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Publicado el 15 Agosto, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

En el camino de la institucionalización

La participación política del pueblo fue decisiva y se encaminó a través de un conjunto de instituciones estatales y otras de carácter social masivo

Por ÁUREA VERÓNICA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

En sus múltiples intervenciones Fidel ha hecho especial énfasis en enseñar lo que representa la unidad, la Revolución Cubana y el pueblo en sí.

En sus múltiples intervenciones Fidel ha hecho especial énfasis en enseñar lo que representa la unidad, la Revolución Cubana y el pueblo en sí.

Después de la victoria de la Revolución Cubana el 1° de enero de 1959 continuando el legado martiano, la unidad se convirtió en un elemento fundamental para la consolidación y el avance del proceso revolucionario. Para las fuerzas revolucionarias y, en particular, para su máximo dirigente, el Comandante en Jefe Fidel Castro, era evidente que los objetivos de soberanía nacional, justicia social y desarrollo independiente, solo se alcanzaría si se creaba un frente unido y fuerte de aquellos que, por su condición de explotados y discriminados en el capitalismo, ahora estaban dispuestos a rehacer su vida, a crear un nuevo país, y reconocían en la Revolución y en su liderazgo el vehículo idóneo para lograrlo.

En este sentido el pensamiento y accionar unitario de Fidel fue determinante. La unidad devino factor esencial para llevar adelante la obra revolucionaria y enfrentar victoriosamente la reacción interna y la demencial e histórica política agresiva de la potencia imperialista más poderosa del planeta.

A todo lo largo del decenio de los 60 encontramos su voluntad implícita en sus discursos de hacer conciencia y cambiar la mentalidad de los ciudadanos y su rechazo a esquematismos y dogmas. Invitando y estimulando a la lectura y a la comprensión. El 16 de marzo de 1962 señalaba: “Concebimos la Revolución como algo verdaderamente creador, como algo que no cese de crear un solo minuto, con un desarrollo incesante de las ideas, con una superación incesante de las ideas, en que cada día, cada mes, cada año, se haga más y se haga mejor […] como una lucha incesante contra todos los obstáculos, como una lucha incesante contra todos los vicios, contra todos los males, contra todos los defectos, contra nuestros propios defectos; como una lucha incesante por hacer una sociedad mejor, por hacer una patria mejor, un ciudadano más completo, un ciudadano más feliz […] Cuando todos entendamos así la Revolución, ¡cuánto más avanzará la Revolución!”.

Más adelante continúa: “[…] Revolución es ayudarse unos a otros, revolución es ayudarse todos a todos, revolución es comprenderse, revolución es comprender cada vez mejor cuáles son nuestras obligaciones para con los demás, para con la patria; revolución es comprender cada vez mejor los grandes ideales, los grandes propósitos, las grandes metas que se ha propuesto nuestro pueblo”.

La dirección de la Revolución en la década de los sesenta se caracterizó por su flexibilidad y su capacidad de experimentar nuevas normas de organización y decisión con una activa participación de las masas populares. Fue un período difícil, años en que tuvo que dedicarse cuantiosos recursos humanos y materiales en función de la defensa, con el objetivo esencial de la supervivencia. Sin embargo, sobre la base del esfuerzo múltiple y al trabajo creador de la mayoría del pueblo, también se cumplió con innumerables tareas en el terreno económico, político y social, así como se elevó la conciencia de las masas y su fe en la victoria.

La participación política del pueblo fue decisiva y se encaminó a través de un conjunto de instituciones estatales y otras de carácter social masivo. El Estado socialista cubano, en lo referente al establecimiento de sus órganos primarios o representativos, asumió formas y estructuras provisionales. Ello respondió a las necesidades de la Revolución de tomar decisiones rápidas, en forma dinámica y efectiva mediante un aparato ágil y operativo, que centralizara las facultades legislativas, ejecutivas y administrativas. En tanto, se adecuaban las estructuras estatales a las aspiraciones, objetivos e idiosincrasia del pueblo cubano y se fortalecían las organizaciones de masa y sociales como paso previo al proceso de institucionalización estatal.

El Gobierno Revolucionario llevó a cabo las tareas y objetivos del nuevo tipo de Estado y garantizó el rescate de las riquezas nacionales, la eliminación de las desigualdades económicas y sociales, y la eliminación del desempleo y el analfabetismo, organizó al pueblo y se apoyó en él como principal garante de las transformaciones revolucionarias. La defensa del país estaba en manos de los revolucionarios cubanos. Y un Estado que mantenga al pueblo armado -entiéndase con las armas en su poder- es auténtico e invencible y una muestra palpable del apoyo mayoritario.

Surgen distintas formas de gobierno popular, desde los Comisionados, las Juntas de Coordinación, Ejecución e Inspección (JUCEI) hasta los Poderes Locales; se creó una amplia red de organizaciones e instituciones de masas y sociales que permitieron un flujo constante de propuestas y soluciones de abajo hacia arriba y viceversa; con la participación de la población en la política general del país en cualquier instancia, amén de que siempre las más importantes leyes y medidas se sometían a debate y enmiendas en el seno de esas organizaciones e instituciones.

Un principio positivo y práctico en la democratización de la sociedad ha sido la consulta e intercambio constante entre el liderazgo de la Revolución con el pueblo.

Un principio positivo y práctico en la democratización de la sociedad ha sido la consulta e intercambio constante entre el liderazgo de la Revolución con el pueblo.

Ya desde marzo de 1959 fueron designados los comisionados municipales a todo lo largo del país, y entre sus funciones estuvo la aplicación de las medidas de beneficio popular realizadas por el Gobierno Revolucionario en los dos primeros años. A partir de 1961 hasta su desaparición en 1966, las JUCEI, representadas por las organizaciones estatales, políticas y de masas se integraron a esta estructura como una nueva forma del gobierno revolucionario, provincial y local, un primer escalón en la búsqueda de instituciones estatales que garantizaban, desde la base, el ejercicio del poder por parte de las masas populares.

En enero de 1966 fueron creadas oficialmente las administraciones locales, conocidas también como Poder Local, como una vía de participación orgánica y sistemática. A pesar de que tuvieron una existencia breve, se evidenció la voluntad de la máxima dirección política de encontrar organizaciones representativas en el proceso democrático de la Revolución.

Tras la zafra de 1970, se hizo necesario un cambio en la forma de gobierno de las instancias provincial, regional y municipal. De entonces a 1975 comenzó un proceso de institucionalización en el país, revitalización, fortalecimiento y delimitación de las funciones de cada uno de los componentes del sistema político en medio de un proceso autocrítico de la Revolución, dirigido a detectar los aspectos más débiles en los cuales debió concentrarse la atención de la dirección política y del pueblo.

Fue reestructurado el Consejo de Ministros y creado su Comité Ejecutivo. En 1973 se modificaron los organismos del Partido, desde su Comité Central hasta los comités municipales; se precisaron sus mecanismos de funcionamiento y delimitaron su papel y responsabilidades. Fue perfeccionado el sistema judicial y se dieron pasos para dotar al país de una Constitución socialista.

Se iniciaron las tareas preparatorias para organizar, durante 1974, la experiencia de Matanzas, con el objetivo de otorgar al Estado cubano, de una forma definitiva y autóctona de organismos representativos de poder, alcanzada en 1976 con la
instauración de los órganos del Poder Popular, del municipio hasta la nación.

Un principio positivo y práctico en la democratización de la sociedad fue la consulta e intercambio constante entre el liderazgo de la Revolución con el pueblo. Esos encuentros permitieron a la dirección revolucionaria conocer directamente los problemas que afectaban a las mayorías, poner en conocimiento de esta las decisiones estatales más importantes e informar sobre las dificultades y movilizar a las masas para el cumplimiento de las tareas que se acometían. El pensamiento creador de Fidel en esta materia “[…] ¿cómo puede haber democracia donde no hay pueblo? ¿Cómo puede haber democracia donde el pueblo no participa, donde el pueblo no actúa, donde el pueblo no cuenta ?…”.


Redacción Digital

 
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