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Publicado el 10 Agosto, 2016 por Caridad Carro Bello en Nacionales
 
 

Con las botas puestas en la tierra

Por CARIDAD CARROBELLO    

Fidel ayuda a la evacuación y socorro de la población desde los inicios del ciclón Flora. A partir de este momento se acomete la politíca de voluntad hidraúlica, decisiva para el desarrollo del país.

Fidel ayuda a la evacuación y socorro de la población desde los inicios del ciclón Flora. A partir de este momento se acomete la politíca de voluntad hidraúlica, decisiva para el desarrollo agrícola del país.

El 5 de mayo de 2013 se hizo pública una carta de felicitación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, por el rol desempeñado en los éxitos de Cuba en la lucha contra el hambre y la desnutrición.

La misiva de José Graziano da Silva, director general del organismo, refería la intervención de Fidel en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996), donde dijera: “Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma”.

Aquella ocasión en que el líder cubano dirigió una mirada hacia el futuro de los seres humanos, no era un hecho aislado. Durante más de 50 años ha estado dedicado a perfilar sus conceptos sobre el desarrollo económico y científico de la agricultura, y a ponerlos en práctica como políticas que incluso han abarcado lo social y lo cultural.

UN POCO DE HISTORIA

Desde la etapa del colonialismo español, Cuba fue suministradora de productos como azúcar, café, tabaco, maderas y cueros. En lo fundamental se vendían como materias primas baratas. Esta economía, básicamente monoproductora y monoexportadora, se acentuó durante los gobiernos neocoloniales, que ayudaron a la penetración yanqui en la agricultura de la Isla.

Bajo el dominio extranjero y de la burguesía nacional, fueron estableciéndose extensos latifundios, muchos de los cuales se mantenían improductivos. A la vez, los trabajadores del campo vivían en la más aguda miseria y eran desalojados de sus asentamientos.

En La historia me absolverá, alegato de defensa tras el asalto al Moncada, el Comandante en Jefe Fidel Castro argumentó la necesidad de la Reforma Agraria, con el fin de entregar la tierra a quienes la trabajaban sin poseerla, así como para erradicar el analfabetismo, las enfermedades y la pobreza en los campos.

Ya en la Sierra Maestra, el 10 de octubre de 1958, Fidel promulgó la Ley No. 3 del Ejército Rebelde sobre el Derecho de los Campesinos a la Tierra, conocida como Ley Agraria del Ejército Rebelde, que concedía la propiedad a quienes cultivaban terrenos del Estado, y a los aparceros, arrendatarios, precaristas y colonos que producían en áreas privadas de hasta cinco caballerías.

Poco después Fidel rubricó la Ley de Reforma Agraria, en La Plata, Sierra Maestra, el 17 de mayo de 1959. El documento establecía un máximo de posesión de la tierra de 30 caballerías (402 hectáreas); este límite aún era relativamente amplio.

Se creó el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) para aplicar las medidas revolucionarias, especialmente la Ley de Reforma Agraria. El propio Fidel fue nombrado Presidente del INRA, desde su creación, y se mantuvo como tal durante una larga etapa. Entonces trazó personalmente la estrategia de desarrollo integral mediante la diversificación agrícola y ganadera, la especialización, y la concentración estatal de la producción.

En 1961, surgió la Administración General de Granjas del Pueblo, concebidas como haciendas de propiedad del Estado, al confiscarse las tierras de los latifundios. Se iniciaron así mismo las cooperativas arroceras y cañeras en los latifundios expropiados.

SUEÑOS HECHOS REALIDAD

Otras acciones socioeconómicas hicieron realidad las promesas Fidel en el Programa del Moncada: la creación del Departamento de Créditos del INRA, que posteriormente pasó a ser regido y administrado por el Banco Nacional de Cuba; así como la fundación del Departamento de Asociaciones y Cooperativas de Consumo y Producciones Agrícolas, Comerciales e Industriales (adscrito también al INRA), para establecer las primeras Tiendas del Pueblo donde irían a comprar los campesinos.

La Ley de Reforma Agraria contemplaba la creación de Cooperativas de Consumo, para terminar con la explotación en los precios de víveres, ropa y otros productos de primera necesidad en el campo y recibir créditos para la producción. Por otra parte, para mejorar las condiciones de vida campestres fueron edificados viviendas, centros escolares y hospitales.

En 1960 comenzó el Servicio Médico Social Rural, y al año siguiente, el programa de Educación Obrero-Campesina (EOC) para que los adultos prosiguieran sus estudios hasta el sexto grado de escolaridad.

El plan de educación Ana Betancourt para 50 mil campesinas, escuelas de inseminación y de mecánicos de máquinas agrícolas, y mil becas en la URSS para que los jóvenes campesinos estudiaran temas relacionados con la agricultura, posibilitaron elevar los conocimientos de quienes antes fueron discriminados.

En 1963 se promulgó la Segunda Ley de Reforma Agraria, que liquidó casi totalmente el régimen de explotación de la burguesía agraria. Al dejar la propiedad solo hasta 67 hectáreas. Así el fondo de tierras propiedad de todo el pueblo se elevó al 70 por ciento de la superficie agrícola del país. El resto de la tierra quedó en manos de pequeños y medianos agricultores.

MIRADA AL FUTURO

Desde temprano Fidel supo que para hacer avanzar la Revolución había que contar con los campesinos. En 1961, la antigua Asociación de Colonos pasó a ser la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Tras la segunda ley de reforma de la tenencia de la tierra, comenzó el proceso de estructuración de las agrupaciones y empresas agropecuarias.

Fidel, como Presidente del INRA, y con la colaboración de Antonio Núñez Jiménez, Carlos Rafael Rodríguez, el Che y demás dirigentes y funcionarios del organismo, dirigió y aplicó los Programas de Desarrollo técnico y social. Entre estos se destacan los de la producción de arroz, tabaco, cítricos, viandas, ganadería vacuna, porcina y avícola, así como la mecanización agropecuaria, aviación agrícola, riego, servicio veterinario, forestal, viales, embalses, electrificación, viviendas y comunidades, capacitación, formación de cuadros, entre otros.

Cabe destacar la creación de institutos de investigación agropecuaria y otros centros científicos y de desarrollo, como la Empresa Cubana de Productos Veterinarios (Cubavet), el Grupo Empresarial Labiofam, y el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa).

Durante el quinquenio 1966-1970 se ejecutó un plan de desarrollo de la industria azucarera, para elevar la capacidad instalada, sustituir los equipos fabriles obsoletos, introducir adelantos técnicos en la siembra, mecanización, cultivo y cosecha de la caña.

En esta etapa fue importante el aprovechamiento de los subproductos y derivados agroazucareros para la alimentación animal, como la miel final (melaza); levadura torula; miel proteica; bagacillo y urea para alimento de cerdos, y la caña triturada para el ganado. La Ley 1323 de 30 de noviembre de 1976 extinguió oficialmente el INRA, y se institucionalizó en su lugar el Ministerio de la Agricultura. A partir de 1988 se desarrolló el Programa Alimentario con vistas a garantizar la producción de huevos, carne de ave y porcina, leche, viandas y hortalizas, plátano de altos rendimientos, arroz y frijol.

Muy notoria fue la introducción de la biotecnología para la reproducción acelerada de posturas de distintos cultivos. Y para contrarrestar los efectos de plagas y enfermedades se decidió ampliar la capacidad de los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE).

El período especial fue una dura etapa que frenó muchas de las estrategias trazadas por la Revolución y su principal impulsor, Fidel.

A partir de 1989, el brusco descenso de las importaciones y la carencia de los recursos energéticos llevaron a nuevas acciones que garantizaran la alimentación del pueblo, como la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) a partir de las tierras de algunas empresas agrícolas, el surgimiento de la agricultura urbana y suburbana, la entrega en usufructo de pequeñas parcelas para el autoabastecimiento, el uso de la tracción animal y el empleo de fuentes renovables de energía (biogás, molinos de viento), entre otras. Más adelante se autorizó entregar las áreas estatales ociosas, en concepto de usufructo, a personas naturales o jurídicas.

El máximo líder de la Revolución, aún después de hacer dejación de sus responsabilidades como presidente del país, en 2008, no ha cesado en insistir en la conveniencia de impulsar la producción de alimentos saludables para el pueblo, y en salvar a la humanidad del flagelo del hambre y la desnutrición.


Caridad Carro Bello

 
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