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Publicado el 25 Julio, 2016 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

Solidaridad, página cubana en Portoviejo

Por primera vez rescatistas de la Isla participan en una misión internacional. Sus vivencias en Ecuador, tras el sismo que en abril estremeció a ese país, son compartidas con los lectores de BOHEMIA
También fueron un complemento a la labor de los médicos cubanos.

Los profesionales de la salud cubanos atendieron a muchas personas mientras recorrían, junto a los rescatistas, las zonas afectadas

Por MARIETA CABRERA

Fotos: GILBERTO RABASSA y cortesía de BRIGADA DE RESCATE

Una de las primeras imágenes que conmovió a Fabián Jesús Rodríguez Molina tras su llegada a Portoviejo, capital de la provincia ecuatoriana de Manabí -donde se localizó el epicentro del sismo de 7.8 grados ocurrido el 16 de abril último-, fue la de un grupo de personas alrededor de varios ataúdes en una esquina. “Estaban velando a una familia completa que había perecido como consecuencia del terremoto”, explica.

“Escenas como esa presenciamos en otros sitios, y también vimos calles rajadas, puentes muy deteriorados, casas desplomadas. No es lo mismo ver un edificio derrumbado, que hallar media ciudad bajo los escombros”, dice el mayor del Ministerio del Interior y jefe del Destacamento Nacional de Rescate y Salvamento del Cuerpo de Bomberos de Cuba.

Él fue uno de los 26 rescatistas cubanos que, junto a integrantes del Contingente Internacional Especializado en el Enfrentamiento a Desastres y Grandes Epidemias Henry Reeve, arribó al aeropuerto de Manta, Ecuador, cerca de las dos de la madrugada del 18 de abril para socorrer a la población afectada por el sismo.

Habían transcurrido poco más de 24 horas del suceso que devastó la costa noroccidental de la nación andina y ocasionó más de 660 muertos, miles de heridos y considerables daños materiales. Se trataba, afirmó el presidente ecuatoriano Rafael Correa, de “la mayor tragedia de los últimos 67 años”, desde el terremoto de Ambato, el 5 de agosto de 1949.

Mayor Fabián Rodríguez.

Nuestra tarea consistía en revisar las edificaciones colapsadas en el sector que nos asignaron y confirmar que no hubiera personas atrapadas bajo los escombros, dice el mayor Fabián J. Rodríguez.

Aunque era la primera vez que rescatistas de la Isla cumplían una misión fuera del territorio nacional, el llamado no los tomó por sorpresa. Explica Rodríguez Molina que el destacamento está organizado para actuar con prontitud en caso de un desastre natural o de otra índole.

“Nos hemos entrenado para apoyar a las provincias orientales, sobre todo a Santiago de Cuba, si lamentablemente ocurriera un sismo de magnitud notable en el territorio. Por eso cuando nos indicaron la posibilidad de partir para Ecuador, solo hubo que movilizar al personal y disponer los medios necesarios”.

Relata que llegaron a Portoviejo al mediodía. El embajador de la isla caribeña en el país sudamericano, Rafael Daussá, les ofreció una idea general de la situación y, de inmediato, se pusieron a disposición del centro coordinador de respuesta a la emergencia donde estaban concentradas las fuerzas militares y civiles ecuatorianas.

“Todo lo que se iba a hacer allí era organizado por ellas. Luego de instalar nuestras casas de campaña y crear las condiciones básicas para la tropa -continúa Fabián-, constituimos dos grupos formados cada uno por rescatistas, miembros de la escuadra canina, además de un médico, dos enfermeros y un rehabilitador del Henry Reeve. Cuando este personal sanitario se trasladó a otras zonas dañadas por la catástrofe, seguimos trabajando con la brigada médica cubana radicada en Ecuador.

“Un grupo salía por la mañana y otro en horas de la tarde. Nuestra tarea consistía en revisar las edificaciones colapsadas en el sector que nos asignaron y confirmar que no hubiera personas vivas ni cadáveres bajo los escombros. Nos apoyamos sobre todo en la información de los bomberos de Portoviejo. En muchos lugares, antes de que comenzaran a trabajar con la maquinaria pesada tenía que ir nuestro personal para certificar que no había víctimas atrapadas. Y así lo hicimos.

El sismo de Ecuador ocasionó más de 660 muertos, miles de heridos y considerables daños materiales. (Foto: ELUNIVERSAL.COM.MX).

El sismo de Ecuador ocasionó más de 660 muertos, miles de heridos y considerables daños materiales. (Foto: ELUNIVERSAL.COM.MX).

“En ninguno de los sitios que evaluamos hallamos seres humanos con vida o fallecidos. La gran mayoría de los sobrevivientes fueron encontrados en las primeras 24 horas por los bomberos, los rescatistas, la policía y el ejército de Ecuador, apoyados por la población, asegura Rodríguez Molina. “Ellos se organizaron muy bien y trabajaron bastante rápido.

“Según nos informaron tenían decretada alerta naranja por la erupción de volcanes, o sea, que un grupo de medidas ya estaban tomadas. Por otra parte, los edificios más altos de Portoviejo son públicos y como el sismo ocurrió el sábado a las 18:58 horas, muchos servicios estaban cerrados, lo cual influyó en que el número de víctimas no fuera aún mayor. Además, había un juego de futbol al que asistía gran cantidad de personas”.

Amigos fieles y eficaces

En un escenario donde los temblores de tierra son constantes los técnicos de rescate deben extremar las medidas de seguridad para evitar convertirse en rescatados. “En Ecuador vimos la posibilidad real de que esto ocurriera. Toda precaución era poca. Allí, lo que uno pensaba que no se iba a caer, de pronto había un movimiento y se derrumbaba como si fuera una caja de cartón”, refiere Fabián J. Rodríguez.

Cuenta el primer suboficial Isnel Proenza Leyva que en una de las jornadas de trabajo en aquel país, uno de los nueve perros que llevaron desde Cuba tuvo un comportamiento revelador al pasar por un punto del terreno, lo cual motivó al jefe del grupo a enviar un especialista para que revisara.

Dayko, el labrador que salvó muchas

En plena faena, Dayko, el labrador que salvó varias vidas humanas durante la tragedia. (Foto: INFOCRISTIANA.INFO).

“Cuando el técnico bajó unos cuatro metros entre los escombros, lo sorprendió una nueva réplica del terremoto. Los dos que permanecíamos afuera estábamos expectantes por si era necesario entrar rápido y rescatarlo. Él comprobó que en el sitio había sangre, pero era de origen animal”.

Durante los 11 días que trabajaron los rescatistas cubanos en Portoviejo revisaron 56 edificaciones total o parcialmente destruidas. “En la búsqueda empleamos mucho los perros”, refiere Proenza. “Pasábamos uno por cada lugar indicado y, luego, otros dos por el mismo sitio. Es poco probable que se equivoquen pero lo hacíamos para estar más seguros aún”.

Amanda permanece bajo su custodia desde que nació, hace 11 años. Es una perra de la raza labrador, muy empleada en el mundo en dichas labores porque son animales de olfato extremadamente agudo, además de muy versátiles, asegura su guía y cuidador.

En una ocasión, Isnel Proenza y su compañero de faena, el primer suboficial Ernesto Reyes Peña, fueron a un supermercado en Portoviejo porque uno de los empleados manifestó que había dudas acerca de la evacuación de dos menores que se encontraban en el establecimiento durante el sismo. Luego de acopiar información con otros trabajadores de la tienda, Isnel ordenó a Amanda explorar la zona. El animal se detuvo en un hueco y comenzó a escarbar a la vez que intentaba penetrar para indicar a su dueño que allí había algo.

Rescatistas cubanos, durante uno de sus habituales recorridos.

Rescatistas cubanos durante sus recorridos habituales por la ciudad.

“Le dije a Ernesto que verificara y al hacerlo vio manchas de sangre. Cuando preguntamos a los bomberos que laboraron en el área, nos confirmaron que de ese hoyo habían sacado a dos personas. Después supimos que los menores felizmente fueron puestos a salvo por alguien que estaba en el supermercado cerca de ellos”, rememora Proenza.

Dayko, un labrador de cuatro años, de la unidad canina del Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Ibarra, al norte de Ecuador, demostró sus excelentes cualidades. El can halló al menos a siete supervivientes en Pedernales, otra zona muy dañada por el sismo. Pero un golpe de calor, las lesiones producidas durante la búsqueda y el agotamiento pusieron fin a su vida. Su historia ha pasado a la posteridad.

Entrenamiento en tiempo real

El grupo que salía al terreno en cada jornada estaba liderado por su jefe, y lo componían cinco técnicos de rescate y tres o cuatro guías con sus perros. Si la edificación había quedado en muy mal estado se extremaban las medidas de seguridad durante la búsqueda.

“Para explorar edificaciones en muy mal estado nos apoyamos en los drones que tenían unos estudiantes españoles”, recuerda el primer teniente Wilmer Yumar Mendoza.

“Para explorar edificaciones en muy mal estado nos apoyamos en los drones que tenían unos estudiantes españoles”, recuerda el primer teniente Wilmer Yumar Mendoza.

“Le dábamos la vuelta a la instalación para hallar un campo visual apropiado”, precisa el primer teniente Wilmer Yumar Mendoza. “Para esto nos apoyamos en unos estudiantes españoles de la Universidad de Loja, en Ecuador, quienes tenían drones y trabajaron con nosotros.

“Con esta tecnología se filma en tiempo real todo lo que sucede. Permite hacer reconocimiento en los edificios y ver desde afuera su interior a fin de detectar si alguien quedó atrapado en una parte que no colapsó, o en la azotea. Esas imágenes quedaron grabadas y sirvieron después a los colegas ecuatorianos. Fue una buena experiencia y un trabajo muy profesional”.

Otra técnica que se usa en tales situaciones es el radar que detecta por ondas sonoras, en determinado rango de distancia, las pulsaciones del corazón e indica la presencia de vida humana o animal. El perro -con un 97-98 por ciento de efectividad, según los expertos- sigue siendo el preferido para esas labores porque se entrena específicamente en la búsqueda de personas. En el caso del dron, los modelos que están en explotación hoy no son útiles para las labores bajo los escombros.

Al igual que Wilmer, el subteniente Yaser Calvo Olmo cumplió su servicio militar en un comando de bomberos y decidió dedicarse a esa labor. “Esto es algo que cuando te ‘contagia’ es para toda la vida”, asevera.

Como miembro del Destacamento Nacional de Rescate y Salvamento realiza un entrenamiento riguroso y sistemático desde el punto de vista físico, técnico y psicológico. “Nos preparamos en la Escuela Nacional de Bomberos en cursos impartidos por especialistas cubanos, rusos y franceses. Algunos hemos recibido adiestramiento en Rusia y somos instructores del Centro Regional de Entrenamiento de Salvamento y Bomberos Cubano-Ruso (CRESB), ubicado en dicha escuela.

En Ecuador vivimos un entrenamiento psicológico bastante fuerte, reconoce el subteniente Yaser Calvo Olmo

En Ecuador vivimos un entrenamiento psicológico bastante fuerte, reconoce el subteniente Yaser Calvo Olmo

“Aunque conocemos cómo actuar en caso de un terremoto por la formación integral que recibimos, nunca habíamos trabajado en condiciones reales.  Lo que vivimos en Ecuador fue un entrenamiento psicológico bastante fuerte, pero mantuvimos todo el tiempo la confianza en nuestra preparación y el compromiso de cumplir la tarea”, afirma Yaser.

Para Fabián J. Rodríguez la calidad humana y profesional de los miembros de la brigada permitió superar cualquier dificultad. “Al frente de la misión estuvo el coronel Lázaro Herrera Hernández, quien permanecía muy atento al estado psicológico de los compañeros, a fin de que si alguno se sentía mal compartiera su preocupación con los demás para poder ayudarlo. En ocasiones hacíamos terapia grupal, conversábamos, soltábamos una jocosidad, para evitar que la gente se estresara mucho”.

Lecciones

Isnel Proenza, de 48 años de edad, considera que Ernesto Reyes, de 29, es como su hermano menor. En su quehacer diario en Cuba suelen trabajar juntos y, como todos en el destacamento, tienen muchas anécdotas sobre esas horas que han estado en el mar para salvar a alguien que corría peligro de ahogarse, o entre los escombros de un edificio en La Habana que amenazaba con acabar de desplomarse sobre sus cabezas, o luchando contra las llamas.

Sin embargo, para Ernesto hubo un día en que literalmente se las vio negras. Recuerda que hace algunos años en el municipio habanero de La Lisa dos muchachos se cayeron en un tanque metálico enorme que estaba enterrado y contenía asfaltil.

“Cuando llegamos al lugar uno de ellos tenía todo el cuerpo sumergido en aquel chapapote, excepto la cabeza; el otro estaba aguantado del borde del depósito y por eso no se hundió más. Entré en el tanque y logré liberar al primero hasta el torso. Mientras forcejeaba para acabar de sacarlo, adopté una posición más cómoda para trabajar y en el intento me quedé pegado también en la sustancia viscosa.

“El resto de los técnicos y los pobladores del lugar trabajaron duro hasta que nos rescataron a los tres. Quienes integramos el destacamento confiamos plenamente en el compañero que tenemos al lado cuando realizamos una tarea porque sabemos que es nuestro hermano. Aquel día Isnel y los demás me lo demostraron”, subraya Ernesto.

Recopilación de los datos necesarios para el trabajo.

Rescatistas cubanos recopilan información en el terreno antes de comenzar las labores de búsqueda.

“En esta profesión un error se paga caro, por eso velamos mucho unos por otros”, asegura el joven. Esa misma fraternidad, agrega, la sintió cuando laboraron con los bomberos de Portoviejo y los rescatistas de Guayaquil, “quienes nunca perdieron la ecuanimidad a pesar del momento tan dramático por el que estaban pasando.

“Creamos una gran familia también con los ocho profesionales de la salud cubanos que se quedaron con nosotros en la brigada. Ellos atendieron a numerosas personas heridas, con la presión alta, algunas que no podían mover un brazo o una pierna, las cuales se nos acercaban mientras recorríamos las zonas afectadas”, reconoce Ernesto.

En las primeras 48 horas que transcurrieron después del temblor, los rescatistas de la Isla compartieron el agua y la comida con niños, mujeres y ancianos que no disponían de alimentos en aquellos instantes iniciales, de gran confusión.

Vivir esa tragedia junto a los ecuatorianos fue una gran lección para todos, manifiesta Fabián J. Rodríguez. “Vimos lo que es el sufrimiento humano en extremo. Para quienes tenemos la responsabilidad de responder ante situaciones de emergencia, ya sea un incendio, un derrumbe, una explosión u otro fenómeno, esta misión nos reafirmó que estamos obligados a seguir preparándonos. No se puede dejar de activar un plan, pensando que no va a pasar nada, pues lamentablemente tales hechos sí suceden”.

Las enseñanzas en el orden profesional, la hermandad con los colegas de Ecuador y de otras naciones, así como el cariño y la gratitud de los habitantes de Portoviejo serán referencias ineludibles para los cubanos siempre que evoquen esta misión.

Gesto de amor entre dos pueblos expresado también por varios niños ecuatorianos en unas noticas que hicieron llegar a los rescatistas de la Isla con mensajes inolvidables: “eres mi héroe”; “gracias por ayudar a nuestro país”… Hermoso recuerdo que, junto al dolor compartido en aquella tierra, los cubanos trajeron a casa.

Para el primer suboficial Ernesto Reyes Peña ayudar y poder salvarle la vida a alguien es la motivación que lo acompaña en su faena diaria.

Para el primer suboficial Ernesto Reyes Peña ayudar y poder salvarle la vida a alguien es la motivación que lo acompaña en su faena diaria.

Horizonte amplio

El Destacamento Nacional de Rescate y Salvamento fue fundado hace 50 años. Cumple tareas en cualquier lugar de Cuba, aunque en cada provincia existen grupos preparados con igual fin. Entre sus misiones se enumeran los rescates acuáticos o subacuáticos y ante derrumbes de edificaciones. En este último caso, los técnicos acuden no solo para socorrer a los atrapados o lesionados, sino cuando es preciso trasladar a los moradores del inmueble y sus pertenencias hacia otra instalación.

También prestan sus servicios en accidentes tecnológicos, automovilísticos o de otro tipo, y participan en caso de ser necesario en la extinción de incendios, por la experiencia del personal y los medios de que disponen.

En coordinación con el Sistema Integrado de Urgencias Médicas, los rescatistas apoyan además el traslado a centros de salud -y el retorno al hogar- de quienes, por ejemplo, precisan realizarse sistemáticamente tratamiento de hemodiálisis y viven en edificaciones cuyas características o estado constructivo les  dificulta el desplazamiento.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera