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Publicado el 6 Mayo, 2016 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

Bomberos: Cita con héroes cotidianos

A cinco décadas de la creación de la semana nacional contra incendios y 55 años del Minint, BOHEMIA llega hasta un comando insignia para aquilatar, de cerca, vivencias de valientes
Inicia la jornada con el cambio de guardia.

El cambio de guardia es un acto básico en el inicio de cada jornada

Por IGOR GUILARTE FONG
Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Con apenas cinco años de edad, Lázaro Javier Pedroso llamaba asiduamente al número 105, gritaba que quería ser bombero y colgaba enseguida. Regaños mediante, en noveno grado tuvo la oportunidad de optar por la carrera y no la dejó escapar. Así, el sueño infantil que lo impulsara a cometer tantas travesuras telefónicas, se hizo realidad.

“Comencé mi desarrollo como jefe de dotación en el Comando 3, del Cerro, donde vivo, y por la labor desempeñada, luego me ascendieron. Al principio sentía miedo de entrar en servicio; tenía 17 años, me faltaba mucho por aprender y otros dependían de mí. Pero nunca lo demostré porque el jefe debe permanecer ecuánime para que los subordinados confíen en él.

“En cinco años –nos dijo en un aparte– he participado en incontables servicios, pero nunca olvidaré un derrumbe en el reparto Atarés, en 2012. Estaban la madre y la hija, de unos nueve años, y yo lloraba mientras sacaba a la niña, porque me recordaba a mi hermana, de esa misma edad.

Lázaro Pedroso, mejor jefe de compañía en 2013.

Por sus cualidades y desempeño, Lázaro Pedroso resultó seleccionado mejor jefe de compañía del año 2013, a nivel nacional

“Es decir, uno es humano, de ahí que se conmueva ante algunas situaciones, por lo catastróficas y porque en ellas la familia siempre pierde algo. Por eso trabajamos pensando en tratar lo mejor posible a las personas perjudicadas. Aquí llevo nueve meses”, aclaró.

En la esquina de las calles Corrales y Zulueta, en el municipio de La Habana Vieja, se ubica, en confortable edificio, el Comando 1 Camilo Cienfuegos, destacado entre los más antiguos e importantes del país. Hasta allí llegó el equipo de BOHEMIA, temprano en la mañana, cuando el cuartel empezaba a prepararse para la faena habitual.

Justamente, amanecía para Lázaro (21 años), uno de los jefes de compañía, al mando de la unidad, cargo que asume en ausencia de la máxima autoridad. En cumplimiento puntual de sus deberes, y asistido por el jefe de pelotón, dirigió el de pie a la tropa, el matutino, el izado de la bandera, la gimnasia, el desayuno, la organización y limpieza de dormitorios, pasillos y demás áreas; todo para acondicionar la unidad antes de que saliera el sol.

Cambio de guardia

A las 8:15 a.m inició el cambio de guardia, y las dotaciones de ambos carros cisternas (M1 y M2) con que cuenta el comando, revisaron las condiciones de los medios para afrontar la jornada.

Al frente de la tropa, el jefe de la unidad, mayor Alexander Santillano Desait, preguntó a los reclutas las noticias de Cuba y del mundo de la fecha anterior, habló sobre la campaña de saneamiento, e insistió en la necesidad de elevar la preparación político-ideológica.

Mayor Alexander Santillano, jefe de comando.

El mayor Alexander Santillano nunca imaginó que llegaría a ser jefe del comando más operativo del país

“Tengo 23 años de servicio. En el Comando 25, de San Miguel del Padrón, lo aprendí todo; pasé cursos, fui escalando puestos desde soldado y a los 26 años ya lo dirigía. En su momento fui el jefe de comando más joven. Varios de los subordinados de entonces hoy son mis homólogos.

“Mi mejor maestro fue el teniente coronel Eustiquio Rivero Verdecia, actualmente al frente del Comando 16, en la refinería Ñico López. Yo no era el mejor recluta, era muy inquieto, y mírame hoy. Él me formó, me guio, hizo un papel de padre”, relató Santillano con orgullo.

Según expuso, el Comando 1 le da cobertura a La Habana Vieja y Centro Habana, dos de las zonas de la urbe destacadas, no solo por la extensión territorial o los miles de objetivos a los que deben estar atentos, sino, y fundamentalmente, por lo populosas, con más de 270 000 habitantes (entre ambos municipios, dos de los más pequeños y con mayor densidad poblacional del país, sin contar que son también los de mayor población flotante) y que en su mayoría se concentran en un fondo habitacional precario.

Si el pasado 2015 prestaron casi mil auxilios, entre incendios y emergencias, y efectuaron más de 500 inspecciones, para el año en curso prevén incrementar las estadísticas de asistencias, en virtud del deterioro de las redes eléctricas y de gas, que aun así son cada vez más explotadas, y en muchos casos, sin respeto a las medidas de seguridad. El progresivo auge del turismo en esa localidad es otro reto que tienen en la mira.

La agilidad en la movilización los define.

La agilidad en la movilización los define

“La experiencia de trabajo aquí es única. Los incendios suelen ser incomparables y bastante complicados, dadas la tipología y condiciones urbanas. De ahí la importancia que otorgamos a la preparación del personal. La verdad, nunca pensé ser jefe de este comando, el más operativo del país, con alto promedio de salidas diarias”, afirmó el mayor, quien a la par dirige la Región Centro (que además de La Habana Vieja y Centro Habana incluye a Diez de Octubre, Cerro y Plaza de la Revolución, territorios que también son altamente complejos).

“Cuando vamos por la calle la gente nos mira como diciendo llegaron los héroes, y aunque no sintamos tanto así, uno se va con la satisfacción de haber salvado la vivienda o la vida de alguien, incluso a riesgo de la nuestra, sin esperar nada a cambio. Es lo que nos toca, como a otros les tocó luchar o caer para lograr lo que tenemos. Este es nuestro campo de batalla.

“El oficio es difícil, no tienes descanso, te vas y no sabes si regresas. Aun cuando estoy en casa sigo de guardia, las 24 horas. Por eso es muy importante el apoyo de la familia, porque tiene que sacrificarse igual. Es un trabajo difícil, sí, pero altruista”, concluyó el oficial del Minint, quien a sus 41 años ostenta varias distinciones por Servicio Distinguido, y medallas al valor.

Primera salida

Los combatientes repasan el probable despliegue táctico.

De camino a la acción, dentro del carro se va repasando el probable despliegue táctico

Luego de la entrega de la guardia participamos en el despacho operativo, donde el jefe de compañía saliente presentó ante su relevo, Leisduys Falero Fernández, y el jefe del comando, un informe con el cumplimiento de los seis eventos socorridos la víspera, el desglose de las emergencias, el estado de la técnica y de la unidad; en tanto Santillano puntualizaba cada detalle y orientación.

Mientras sesionaba la junta de coordinación, el carro M2 salió en respuesta a un llamado. A las nueve de la mañana ya se registraba la primera salida. Reynaldo Romero Martínez (19 años) en calidad de bombero número uno de dicha dotación, fue de los que partió raudo a cubrir la emergencia.

“Como estoy entre los de más tiempo aquí tengo la misión de ayudar a los compañeros nuevos. Nadie se cree el mejor porque a la hora de la verdad todos somos importantes. Llegué de voluntario hace cuatro años, ahora cumplo el servicio militar y cuando lo acabe quiero quedarme como profesional”, reveló.

Durante el día, cuando los combatientes no están fuera se mantienen en constante ajetreo en el cuartel. Entre otras actividades participan de clases teóricas en el aula especializada, practican con los medios, realizan revisiones técnicas, retocan la higiene del recinto, mantienen la posta de vigilancia. También se habla de deportes, de aspiraciones universitarias, de cuánto se extraña la casa, de alguna que otra novia y de lo que resta para el día del pase; se intercambian chistes, risas y demás rutinas de jóvenes que apenas rozan las dos décadas.

La satisfacción de la misión cumplida.

Cinco minutos después de llegar al lugar del incidente el jefe de compañía reportaba la misión cumplida. Afortunadamente esta vez no hubo mucho que lamentar

También la lozanía de los reclutas se complementa con la vasta experiencia de otros como Francisco Montes de Oca y Juan Carlos Polo. “Por aquí han pasado varios compañeros”, indicó el primero, quien lleva 10 años en el comando y agregó: “Siempre he intentado enseñarles lo que sé. Soy chofer y mi responsabilidad es llevarlos sanos al servicio, pero si hace falta asumo hasta de pitonero (el más cercano al fuego). La familia me dice, jocosamente, que me quede aquí en una cama, porque esto me gusta y pienso en la gente que nos necesita; por eso seguiré hasta que me crea útil”.

Polo, con 45 años llegó con 18, y desde entonces a la fecha ha participado en fuegos de todas las categorías. “Esta profesión es un bichito que se mete en la sangre, un imán que te hala y no te puedes zafar. Como jefe de pelotón me corresponde educar a los muchachos en la disciplina y guiarlos en la acción. También soy instructor del círculo de interés en el Palacio de Pioneros, donde damos clases sobre la especialidad y la vida cotidiana del bombero”.

Alarma… otra vez

Combatientes, siempre en la primera línea.

Jorge, William, Leisduys, Alberto, Leonardo y Yalil, con la satisfacción del deber cumplido

A las 12:42 del mediodía pudimos entablar diálogo con Falero Fernández, el jefe de compañía entrante desde la mañana, que por estar inmerso en sus quehaceres no había podido atendernos. Mientras comenzábamos a hablar, el telefonista Luis González Puga (18 años) recibía en el puesto de mando un aviso de fuego.

La estridencia de la alarma lanzada de inmediato para los tripulantes del M1 interrumpió la conversación. La tensión se apoderó del espacio. Leisduys y subordinados, en secuencia relampagueante, corrieron a alistarse para la partida. Desde que inicia el timbre, según lo estipulado, los bomberos disponen de 45 segundos para movilizarse, vestirse y abordar el transporte; en este caso les cronometramos 38. Sobre el carro en marcha, terminaron de ajustarse trajes y equipos.

Emulando tamaña agilidad –en aras de no entorpecer la maniobra, más que por nuestro adiestramiento físico– logramos integrarnos al vehículo. Con maestría de piloto profesional, Yalil Rodríguez (25 años) se abrió paso por las estrechas y concurridas vías en dirección al sitio del incidente. “Hay que conocer bien todas las calles para llegar lo más rápido posible”, nos comentó luego.

Comando 1 de la capital.

En 2015 el Comando 1 fue objeto de una intensa remodelación, y aun así, no dejó de prestar servicios

Camino a la acción, resultó asombrosa la alta concentración del jefe de compañía, chofer y demás miembros, pese al contexto estresante. “Entre mis deberes está cuidar la conducción del vehículo para evitar accidentes de tránsito. Antes, por ejemplo, me gustaba jugar con el ̔sireno̕, pero el cargo te obliga a ir madurando, porque ellos esperan que yo los guíe. Por eso desde que salimos vamos repasando el procedimiento y concentrándonos en la misión”, precisó Leisduys (20 años).

“¿Ve, periodista, lo que le dije de la adrenalina…?”, acotó Ernesto William Herrera Blanco (19 años), a la sazón bombero número uno. Ciertamente, un rato antes nos había comentado que “desde que suena la campana te sube la adrenalina, y cuando vas llegando al lugar y ves la candela dices: la cogimos. Es una frase distintiva del cuerpo de bomberos”.

En menos de 10 minutos llegó el auto cisterna al edificio de la calle Virtudes, entre Lealtad y Perseverancia, donde ocurría un Q-101, o lo que es lo mismo, un principio de incendio. Como quien sabe todo del humo, el jefe de compañía diagnosticó que parecía deberse a una cocina sin atención.

También han trabajado en el enfrentamiento a acciones subversivas.

En la historia de los bomberos cubanos no pocas veces han arriesgado sus vidas en el combate contra acciones subversivas. (Foto: Archivo BOHEMIA).

Junto a él, William, Leonardo Molina (18 años, bombero número dos), Alberto González (18 años, bombero número tres) y Jorge Luis Dorta (21 años, rescatista de la Cruz Roja) desempeñaron con precisión sus funciones. Cuando entraron al apartamento cubierto por la humareda confirmaron, efectivamente, la hipótesis. La señora de casa –víctima del rigor de sus 98 años– se había ido a la calle, olvidando que dejaba paños en hervor.

Una vez de regreso al comando llegó el momento de la despedida, no así del descanso. Ellos a esperar una nueva sirena, y nosotros a hilvanar, “en caliente”, este relato. Aún antes de partir pedimos a los muchachos una instantánea con el rostro de la misión cumplida.

La singular vivencia nos permitió palpar la pericia, la modestia, la convicción, el amor a la profesión, y el arrojo de esos héroes cotidianos, capaces de salir con fuerza ciclónica a sofocar un incendio o a resolver una emergencia, sin importar riesgos, lugares ni horas, solo por lo gratificante de auxiliar a sus semejantes.

 


Igor Guilarte Fong

 
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