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Publicado el 11 Agosto, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

El pensador de las reflexiones

reflexiones-fidelPor Orlando Abel Martínez Fernández

Luego de una etapa de convalecencia y recuperación, no exenta de riesgos, en marzo del 2007 el Comandante Fidel Castro emprendía  una  nueva  misión  dentro  de su carrera revolucionaria, disponiéndose, según escribió, a hacer lo que debía y podía: “reflexionar y escribir sobre cuestiones de cierta importancia y trascendencia”, apoyado en “mucho material pendiente”.

Le caracterizó la síntesis y la brevedad (“no robar espacio a la prensa escrita ni a los noticieros de la televisión”). Establecía una premisa de radicalidad ética y sentido práctico de la política, cuando afirmaba que no podría “decir y criticar lo que no conozco”, pues harían insostenibles las “relaciones humanas e internacionales”, pero se mantendría “fiel a la divisa de no escribir nunca una mentira”.

La decisión de comenzar sus “Reflexiones”, respondía a la necesidad de hacer lo que le era posible hacer, al impulso incontenible,  regido  por la urgencia práctica; experimentado durante toda su vida, en particular en situaciones extremas de estudiar, investigar, conocer y    enseñar.

Las “Reflexiones” dan continuidad,  desde otra trinchera, a su misión de político revolucionario con el propósito de movilizar a la opinión pública nacional e internacional, y llevarlos a pensar la realidad de forma coherente y unitaria, lo que las convierte en un “original hecho filosófico”.

ATENCIÓN A PROBLEMAS GLOBALES

El 28 de marzo del 200t el diario Granma publicaba  su   primera   reflexión:   “Condenados a muerte prematura más de 3 000 millones de personas”. Se refería al tremendo impacto que tendrá en todo el mundo la reutilización de los  alimentos,  tradicionalmente  destinados  al   consumo humano, para la producción de biocombustibles.

Sus reflexiones llaman la atención sobre problemáticas globales que afectan ya en el presen-  te o incidirán, de cualquier forma, en los lugares más diversos del planeta, impactando en la vida y los destinos de todos sus habitantes, con independencia de culturas, religiones, ideologías o posiciones  políticas.

Frente a esos desafíos comunes las  respuestas solo podrán ser viables sobre la base de la concertación y la construcción de escenarios de responsabilidad compartida, consenso y cooperación.

Si hay urgencia en su llamado a la acción colectiva es porque su prédica está imbuida de la razón y el sentido de identidad universal que, como valores esenciales, fueron legados a la nacionalidad cubana.

Si ve más, como se ha dicho también de Martí, es porque, como aquel piensa y siente más, con entraña de humanidad. Desde esa posición, todo nacionalismo estrecho, mirada reduccionista o mentalidad de aldeano vanidoso representa un crimen y  una estupidez.

La preocupación por el futuro de los cerca de dos mil millones de personas que dentro de unos años habitarán en regiones donde  el  agua será un lejano recuerdo, cuya escasez podría provocar tensiones y guerras por el  preciado  líquido, no se percibe como un dato referencial que otorga rigor científico al análisis, ni compasión autocomplaciente, sino como una convocatoria a transformar y revertir esa  realidad.

Aun así, el pensador que piensa estos hechos y reflexiona no se deja llevar por la pasión que, se sabe, anida en el pecho del revolucionario, en el hombre de acción; elude los adjetivos, examina, indaga, compara y valora; sintetiza y expone los datos para que el lector extraiga sus   conclusiones.

Bajo el influjo de una impronta holística, como diría la academia, relaciona los escenarios más diversos; desde la producción de biocombustibles al desarrollo sostenible, la muerte de las abejas con el cambio climático, o la escasez de recursos acuíferos y combustibles con las guerras, el holocausto nuclear y el fin de la especie humana.

MOVILIZADOR DE CONCIENCIAS

Colocado en el centro, sin concesiones ni parapetos, de una batalla de ideas; en el vórtice de un debate que se intensifica; dominado mayoritariamente por académicos, el líder revolucionario representa la voz menos frecuente del político, al menos del político “orgánico” del sistema, que se mantiene ajeno a los programas que no contemplen las vías para conquistar o conservar el poder.

Para el hombre que delega sus cargos por imperativos de la vida, pero que se mantiene cumpliendo con funciones políticas de movilizador de conciencias, el combate de ideas y argumentos en torno a todo lo que repercute en la vida y el futuro de la humanidad constituye su espacio natural y su escenario de lucha, arraigado en el principio martiano de que “una idea justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

El espacio y el tiempo se vuelven aliados y contrincantes; con ellos libra las nuevas batallas; encuentra los momentos donde piensa, medita y desecha cuartillas; allí su pluma se tensa para conseguir la frase idónea, la palabra exacta que no  traicione  la  idea,  largamente  pesada  y    medida, para luego, cuando el mensaje llegue y se  propague, se produzca el milagro de la comunicación.

No obstante el alto componente científico  de sus análisis, se declara sin  pretensiones  de  ser un académico o un economista; sino un “político que desea desentrañar los argumentos de los economistas y los científicos en un sentido u otro”; incluso tratando de “intuir las motivaciones” de esos pronunciamientos.

Esa  conjunción  de  rigurosidad  analítica y honestidad política explica el interés y la coherencia en la búsqueda de las causas últimas de los  procesos sociales con el auxilio de la ciencia,  como instrumento imprescindible, pero esencialmente eso, un método de aproximación al conocimiento; una plataforma para la movilización política y la transformación de la realidad, como fin último. Gomo resultado nos encontramos con una innata curiosidad intelectual y una insaciable ansia de conocimiento en función de su  proyección humanista.

Los fundamentos del materialismo histórico constituyen el referente teórico auxiliar para explicar los fenómenos y procesos sociales; con ellos interpreta y traduce al lenguaje común las verdades de la ciencia, socializando el conocimiento como premisa para la emancipación efectiva del hombre, fiel a la idea martiana de conquistar la libertad mediante la  cultura.

La asunción de la historicidad  del  ser  humano le posibilita comprender conductas y actitudes tras hechos que se verifican en el acontecer contemporáneo, sus tendencias y escenarios de desarrollo, incluso despersonalizando decisiones que obedecen a condicionamientos concretos, en tanto sintetizan la complejidad de lo diverso.

El repaso del largo ciclo de embestidas cometidas contra Cuba servía para recordar la naturaleza ignominiosa del vecino del norte, que sumaba ahora un nuevo gesto de desprecio, como si no bastara, increpaba indignado el líder cubano, toda la historia precedente.

La injusta prisión de los cinco héroes cubanos sancionados de forma fraudulenta por suministrar información sobre las actividades terroristas organizadas desde ese país contra Cuba será un proceso al que Fidel prestará su atención de manera especial en esta nueva etapa de su vida, con el convencimiento de que la condena al terrorismo y el reclamo de justicia para los hombres castigados por combatir ese flagelo son partes de una  misma batalla.

Ya había anunciado que volverían, vaticinio  que pudo haber sido recibido con escepticismo por algunos, dado lo complejo del escenario, pero la historia lo sustentaba; la experiencia histórica enseñaba que la razón encarnada en el reclamo de un pueblo por uno de los suyos, multiplicado en la opinión pública internacional, podía lograr lo imposible, ya había ocurrido una vez y podía volver a pasar.

TESTIGO DE PRIMERA LÍNEA

Muchos de los temas de reflexión son  trata-  dos con el espectro referencial privilegiado que   le confiere el haber sido testigo de primera línea o protagonista de algunos de los acontecimientos cruciales en la historia del mundo desde la segunda mitad del siglo pasado; incluso el de haber participado en su génesis.

Ante la pretensión de naturalizar la injusticia, el despojo y el simulacro como remedo de la vida humana, Fidel Castro reafirma su convicción personal de que “toda idea siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin concesión alguna”. Sobre estos y otros temas algunas de sus reflexiones reproducen o sintetizan opiniones de expertos y personalidades destacadas del escenario internacional; en ocasiones en respaldo de sus tesis, en otras, como punto de   confrontación para el análisis.

Está consciente de que gran parte de la información que se divulga hoy es distorsionada por los grandes medios de difusión del sistema de dominación, que se articulan en extensas redes, desde los emporios del capitalismo central, hasta sus aliados oligarcas de la periferia, para manipular las noticias y construir matrices de  opinión.

Expone a la opinión pública la viabilidad de un modelo alternativo de desarrollo socioeconómico, encarnado en el programa de formación de médicos de Cuba y la colaboración que presta ese país en muchas regiones del mundo.

Fruto de una tradicional postura ética, consecuente con su  historia de  vida y  el  legado  de la nación sentencia: “no se  puede  estar  jamás  de acuerdo con cualquier tipo de guerra, con hechos que sacrifiquen a civiles inocentes”.  De ahí su enjuiciamiento de la carrera armamentista impulsada por los Estados Unidos, cuya necesidad se apuran en justificar, construyendo nuevos escenarios de guerra y creando nuevos enemigos.

Señala su convicción de que el país continuará desarrollándose económicamente y perfeccionando la capacidad combativa del pueblo, y apela a la autoestima y la dignidad del pueblo para elevar su nivel de vida, al ahorro y la sostenibilidad económica, consecuente con la máxima de crear riquezas con la conciencia y no al  revés.

“¿Para qué sirve la vida sin ideas?”; más que preguntar, espetaba a la opinión pública en el texto donde respondía al mensaje que le enviara la Unión de Jóvenes Comunistas en junio de 2007; interrogante que le sirve de base para adentrarse en una intelección de corte filosófico y política, precedida de otras tantas hipótesis: “¿Acaso nacen las ideas con un hombre? ¿Acaso mueren con éste?”. Y se responde: “Surgieron a lo largo de la vida de la especie humana y durarán lo que dure nuestra  especie”.

La humanidad se encuentra en una encrucijada signada por la conjunción de subdesarrollo político y auge tecnológico; nexo que marca las tendencias y condiciona los escenarios actuales del capitalismo global, cuya irracionalidad manifiesta queda en evidencia ante su crisis sistémica, que responde en gran medida al desbalance de la ecuación que privilegia la variable tecnológica en detrimento de la política; o lo que es igual: la incapacidad institucional para encontrar soluciones políticas a los crecientes desafíos sociales, económicos, ecológicos de la humanidad con el auxilio de los avances tecnológicos; más aún, el hecho de que las creaciones tecnológicas sean destinadas, con intensión política, al control social y la preservación de los privilegios de una élite presentista que sacrifica la sostenibilidad económica, ecológica,  social,  del planeta.

La respuesta revolucionaria para Fidel está en revertir los usos de la ciencia y la técnica en beneficio de todos y no de una minoría; sustentada en la socialización del conocimiento (educación universal y gratuita, acceso a las producciones culturales), y la democratización de la toma de  decisiones; lo que implicaría, por supuesto, el empoderamiento de las mayorías. Otra cosa sería creer en los presupuestos elitistas de la incapacidad del “rebaño desconcertado” para asumir las riendas de su destino.

El ser humano “necesita aferrarse a una esperanza”, dice Fidel, especialmente la juventud, en cuyas manos está la construcción de esa alternativa otra al caos actual; la fuerza y la responsabilidad histórica porque: “si los jóvenes fallan, todo  fallará”.

Hijo de una idea arraigada en la identidad nacional del pueblo cubano, el destino de la Isla se configuró indisolublemente ligado al de la humanidad en su conjunto, a sus más nobles causas y aspiraciones; alimentando esa idea lo mejor de la intelectualidad cubana se articuló en el pensamiento político revolucionario;  esa  tradición  confiere  coherencia  a la expresión de Fidel cuando dice: “Nuestra batalla de ideas no cesará mientras exista el sistema imperialista, hegemónico y unipolar, convertido en azote para la humanidad y amenaza mortal para la supervivencia  de  nuestra especie”.

La divisa martiana de rendir culto a la virtud   y conquistar la libertad a cualquier precio es replanteada por Fidel cuando afirma: “En esta época decisiva no importa el número de enemigos, que serán cada vez menos, sino ‘el número de estrellas en la frente’”.

INFORMAGIÓN Y CULTURA

Compara contextos históricos y como  parte de ellos el rol de la cultura en una época donde  el desarrollo técnico era escaso y el analfabetismo generalizado, con la etapa actual cuando “la imagen, la palabra, las ideas llegan en fracciones de segundo de un rincón a otro del planeta globalizado”, creando “reflejos  condicionados  en  las mentes”.

La referencia hace alusión al uso de la tecnología y la manipulación de la información y la cultura como recurso hegemónico. Luego precisa que hoy “no puede hablarse del derecho al uso sino al abuso de la libre expresión y la enajenación  masiva”.

Tampoco puede ocultarse el hecho de que gracias a la transversalización de la información y el uso extensivo de tecnologías y soportes informáticos, se ha democratizado la accesibilidad y la posibilidad de que, casi cualquier persona, pueda trasmitir sus ideas  al  mundo, sin necesidad de  autorización legal  alguna.

Estos elementos conforman un complejo escenario donde la información y la cultura ad- quieren, o mejor dicho, redimensionan, porque siempre lo han tenido, su carácter ambivalente, su doble significado de cerco y liberación,  según el interés con que se utilice y la capacidad crítica del receptor.

Al respecto  Fidel  expresa: “La  lucha  sería de ideas, en todo caso masa de verdades contra masa de mentiras”. En su consideración las verdades tendrían la ventaja de abrirse  paso  por su propio peso porque, “no necesitan publicidad comercial”; pudiera aducirse la carga ética y estética de la verdad que favorece su difusión pero, no es conveniente subestimar la capacidad sugestionadora de la publicidad sistémica y la experiencia adquirida por los centros de propaganda en la manipulación mediática de los referentes reales, ni los sofisticados mecanismos de control subliminal del sujeto perfeccionados por el  poder hegemónico.

Alerta contra la burocracia que vive de espaldas a la situación real que vive el país y dilapidan, por negligencia o intención clara, sus escasos recursos, ajenos a las consecuencias de sus actos. Para corregir o evitar los daños se impone la administración eficiente de los medios y recursos y el control social de su  gestión.

Hacia estos y otros procesos nos dirige la atención Fidel y nos emplaza a profundizar en ellos para seguirlos en su evolución y desarrollo hasta los escenarios actuales, solo  desde  esa posición es posible adquirir la capacidad que ha tenido siempre al líder histórico de vislumbrar las tendencias y prever los acontecimientos.

 

 

 

 


Redacción Digital

 
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