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Publicado el 4 Julio, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL: Imperativos de la industria cubana

La industria cubana, en muchas ramas de la economía, presenta una marcada obsolescencia tecnológica y un alto consumo energético, que limitan su desempeño
(cadenagramonte.cu)

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Los participantes en la recién concluida II Convención y Exposición Internacional CubaIndustria 2016, y hasta quienes la siguieron de cerca por las noticias, coinciden en que la cita dejó al país un saldo favorable. Eso resulta alentador, pero no soslaya que la industria cubana, en muchas ramas de la economía, presenta una marcada obsolescencia tecnológica y un alto consumo energético, que limitan su desempeño.

En la Isla existen centrales azucareros con técnica de origen estadounidense, instalada desde principios del siglo XIX. Igual sucede en instalaciones de las industrias alimentaria y ligera. Las grandes fábricas construidas después de 1959, en virtud de las relaciones con el extinto campo socialista –pese a inversiones a lo largo del tiempo para mejorarlas, y al aporte invaluable de innovadores y racionalizadores–, padecen visible deterioro.

Durante décadas, Cuba sostuvo su progreso fundamentalmente con la producción azucarera. Sin embargo, gracias al ingenio y la visión de Fidel para elevar el nivel educacional y científico logrado por la Revolución, se enrumbó al país hacia el desarrollo de la industria biotecnológica y médico-farmacéutica, así como de la informática y sus múltiples aplicaciones.

Hoy, los desafíos son mayores, pues superados los años críticos del periodo especial, se trabaja por una transformación económica y social basada en la implementación de los Lineamientos aprobados por el Partido, en consulta con el pueblo. Pero no escasean las complejidades y obstáculos objetivos y subjetivos, internos y externos, sustentados fundamentalmente estos últimos por el bloqueo norteamericano al país.

En la industria, esa transformación ha supuesto cambios estructurales, incluida la creación del Ministerio de Industrias y de organizaciones superiores de dirección empresarial, según tipos de actividades. Todo un sistema al que corresponde convertir en realidad, dentro de los límites de su competencia, el modelo económico y social, y los objetivos del plan nacional de desarrollo hasta 2030, que hoy se debate en el país, antes de su aprobación definitiva.

Insertado en ese contexto sesionó CubaIndustria 2016. Durante una semana se firmaron acuerdos, cartas de intención, memorandos de entendimiento entre empresas nacionales y extranjeras. Destacaron en particular, los suscritos con entidades de Rusia, China, Italia y Portugal, entre otros países.

Como parte del evento se realizaron 11 congresos paralelos, donde los expositores y demás asistentes reflexionaron sobre distintos aspectos relacionados con las energías renovables, la producción y el uso de envases y embalajes, el reciclaje, la siderurgia, la climatización y la refrigeración.

Con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), se presentó en el encuentro, por ejemplo, un plan para fomentar cadenas de valor en la industria nacional de la música. También sesionó un foro internacional de diseño y se realizó una ronda de negocios, vinculada a la rama química, a fin de estrechar lazos con empresas extranjeras.

De manera paralela a los debates teóricos en el Palacio de Convenciones, donde ocurrieron los distintos congresos, en el recinto ferial de Pabexpo fueron exhibidas maquinarias, piezas, componentes y novedosas tecnologías. Autoridades del Ministerio de Industrias refirieron acuerdos con inversionistas chinos y rusos a favor del transporte, la industria sideromecánica, la producción electrodoméstica y otros bienes de consumo. Directivos de la Onudi explicaron que ejecutarán un proyecto de modernización industrial para fabricar fertilizantes y maquinaria agrícola.

La cita insufla esperanzas y optimismo a los cubanos, pero también hace un llamado a la reflexión. Para alcanzar la eficacia que se pretende, y hace falta, será necesario cambiar viejas mentalidades para poder impulsar un número cada vez más amplio de actividades, en la medida de lo posible, con una economía pequeña como la nuestra, y dentro de un escenario internacional caracterizado cada vez más por la especialización competitiva.

Hay que “hilar fino” para que la industria nacional alcance el rango exigido por el socialismo próspero y sostenible que se perfila; inversiones mediante, y aprovechamiento máximo del potencial humano, aplicación del conocimiento científico, innovación tecnológica, y todos los demás recursos posibles y planificadamente a mano, también de por medio.

 


Redacción Digital

 
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