensiva para reducir los índices de infestación del mosquito. Papel verdaderamente loable, dentro de esa lucha sin cuartel y a favor del bienestar popular, desempeñan los más de nueve mil efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y 200 agentes de la Policía Nacional Revolucionaria. Estos, con la presteza y el carácter que puede exigir cualquier acción bélica, han dado muestras de compromiso desde el inicio de la tarea.

Algunos dejaron a buen resguardo las armas ordinarias con que salvaguardan y continuarán defendiendo las conquistas de la Revolución. Otros, que en tiempos normales son trabajadores estatales, cuentapropistas y no vinculados, se calzaron las botas para responder a la movilización.

Unidos todos, conforman la tropa integrada por oficiales, soldados y reservistas que ha ocupado a lo largo y ancho la geografía insular. En cada barrio montan su campamento. Van portando, como idóneas armas, otras bazucas. En esta ocasión el enemigo es el Aedes, y la batalla es por la salud.

Para estos combatientes no cuentan horarios, días ni obstáculos. Cada dúo tiene el cometido de fumigar entre 100 y 120 casas en una jornada, y aunque la faena es ardua, se esfuerzan por cumplirla estrictamente. Incluso, no pocas veces insisten, con buen modo y perseverancia, en aras de educar conciencias y, de paso, dejar la menor cantidad posible de puertas cerradas.

La misión que libran es, a no dudarlo, compleja. No obstante, se han entrenado bien para realizarla, y por encima de lo dificultoso que pueda ser, están convencidos de que del cumplimiento riguroso y eficaz de su labor depende el prevenir una epidemia que atente contra niños, embarazadas, ancianos, y población en general.

Por tal causa están decididos a no fallar. Con su participación protagónica, las FAR –institución que en este año celebrará su aniversario 55 y es digna heredera del espíritu heroico de nuestro pueblo durante siglos de lucha– han asumido, una vez más, su rol en defensa de la patria.

Esto ratifica el postulado de que en el sistema socialista cubano las Fuerzas Armadas son parte del pueblo. Surgen de sus entrañas. Precisamente, la población es testigo de la proeza de los movilizados en el combate cotidiano al insecto. Y como tal, les reconoce por la calidad con que acometen el saneamiento, y les alienta para que culminen con éxito la cruzada.

Tal vez sea algo anticipado magnificar los logros del contingente. Aún no cantar victoria en tanto reste camino. Sin embargo, apenas unas semanas después de la puesta en marcha del zafarrancho verde olivo, la efectividad en la caza de los zancudos revela registros superiores a tiempos previos. En los integrantes de este ejército están los continuadores de quienes son nuestros paradigmas, y también van escribiendo su propia historia.

Resulta válido subrayar la relación entre los factores responsabilizados con la campaña de higienización. En tal sentido, se denota también el esfuerzo del Ministerio de Salud Pública, la Defensa Civil, la Fiscalía General y las organizaciones de masas; así como la garantía en los aseguramientos, la voluntad y preparación de los efectivos para asumir con responsabilidad una situación de tal magnitud.

En una perspectiva que trascienda más allá de esta ofensiva, con vistas al futuro, puede aprovecharse la presente como oportunidad para que todos elevemos la conducta antivectorial; y contribuyamos en lo adelante con mayor vigilancia, disciplina, sistematicidad y accionar enérgico, a proteger el bien más preciado del ser humano: la vida.


Redacción Digital

 
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