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Publicado el 6 Mayo, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial: Que no se seque la conciencia

(Trabajadores/Heriberto González Brito)

(Trabajadores/Heriberto González Brito)

Gota a gota, el agua se agota. Y mientras arrecian las sequías, el clima cambia hacia grados desconocidos –entiéndase grados de temperatura– y las personas no acabamos de entender la vulnerabilidad a la que se acercan la especie humana y todas las acompañantes. En la nueva “cadena alimenticia” que se forma, algunos excéntricos y poderosos monopolios saben que el agua es el nuevo capital; así, desde hace lustros compran glaciares y otros posibles yacimientos hídricos, mientras los agoreros predicen que la próxima guerra mundial no será por el petróleo, sino por el agua.

Acentuada por el actual evento climatológico El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) –uno de los más severos ocurridos en las últimas seis décadas, junto a los de 1997-1998 y 1982-1983–, la sequía en el planeta ha alcanzado cotas alarmantes en algunos países, cuando no trágicas. La ausencia de lluvias ha provocado desde crisis energéticas hasta incendios; desde hambrunas hasta ingobernalibilidad. Y si bien empezó a disminuir la anomalía cálida de la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico ecuatorial, se dice que la normalidad no llegará antes de mediados de año.

Para Cuba, en particular, El Niño contribuyó a que 2015 fuera el año más cálido desde 1951. Debido a la complejidad de ese proceso, el pasado trimestre de noviembre, diciembre y enero resultó más lluvioso de lo normal, principalmente en el occidente y el centro de la nación. Eso, afortunadamente, ha permitido que las presas de esas regiones no estén en peor situación de lo que podría esperarse luego de la larga sequía, sin que merodeara por el archipiélago un salvador cicloncito lluvioso y benévolo.

No pocos han observado lo difícil que se hace construir un sistema social justo en un país que, si no está asediado por implacables huracanes, lo atenazan rigurosas sequías. Las temporadas sin lluvias, para colmo, regresan con más frecuencia y duran más tiempo, al punto de hacer coincidir no pocas veces la sequía meteorológica (falta de precipitaciones), la agrícola (humedad del suelo insuficiente para el cultivo) y la hidrológica (baja disponibilidad de agua en la superficie terrestre y el subsuelo).

Con tales situaciones en concierto, aflora la llamada sequía operativa, un cuadro inamovible desde finales de 2014 y casi en línea desde 2012, sin contar que ya fue vista con acritud en el primer lustro del presente siglo. Por entonces, BOHEMIA le llamó a este tipo de calamidad “huracán silencioso”, por su poder devastador, sumado a la imposibilidad de predecir con fiabilidad su llegada y, mucho más difícil, la intensidad que puede reservarle al país.

El más firme pronóstico, sin embargo, es que la Isla debe esperar sequías más seguidas y cruentas. Saber esto, más que desalentar, sirve para convocar –si no urgir– a todos a la búsqueda y adopción de medidas que permitan mitigar los efectos de largas secas y estiajes que van en detrimento de la economía, la sociedad y el medioambiente. Según autoridades del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, a finales de abril alrededor de un millón de habitantes estuvo afectado por el fenómeno. Unas 70 mil personas recibieron el agua gracias a carros cisterna, al depender de fuentes de abasto ya deprimidas, en su mayoría ubicadas en Santiago de Cuba, provincia más golpeada por la sequía. Al resto de esa población se les alargaron los ciclos de servicio de agua por la red.

En esos días, 260 fuentes de abasto en el país sufrían afectaciones totales o parciales. Las presas de 10 provincias tenían un llenado inferior al 50 por ciento y los territorios con mayores descensos eran Camagüey, Pinar del Río y Granma. Por su parte, La Habana, el territorio con la mayor concentración poblacional del país, sufría una situación todavía no crítica, pero sí comprometedora. Tres de las cuatro principales cuencas subterráneas tenían sus niveles en la llamada zona desfavorable, y con tendencia al decrecimiento.

Como el futuro se asoma menos húmedo, Cuba se ha propuesto llevar a hechos un plan de acciones a corto, mediano y largo plazos, entre las que sobresale la construcción de obras hidráulicas emergentes y estratégicas, muchas ya en explotación.

Otras son los trasvases y la puesta en marcha del programa para la supresión de salideros, estos últimos causantes de una pérdida que se calcula en más de la mitad del recurso líquido en no pocos lugares.

En los últimos cinco años se ejecutaron inversiones y mantenimientos por más de 200 millones de pesos. En el actual se han destinado 30 millones de pesos solo para inversiones. Tales medidas no cobran ningún sentido si no se potencia el uso racional y el ahorro de agua tanto en el sector residencial, como en el estatal y el no estatal. Dicho con otras palabras: que según cambia el clima, cambien las respuestas y, sobre todo, que no se seque la conciencia.


Redacción Digital

 
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