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Publicado el 24 Agosto, 2016 por ACN en Nacionales
 
 

Bainoa: donde no chifla el mono, sino el burro…

Muchos son los sitios que en internet hacen alusión al asno, atribuyéndole características totalmente ajenas, como su afición a las bebidas alcohólicas e incluso al falsear su identidad y ubicarlo erróneamente en la provincia de Holguín
Se hicieron leyendas sobre el Burro de Bainoa.

El tiempo hizo lo suyo, la historia otorgó a la leyenda del burro su pátina de misterio mezclada con elementos reales y otros no tan verídicos. (Foto: caboleeuwin.wordpress.cu).

Por LIZ BEATRIZ MARTÍNEZ VIVERO/ACN

Enclavada en la llanura Habana-Matanzas, la localidad de Bainoa pertenece al municipio de Jaruco, que ha trascendido entre los 11 que componen la joven provincia de Mayabeque. Incluso quienes no lo han visitado saben de memoria que se han registrado allí las temperaturas más bajas de la historia meteorológica en Cuba.

Exactamente el 18 de febrero de 1996, los termómetros marcaron 0.6 grados Celsius y el poblado se posicionó en el primer lugar entre todos los que han experimentado tan sui géneris descensos.

Ese día, de acuerdo con el parte del periódico El Habanero, el entonces Jefe de la Estación Meteorológica observó que la hierba que rodeaba la estación estaba ceniza, y al acercarse a los termómetros dudó del valor que registraban y enseguida lo notificó al Instituto de Meteorología, días después se presentó allí con la evidencia del hecho, un cogollo de caña de azúcar quemado debido a la escarcha.

También plantas del lugar como el romerillo y otras hierbas típicas desaparecieron por un tiempo.

En Bainoa, incluso en el verano nosotros nos tapamos con frazadas. Ya es algo tan normal que nadie se asombra, explica Ana Margarita, vecina del lugar desde hace más de 50 años.

La explicación de los especialistas culpa al valle que le circunda. De acuerdo con el Doctor José Rubiera, jaruqueño por demás y Director del Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología, las elevaciones conforman una herradura geográfica y dejan al pueblo únicamente una abertura hacia el norte que es propicia para las brisas que corren desde el este y se suma la altura de Bainoa, de 98 metros sobre el nivel del mar.

Asimismo, cuando llueve su suelo ferralítico rojo, propio de Mayabeque, facilita el enfriamiento debido a que el escurrimiento y la evaporación son rápidos, la tierra queda muy seca, compactada y en su superficie sobresale abundante perdigón. Todos estos elementos hacen que en condiciones de cielo despejado y de viento en calma, el territorio pierda rápido su calor y se presente el frío que llamamos colaíto, porque es como si entrara en el valle un mensaje desde el Polo Norte.

Si bien el tema de las bajas temperaturas es un hecho probado, también en Bainoa de generación en generación se cuenta la leyenda del burro.

Muchos son los sitios que en internet hacen alusión al asno, atribuyéndole características totalmente ajenas, como su afición a las bebidas alcohólicas e incluso al falsear su identidad y ubicarlo erróneamente en la provincia de Holguín.

Otros autores ofrecen una historia más idílica llegando a plantear que deambulaba de casa en casa en la búsqueda de alimentos y agua, e incluso se ha llegado a afirmar, sin profundidad testimonial, que como el pollino santaclareño Perico, portó carteles durante huelgas y manifestaciones contra la tiranía de Fulgencio Batista.

El historiador de Jaruco ya fallecido, Osvaldo Correa, sí dejó pormenores en una detallada investigación sobre la existencia del animalito.

En 1900, la compañía inglesa de Ferrocarriles Unidos de La Habana construyó el apeadero de Bainoa en la vía que rodaba hacia el oriente del país y allí empezaron a detenerse todos los trenes en ida o vuelta, para descargar mercancías que carretones de tiro animal trasladaban a zonas circunvecinas.

Las investigaciones arrojaron que una familia de la zona, de apellido Alentado, adquirió un ejemplar equino de tamaño mayor a sus similares, utilizado después como animal de trabajo, en un área próxima al andén de la estación del ferrocarril, en un punto de enlace, entre la capital de la Isla y la provincia de  Matanzas.

Algunos pobladores, no obstante, afirman que el Burro de Bainoa fue el sobrenombre de un estibador que trabajaba en el andén de la estación cargando a la espalda toneles de manteca y los soportaba con la fuerza de un burro.

También se hace referencia a un señor muy adinerado de esos predios que encendía sus habanos con billetes de 10 o de 20 pesos, motivo por el cual le apodaron el Burro, en alusión a su falta de inteligencia o fanfarronería.

Se dice también que en este poblado existían unos burros confeccionados en madera para que los ciudadanos que se disponían a tomar el tren pudieran colocar las monturas de sus caballos hasta que regresaran del viaje.

El tiempo hizo lo suyo, la historia otorgó a la leyenda del burro su pátina de misterio mezclada con elementos reales y otros no tan verídicos pero cuando en las noches de invierno el frío carcome los huesos, entre los pobladores se escucha todavía que en lugar de chiflar el mono, allí chifla el burro.


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