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Publicado el 13 Agosto, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

El arte de hacer lo imposible

Por ARIEL TERRERO

Washington no miró con buenos ojos la ruptura temprana de cánones políticos y económicos en su traspatio, como la firma de la Primera Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959.

Washington no miró con buenos ojos la ruptura temprana de cánones políticos y económicos en su traspatio, como la firma de la Primera Ley de Reforma Agraria, en mayo de 1959.

En cuanto recupera el poder político en países latinoamericanos, la derecha vuelve a la doctrina económica neoliberal que fracasó a inicios de siglo. No se le ocurre otra manera de resolver la crisis del capitalismo, que se agudizó en el mundo después de convulsionar Wall Street en el 2008. El mimetismo de figuras como Macri o Temer agrada al FMI y a Estados Unidos. Los elogian públicamente. La creatividad sería un don peligroso. Cuba lo sabe.

La Revolución ha estado innovando desde que triunfó en 1959. Apenas cuatro meses y medio después, el Comandante en Jefe Fidel Castro firmó la Primera Ley de Reforma Agraria. Washington no miró con buenos ojos la ruptura temprana de cánones políticos y económicos en el traspatio. Ni creo que le alegre ahora, aunque el presidente Obama proponga modificar el castigo público que su país le aplica a esta revoltosa nación del Caribe desde hace más de medio siglo. Solo piensa mejor sus tácticas.

Cuba sigue empeñada, entretanto, en hallar una solución propia, auténtica incluso, para un dilema que el mundo capitalista no ha resuelto: construir un modelo de sociedad que desarrolle simultáneamente productividad, producción e igualdad social.

El capitalismo, hundido en una crisis sistémica que agrava el subconsumo de grandes masas humanas y el deterioro del planeta, mientras se reduce el número de familias que concentra la riqueza global, no es la alternativa. Aunque el socialismo también se ha anotado fracasos notorios en la historia, la Revolución Cubana lo prefiere: es un sistema que mantiene en el centro al ser humano; no al dinero o al mercado.

La fidelidad honesta e inteligente al modelo económico socialista implica la rectificación de lo mal hecho, de los errores, como reitera Raúl desde el 2010. Cuba lo intenta; cambia su economía; transforma reglas y maneras de proceder; busca soluciones nuevas. Innova. Es lo que ha hecho el socialismo liderado por Fidel.

Durante más de medio siglo, el país ha probado sucesivas políticas de desarrollo y de organización económica, fiscal, comercial y empresarial, exitosas unas por plazos, otras de cimientos menos firmes y de pobres beneficios. Cuba se ha transformado radicalmente: dejó atrás miserias casi olvidadas hoy, mudó el rostro económico y social que le identifica mundialmente, cayó en aprietos y crisis de orígenes diversos: por huracanes y sequías, agresiones y el bloqueo de Estados Unidos, el descalabro de la Unión Soviética e incapacidades propias, entre otras causas.

El socialismo cubano ha entrado en una etapa nueva, formalmente desde que en 2011 aprobó los Lineamientos de la Política Económica y Social, renovados en el VII Congreso del Partido Comunista de abril de este año y ampliados con dos documentos más ambiciosos: el proyecto de Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano y un Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, sujetos ambos a debate popular en estos momentos.

No pocas de las medidas que adopta y profundiza actualmente, el país las había ensayado antes o había sembrado oportunamente las bases para muchas. Ahora las retoma, en mi opinión, en un contexto más maduro y bajo un concepto de integralidad que debe garantizarle mejor sostenibilidad al programa de cambios y al desarrollo.

El Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, capitaneado por Fidel en la segunda mitad de los años 80, esbozó algunas de las necesidades, urgencias y medidas; por ejemplo, las referidas a la organización de las empresas, y sus plantillas y políticas salariales. Pero se vio abortado por la crisis del período especial, que sobrevino en los 90 al desaparecer la principal alianza política y comercial de Cuba en el mundo: la URSS y el bloque socialista del este europeo.

Cuando las apuestas en el exterior giraban en torno a la cantidad de meses que duraría la Revolución sin el apoyo soviético, el Gobierno cubano adoptó un grupo de medidas con el objetivo explícito de resistir. Aunque las emprendió entonces con cautela, la mayoría se quedó hasta ocupar un lugar en el modelo económico que Cuba rediseña y reconstruye en el presente.

Los primeros pasos para reducir la participación estatal en la gestión económica, que era absorbente en el modelo de matriz soviética anterior, los dio el país entonces: la apertura a la inversión extranjera, la conversión de empresas agropecuarias en unidades básicas de producción cooperativa (UBPC), la creación de mercados agropecuarios y la expansión del trabajo por cuenta propia. Comenzaron a funcionar restaurantes y otras estructuras que serían la semilla para crear, casi veinte años después, cooperativas no agropecuarias y empresas privadas de mediana, pequeña y microescalas, asumidas como tales por el VII Congreso del PCC y el Proyecto de Conceptualización del Modelo.

La diversificación admitida en las formas de propiedad no contradice un principio de política económica defendido por la Revolución y su líder histórico desde fecha temprana. Los documentos rectores más recientes ratifican “la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” y la definen como “forma principal de la economía nacional y del sistema socioeconómico”.

Pese a constituir esa definición y su materialización el nudo gordiano de los modelos de socialismo en la historia, Cuba insiste en edificar una forma de propiedad que sirva de base al poder de los trabajadores, como vía para la justicia y la equidad social.

fidel-tierraTambién como respuesta a la recesión del período especial tomó vuelo el turismo, que transformó totalmente el perfil de una economía que había sido mono exportadora de azúcar casi desde sus orígenes. Fidel alentó negociaciones para inversiones extranjeras que sostendrían ese giro y la expansión de otras actividades, como la exploración y producción de petróleo.

Uno de los programas de desarrollo de largo plazo del presente apunta a transformar la matriz energética, para emplear más las fuentes renovables de energía. El modelo económico aspira a los principios de sostenibilidad medioambiental que defiende insistentemente el líder histórico cubano desde hace décadas.

Pero si un sector empieza a cambiar radicalmente el rostro de la economía y tiene como ningún otro el sello de Fidel y de su visión de genio es la biotecnología y la industria médico-farmacéutica. Personalmente animó las investigaciones en ese campo en los años 80, casi a la par del boom de esa ciencia en el mundo. Cuba había amasado previamente las condiciones y no perdió la oportunidad.

El Comandante en Jefe lo anticipó en enero de 1960, cuando todavía el analfabetismo era masivo. “El futuro de nuestra patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencias, de hombres de pensamiento” dijo cuando la alfabetización del país parecía lejana. El reto grande ahora es reordenar la economía para aprovechar el capital humano, el numeroso personal de ciencias y tecnologías, creado por la Revolución e insertarse en la sociedad del conocimiento de este siglo XXI.

El primer soñador es Fidel. Y lo sabe. Cinco años atrás, en un contexto partidista similar, llamó a la nueva generación a “seguir demostrando que el socialismo es también el arte de realizar lo imposible: construir y llevar a cabo la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, y defenderla durante medio siglo de la más poderosa potencia que jamás existió”. Y eso implica, como pidió también, “rectificar y cambiar sin vacilación todo lo que debe ser rectificado y cambiado”.


Redacción Digital

 
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