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Publicado el 23 Mayo, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL: Como el perro del hortelano

bloqueo-INTACTOCuando el entonces congresista Robert Torricelli presentó su proyecto legislativo en 1992 “Acta para la democracia en Cuba”, expuso claramente las dos políticas que se debían seguir con la Isla: la del “palo o garrote”, en la cual definía la extraterritorialidad para recrudecer el criminal bloqueo e imponerle a otros Estados su política de agresión; y la de la “zanahoria”, el llamado “contacto pueblo a pueblo” que buscaba aumentar la presencia norteamericana en nuestro país de manera dirigida para intentar comprarnos, amoldarnos a sus propósitos y socavar la unidad nacional.

La propuesta de la Ley Torricelli originó variados puntos de vista dentro de las corrientes políticas estadounidenses. Una de ellas –entonces en minoría, hoy en pleno auge–, precisó que la vía era cambiar la estrategia subversiva abierta y descarnada, por una más suave y sofisticada, y mejorar las bases de las relaciones bilaterales para ejercer influencia. Y, al propio tiempo, impedir a toda costa que Cuba accediera a créditos y financiamiento, para potenciar la imagen de flexibilidad del gobierno de los Estados Unidos, con las sanciones principales en completa aplicación y con su carácter extraterritorial, mientras que el Gobierno de la Isla aparecería ante la comunidad internacional y los ciudadanos cubanos “engatusados con los cantos de sirena” como el intolerante e ineficaz para resolver los problemas de la sociedad.

No se le puede negar mérito a la maquinaria estadounidense y su eficacia para disfrazar la verdad ante la opinión pública. Eso es lo que hoy se está apreciando con sus propuestas de acciones que parecen ir hacia adelante, mientras mantienen intactos instrumentos de la agresión, como el bloqueo y la ley de ajuste, a la vez que continúan las amenazas y represalias extraterritoriales hacia otros gobiernos, empresas y ciudadanos de terceros países.

Como explicó en conferencia de prensa el subdirector general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, Gustavo Machín, si bien Cuba y Estados Unidos han logrado en los últimos 17 meses importantes avances, en especial en las áreas políticas y diplomáticas, los intercambios económicos y comerciales continúan frenados por la persistencia de múltiples prohibiciones como la restricción a las exportaciones de la Isla y a la gran mayoría de las importaciones desde Estados Unidos. Igualmente recordó que aún ha sido imposible normalizar las relaciones bancarias y efectuar transferencias en dólares entre los dos países directamente, a pesar de estar incluido entre las últimas medidas que modifican la aplicación de algunos aspectos del bloqueo.

Es evidente que en el gobierno de Obama hay quienes dentro de la propia administración oponen resistencia a sus decisiones y pretenden seguir convirtiendo la perpetua vecindad en perpetua discordia, mucho más después de que la Unión Europea estableció con Cuba el acuerdo marco de cooperación, y quieren impedir que el viejo continente multiplique sus inversiones y comercios con la nación cubana.
Eso es lo que puede explicar acciones como la del banco Co-op Bank, recién denunciada por nuestra representación diplomática en la ONU, que cerró las cuentas bancarias de la Campaña de Solidaridad con Cuba (CSC) radicada en el Reino Unido. El director ejecutivo de esa entidad financiera, Niall Booker, confirmó por escrito que el motivo del cierre se debía al “riesgo” que surge de las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba y afirmó: “es cierto que las sanciones que se aplican son las impuestas por la OFAC”.

Algunos funcionarios y parlamentarios europeos, incluso con mucha cercanía al Partido Republicano de Estados Unidos, han ido a Washington para explicar sus desavenencias con la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses y no pocas conversaciones sobre este tema han sido desagradables y agrias, al punto que un parlamentario de conocidas ideas conservadoras reconoció hace unos años en su órgano legislativo que discutió tanto con los norteamericanos sobre lo improcedente de esas medidas, que por primera vez en su vida se había sentido a la izquierda de sus ideas.

Es que cada vez más los formuladores estadounidenses de la política se quedan sin argumentos para justificar la errática porfía y evidencian que se comportan como aquello de “el perro del hortelano, que ni come ni deja comer”.


Redacción Digital

 
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