0
Publicado el 17 Agosto, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Nacionales
 
 

CUBA-EEUU

Compensaciones mutuas

Cuba nacionalizó y no se negó a indemnizar, mientras Estados Unidos manipuló el tema y lo usó como pretexto para agredir al pueblo cubano
Una veintena de empresas tienen el 87 por ciento del monto reclamante. Foto: (Archivo de BOHEMIA)

Una veintena de empresas tienen el 87 por ciento del monto reclamante. Foto: (Archivo de BOHEMIA)

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

El presidente Barak Obama nos pidió darle borrón y cuenta nueva a la historia, como si fuera posible obviar el pasado a la hora de desenredar tantos conflictos entre ambas naciones. El tema de las compensaciones mutuas es un ejemplo de ello y, como explicó el viceministro del exterior cubano, Abelardo Moreno, tienen una elevada complejidad política, técnica y jurídica.

En las normas del derecho internacional se contempla la potestad de los estados de ejercer el principio de la nacionalización para reivindicar bienes tanto de personas naturales como de personas extranjeras, siempre y cuando no se realice por motivos discriminatorios y se adjudique la correspondiente indemnización.

El Gobierno revolucionario cubano nacionalizó las propiedades estadounidenses entre mayo y octubre de 1960 como parte de los principios establecidos en su legislación a partir de la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, que acabó con el latifundio, y otras medidas como la Ley 851 de 6 de julio de 1960, en la cual se establecieron también los mecanismos de indemnización.

Es reconocido por no pocas personalidades e instituciones norteamericanas que en este asunto Estados Unidos siempre actuó en el marco de la coerción, y desde el primer momento se negó a la aplicación de la fórmula compensadora propuesta por Cuba.

La soberbia hegemónica impidió a la administración Eisenhower aceptar la decisión cubana de igualdad soberana para indemnizar a los nacionalizados, no por la forma en que fue concebida, sino por el criterio de que sus nacionales no podían ser objeto de expropiaciones.

Por el contrario, asumió formas que convertirían después a esas reclamaciones en rehén de su política. Básicamente impuso a los afectados un modelo de solución que permitió al gobierno de EE.UU. asumir la negociación. El programa de reclamaciones que elaboró durante cerca de ocho años (1964-1972) las concentró en 5 911 casos de estadounidenses al momento de la nacionalización, aunque solamente una veintena de empresas tienen casi el 87 por ciento del monto reclamado.

En el año 2000, el grupo especial de trabajo para Cuba del Council Foreing Relations (CFR) abordó el tema y reconocía que muchos de los “reclamantes certificados” tenían la disposición de participar en negocios de empresas mixtas con la parte cubana, a sabiendas de que la mayoría de esas reclamaciones ya fueron “descontadas” de los balances financieros y prácticamente compensados por la vía de las reducciones de impuestos y el cobro de seguros.

También, varios importantes centros académicos “tanques pensantes” y revistas estadounidenses abordaron en la década de los 80 diversos enfoques sobre Cuba y en no pocos de ellos pueden encontrarse razonamientos sobre la “demanda sin resolver”, sobre la cual consideraban que no era obstáculo para el levantamiento del bloqueo, porque desde hace mucho rato y de manera reiterada, el Gobierno cubano ha expresado interés en discutir y resolver las compensaciones con ese país, como lo hizo con Canadá, Suiza, Francia y España.

Para el gobierno de Estados Unidos ese pretexto, usado de manera premeditada, justifica la brutal política de agresiones contra la Isla, no solo del criminal bloqueo económico, comercial y financiero, sino las agresiones armadas, la guerra biológica, la subversión, el terrorismo de Estado, y otras formas de desestabilización que provocaron la muerte de 3 478 personas, discapacidad a otras 2 099, así como cuantiosos daños materiales.

Por eso, las demandas del pueblo cubano contra el gobierno de Estados Unidos por Daños Humanos –de mayo de 1999–, así como la causa por Daños Económicos –en enero de 2000–, adoptadas en sentencias de procesos judiciales de amplia difusión en los medios de prensa, no son negociables, porque fueron presentadas ante tribunales cubanos y constituyen decisiones judiciales que deben ser cumplidas, como apuntó Abelardo Moreno.

Reiterar estas verdades no huelga, porque la cuestión de las compensaciones casi siempre aparece como una deuda pendiente a pagar por Cuba y no se refleja que es mutuo, también de allá para acá.

 


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina