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Publicado el 2 Abril, 2016 por Caridad Carro Bello en Nacionales
 
 

INDUSTRIA DE CONSERVAS: Si de atrevimientos se trata…

Los avatares de una fábrica villaclareña que no se deja vencer por el tiempo
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Por CARIDAD CARROBELLO
Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Cada mañana cuando Carlos Armando García Vergara, administrador del establecimiento Los Atrevidos, llega a su centro laboral ubicado en el villaclareño municipio de Remedios, identifica por las expresiones reflejadas en los rostros de los demás trabajadores, qué cosas andan bien y cuáles no.

Laborar aquí durante 26 años facilita ese don adivinador. Nadie como él conoce las angustias que despiertan en su colectivo una falla en las calderas, la tardanza en el suministro de un determinado envase, o el abarrote en el almacén de barras de guayaba, mermeladas, dulces y variedades de salsas, sopas y concentrados de tomate, mientras la población espera obtenerlos.

Durante gran parte del día se ve a este directivo entre los vapores habituales de la popular industria conservera, intercambiando con los obreros. De ahí que también pueda identificar los sonidos correctos de cada máquina y cuándo una elaboración está “a punto”, aunque confiese que nunca prueba los dulces, tal vez protegiéndose de no ser tentado por los aromas y sabores de las frutas de esta Isla.

En el momento de la visita de BOHEMIA, Carlos Armando García se encontraba al pie de una montaña de fruta bomba verde, la cual rápidamente disminuía su tamaño por la agilidad de los peladores.

En un breve recorrido nos muestra la ardua labor manual en esta industria con más de medio siglo de explotación, pero expresa que aun así lograron sobrepasar con 25.8 toneladas el plan de producción de 2015, y alcanzar más de siete millones 506 000 pesos.

Por este crecimiento, y gracias a la aplicación de la Resolución 17, el colectivo alcanzó durante el año pasado un salario medio de 854 pesos.

De envases y mucho más

Otra hazaña similar pudiera repetir la unidad Los Atrevidos, si lograra vencer contratiempos como la llegada tardía de los envases.

Al respecto, Carlos Armando apunta: “Los contratos con acopio y algunas formas productivas, los realiza la Unidad Empresarial de Base de Santa Clara, y esos abastos nos llegan de forma constante. Si paramos por falta de envases, la materia prima agrícola se echa a perder; por eso, muchas veces aplicamos soluciones no tan felices como la elaboración de trozos de fruta bomba en latas de cinco galones.”

A unos pasos de allí, en la parte final del proceso, los reporteros ven en qué consiste la dificultad de esta variante: los operarios llenan los citados recipientes, jarro a jarro, mediante un embudo que atraviesa una reducida abertura. Así se hace muy lenta la producción.

“Esto ocurre sobre todo a inicios de cada año. Si en los próximos meses no comenzamos con envases más pequeños se afectarán nuestros compromisos productivos para el mercado nacional”.

El administrador de Los Atrevidos afirma que la crema de guayaba de 500 gramos, elaborada aquí, corre una suerte bien distinta.

Pero en 2013 no le era posible asegurar lo mismo. Tres años atrás, se había adquirido para la fábrica una moderna máquina a un costo superior de 180 mil dólares, y sin embargo permanecía inactiva debido a la falta del material que cubre el envase de polipropileno de la barra.

“Luego de fuertes críticas recibidas en el diario Granma, el Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal) importó las materias primas para las tapas y fondos. Hoy la máquina tiene aseguradas 500 toneladas de esos materiales”.

Así lo afirma Carlos Armando García, quien además destaca que la crema de guayaba villaclareña puede competir con otras de fama en el país, como las elaboradas en La Conchita, Pinar del Río, o en la empresa agroindustrial Ceballos, Ciego de Ávila.

Pero en esta fábrica muchos aún se preguntan, ¿por qué los decisores del ramo adquirieron dicha tecnología sin un aseguramiento material estable?, y ¿qué impidió, a lo largo de tanto tiempo, planificar un financiamiento para hallar la solución?

Industria avejentada

La industria, fundada en 1930, funciona a duras penas debido a su tecnología obsoleta. Por ejemplo, la tapadora de latas tiene cerca de cien años de explotación, y para hacerla trabajar los miembros de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) del centro, han estado días y días sudando la gota gorda.

Andrés Antonio García Hernández, electricista de mantenimiento, es uno de esos innovadores. Gracias a él hoy trabaja otra antigua máquina, la troceadora.

“Teníamos problemas con uno de los piñones, que se desgastaba. Decidí montarlo en cojinetes de rodamientos y quitar el de deslizamiento. Hace días se echó a andar el equipo, y no ha habido problemas al trocear ocho rastras de fruta bomba”, sostiene Andrés.

El veterano cuenta sobre su premio provincial de la ANIR, al convertir en automática una pizarra eléctrica, hoy capaz de calentar el petróleo en el área de calderas. “Cuando la presenté me dijeron que eso era un éxito, pues nadie se atrevía a hacerlo. Lleva ya casi dos años trabajando, sin ningún tipo de contratiempo”.

Marilín Hernández Méndez, especialista A en producción, plantea que cada año aquí se realiza un fórum de ciencia y técnica, para solucionar los problemas detectados en distintas áreas de la fábrica. Pero algo le preocupa: “Por la magnitud de las dificultades presentadas en estos equipos tan obsoletos, puede llegar el momento en que no sea posible arreglarlos y se afecten las producciones”.

La entrevistada tiene el criterio de que si cada año van a aumentar las elaboraciones de Los Atrevidos, es preciso invertir en función de ello. “Lo más urgente es renovar la tapadora de los envases más pequeños”, precisa.

Carlos Armando coincide con Marilín: “Hoy, para satisfacción nuestra, el ciento por ciento de las máquinas trabaja. La fábrica, además, se mantiene ordenada, pintada, y buscamos mejorar las condiciones laborales del establecimiento. Pero hasta ahí llegan nuestras posibilidades.

“Si en 2016 aspiramos alcanzar producciones por el valor de 7.2 millones de pesos, desde las instancias superiores deben decidir algunas inversiones. Aún estamos ‘luchando’ para que se nos construya frente a la fábrica un almacén de materia prima y de productos terminados, pues hoy estos últimos los guardamos en el área de elaboración”.

A pesar de los problemas de la obsolescencia tecnológica, la demora en el arribo de determinados envases y la falta de un espacio de almacenamiento para la producción terminada, el ajetreo en Los Atrevidos se mantiene constante.

Un asunto más hace que el administrador se lleve las manos a la cabeza: la relación entre costos de producción y precios de comercialización en el mercado interno. “A nosotros nos pagan cerca de 17 pesos por un galón de dulces, y no es para que luego se esté vendiendo a 90, o a más de cien pesos”, analiza.

“Así, a todo el mundo no le da la cuenta. Y créanme, periodistas, que vale la pena pensar en que sean más asequibles los alimentos para el pueblo”.

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