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Publicado el 5 Julio, 2016 por ACN en Nacionales
 
 

Fin de curso ¿fin de las preocupaciones?

Al calor de las revalorizaciones y exámenes extraordinarios, vale la pena recapacitar con profundidad para que ciertos errores y deficiencias que marcaron hito durante este período lectivo no se repitan en detrimento de la calidad en la formación de niños y jóvenes
Los alumnos deben tener más interés y motivación.

Los cambios importantes anunciados para el próximo curso serán un reto para todos asumir los nuevos programas con una base llena de carencias. (Foto: vargashoy.bolgspot.com).

Por MAGALY ZAMORA MOREJÓN/ACN

Termina el curso escolar 2015-2016 y alumnos, padres y maestros respiran aliviados. Atrás quedan meses de preocupaciones por las notas, el lugar en el escalafón, la calidad de las clases o la ausencia de un profesor.

Ahora otros asuntos más cercanos ocuparán el tiempo por uno o dos meses: ¿quién atenderá el hogar mientras mamá trabaja y los niños recesan las actividades?, ¿qué uso les darán al televisor y al equipo de audio en momentos en que se necesita tanto del consumo racional de la energía?, ¿a dónde irán en la bicicleta…?

Para muchos, estos meses representarán la transición de una enseñanza a otra, el fin de la etapa de estudiantes, el acercamiento a la vida militar o la añoranza por las amistades y amores que fecundaron en las aulas.

¿Podrán todos sentirse satisfechos por igual?

Al calor de las revalorizaciones y exámenes extraordinarios, vale la pena recapacitar con profundidad para que ciertos errores y deficiencias que marcaron hito durante este período lectivo no se repitan en detrimento de la calidad en la formación de niños y jóvenes.

En medio de condiciones económicas adversas, el Estado dedicó grandes sumas del presupuesto para mantener y potenciar el sistema educacional:

Ni una sola aula se cerró en todo el país. Ningún profesor quedó desempleado ni dejó de recibir su salario. Tampoco dejó de funcionar ningún comedor escolar, ni se suprimió la merienda gratuita en la secundaria básica.

Por el contrario, varios centros recibieron mejoras constructivas, a los alumnos internos se les garantizó avituallamiento de mayor calidad, los libros correspondientes a cada asignatura y la entrega sistemática del aseo personal.

Sin embargo, ello por sí sólo no garantizó la eficacia del proceso docente y cabría preguntarse si el profesor frente al alumnado fue siempre el mejor preparado, que supo usar adecuadamente el lenguaje, trasmitir valores y convertirse en modelo a imitar.

A pesar de los esfuerzos, las enseñanzas media y media superior sufrieron en mayor medida la ausencia de profesores, lo que obligó en muchos casos a completar los claustros con maestros en formación, con preparación deficiente, que no supieron motivar ni trasmitir los conocimientos al estudiantado.

¿Quiénes son los culpables? Todos: los alumnos que por falta de motivación e interés no pusieron el empeño necesario para compensar con más estudio individual las carencias de la actividad presencial del maestro.

Los padres que confiaron la preparación de sus hijos sólo a las instituciones educacionales y creyeron solucionar sus inconformidades con quejas a las instancias superiores, para sorprenderse a última hora con un abismo imposible de saltar.

La institución que cayó en una especie de marasmo y se dejó vencer por el fatalismo, a la cual le faltaron acciones concretas  e iniciativas que sirvieran de solución y que se correspondieran con los recursos que el Estado emplea anualmente en el sistema educacional.

¿Quién pagará las consecuencias?

La sociedad, que ha perdido un tiempo precioso para fomentar los valores y preparar a aquellos que en un futuro cercano tomarán sus riendas.

El Ministerio de Educación ha anunciado cambios importantes para el próximo curso que con seguridad repercutirán en la calidad del proceso docente educativo. Será un reto para todos asumir los nuevos programas con una base llena de carencias. No esperemos a septiembre para meditar sobre el asunto.

Analizar con espíritu crítico el papel que nos corresponde desempeñar no es sólo un deber de padres y maestros, sino obligación de toda la sociedad, pues lo que dejemos de hacer hoy por negligencia o incapacidad lo pagarán mañana nuestros sucesores.

Lograr un curso escolar eficiente, que satisfaga las expectativas de los educandos y responda a los propósitos del país en materia educativa es aún una asignatura pendiente de revalorización.


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