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Publicado el 6 Agosto, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Nacionales
 
 

Deseamos 100 años más

A veces no nos damos cuenta del privilegio de haber vivido en esta época epopéyica, que dentro de 30, 50, 100 años seguro será enaltecida como en los cantares de gesta homéricos por la descomunal resistencia de un pueblo, pero también por la conducción excepcional de un jefe que siempre supo convertir los reveses en victorias
Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana

La inmensa mayoría de las familias cubanas lo admiran por su trayectoria rebelde, su consagración y su sabiduría.

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Son contadísimos los casos en la historia en que pueda apreciarse el fenómeno de que la figura de un político accione en vida como un imán sobre varias generaciones, trascendiendo la vida de Estado para convertirse en parte esencial de la inmensa mayoría de las familias cubanas, que lo admiran por su trayectoria rebelde, su consagración y su sabiduría, esa que nos enorgullece cuando lo oímos proyectarse con tanta “luz larga”.

A veces no nos damos cuenta del inmenso privilegio que hemos tenido de haber vivido en esta época epopéyica, que dentro de 30, 50, 100 años seguro será enaltecida como en los cantares de gesta homéricos por la descomunal resistencia de un pueblo, pero también por la conducción excepcional de un jefe que siempre supo convertir los reveses en victorias.

No necesitaba nada en este mundo. Procedía de una próspera familia terrateniente. Era un abogado brillante y un joven político excepcional. Los propios curas del colegio de Belén calaron hondo sus cualidades brillantes y llegaron a vaticinar que aquel joven llegaría a ser una de las figuras más descollantes de la República: “madera tiene, sólo falta el artista que lo talle”, escribieron en un pie de foto.  (Siempre he pensado que aquel artista es el pueblo que lo acompaña en esta lucha titánica por la independencia nacional).

Los norteamericanos calaron hondo también en la trascendencia que podía tener este hombre. Richard Nixon, entonces vicepresidente del Gobierno de Estados Unidos en 1959, lo consideró como “muy peligroso” y recomendó adoptar medidas, tantas que durante estos 50 años la CIA y la mafia anticubana le han organizado más de 700 atentados.

Algún día las nuevas generaciones disfrutarán de las incontables anécdotas que distinguen a este hombre.

  • Del adolescente expulsado del colegio La Salle en Santiago de Cuba cuando en rebeldía contra el abuso físico y espiritual de los curas, le fue encima al sacerdote que más disfrutaba con golpear a los muchachos y se enredó con aquel abusador a piñazos y mordidas.
  • Del joven que en la universidad desafió en la década del 40 a los jefes gansteriles que copaban el recinto universitario, quienes trataron de matarlo en varias oportunidades, aunque le temían, sobre todo después de aquel día en que aceptó el reto a duelo y concurrió viril al estadio universitario, pistola en cintura, para “batirse a tiros” contra aquellos mafiosos que al final no se presentaron.

Alfredo Guevara ha contado la anécdota de que este joven rebelde fue como la entrada de un huracán a la universidad.  Alfredo era uno de los líderes estudiantiles universitarios en aquella época y cuenta que un amigo de la Facultad de Derecho hablaba con mucha admiración de un joven extraordinario que deslumbraba allí.  Dice que un día acudió intrigado por conocerlo y salió tan impactado, que reunió inmediatamente a sus compañeros y les dijo: “He conocido a un tipo en la Facultad de Derecho que puede ser el peor de los gánsteres u otro José Martí”.

Algún día se contarán muchas anécdotas:

  • Del abogado brillante que solo defendió a los pobres.
  • Del organizador y jefe del asalto al Moncada, que se retiró solamente cuando se cercioró de que era el último en hacerlo y todavía cuando se marchaba en el auto y vio rezagado a un compañero le cedió su lugar a expensas de ser capturado de inmediato por la furiosa soldadesca.
  • Del joven que llega al juicio en medio de una carga dramática, de odios y rencillas por parte de muchos soldados, y lo hace, además, muy sereno, muy fuerte moralmente, con ese optimismo de victoria que lo caracteriza y le dice al amigo Baudilio Castellanos, el abogado de los moncadistas:  “Lo peor ha pasado, Bilito”.
  • Del hombre que marcha a México y afirma públicamente, como para que no queden dudas, que proseguirá la lucha y que en 1956 serán libres o mártires. Hubo compañeros que fueron a disuadirlo, porque sus organizaciones consideraban la empresa una gran locura y tras hablar con él fueron ellos los que salieron disuadidos de que no había más alternativa que lo que él proponía hacer.
  • Es preso por una delación y le confiscan las armas; a casi todos los liberan, menos al Che, quien le dice que no se preocupe, que siga en sus planes, pero él tiene marcado para siempre sus compromisos a la lealtad inquebrantable: “no te dejo”, es su firme respuesta. En el hombre que ya contra reloj para cumplir ese sagrado compromiso de liberar a la patria no le queda más remedio que buscar el financiamiento imprescindible para organizar la expedición y para ello hasta cruza a nado como un emigrante ilegal el pavoroso río Bravo que deslinda la frontera entre México y Estados Unidos.
  • Del hombre que en Cinco Palmas, después de desembarcar en el Granma y del desastre de Alegría de Pío, solo queda con dos compañeros más y allí en la serranía, al encontrarse con Raúl y otros cuatro expedicionarios, aunque creyeran que se volvió loco, exclama con absoluta fe en la victoria: “¡Ahora si ganamos la guerra!”
  • Del que con genialidad de estratega y táctico derrota con 300 hombres medianamente armados a diez mil soldados pertrechados con armamento de todo tipo durante la ofensiva batistiana.
  • Del jefe indiscutible que saca a los cubanos del marasmo y del pesimismo, aglutina a la nación y libra victoriosamente todas las batallas habidas y por haber, estando siempre en primera línea. Si Girón, si la Crisis de Octubre, estará en la dirección principal y en el primer escalón; si el ciclón Flora que devasta y cobra la vida de más de mil cubanos, allí estará en el desafío, exigiendo, pidiendo a los comandantes que vanamente le dicen no hay anfibios en Oriente, porque no quieren que arriesgue su vida, pero es tanta la vehemencia del compromiso que al final aparecen los carros flotantes y no importan los peligros. Es el mismo jefe que desafía una y otra vez la furia de los huracanes y comparte con su pueblo el dolor y renueva la fe y la esperanza de la reconstrucción.
  • Del jefe excepcional que desde el MINFAR dirige paso a paso la batalla decisiva de Angola donde se derrota a los sudafricanos, se libera a Namibia y se destroza al Apartheid. Lo hizo con tanto conocimiento y precisión y tal grado de detalles que el entonces jefe de la inteligencia soviética le comenta que ha criticado a sus subordinados porque nunca le informaron de su estancia en Angola.
  • Del jefe humanista y leal hasta los tuétanos, que nunca ha dejado abandonado a su suerte a ningún patriota cubano; ni cuando un expedicionario cae al mar y para salvarlo hay que poner en peligro el propio desembarco del Granma; ni al joven combatiente que estuvo diez años en las mazmorras somalíes y nunca dejó de sentir su aliento; ni a aquellos constructores de Granada, que después de la agresión yanqui fueron llevados a distintos lugares e hizo cuanto fue necesario hasta lograr que cada uno regresara a la patria. De ello pueden hablar mucho también los pescadores que afrontaron los secuestros terroristas, los médicos, los constructores, los deportistas durante sus misiones en el exterior, hasta llegar a la suerte del niño Elián y los cinco patriotas prisioneros del imperio, sobre lo cual vaticinó: ¡Volverán!
  • Del jefe que procura bienestar para su pueblo, que enfrenta la guerra biológica, como cuando el dengue y no paró de hacer hasta que el país dispusiera de sus escudos médicos en hospitales, salas de terapia, vacunas, medicamentos; del estadista que impulsa el desarrollo científico y entrega su pasión al fomento del deporte; del líder que busca soluciones para no dejar a nadie a su suerte y que lo ve todo y lo atiende todo con un asombroso nivel de detalles.
  • Del jefe previsor que desde 1979 elaboró, junto con Raúl, la teoría del período especial y la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo, gracias a lo cual pudimos soportar el terrible impacto del desmerengamiento de la Unión Soviética, desatar la capacidad de resistencia y prepararnos no solo para sobrevivir, incluso frente a una agresión militar, sino para salir adelante en medio de la descomunal guerra económica del imperio.
  • En fin, algún día se contarán las historias de este hombre, que está en nosotros todos los días, del cual estaremos pensando con mucho cariño este próximo 13 de agosto cuando cumple 90 años, deseando que viviera 100 años más.

Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina