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Publicado el 20 Agosto, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Estrategia de luz

Ha sido el humanismo, síntesis de lo mejor de un legado ético universal y nacional, sobre todo de base martiana, la piedra angular de la pedagogía de Fidel

Por YOEL CORDOVÍ NÚÑEZ

alfabetizadores Pudiera parecer lugar común referirnos a los logros de la Revolución Cubana en materia educacional y al papel del Comandante Fidel Castro en la concepción, implementación y el alcance de esos cambios. Las más de 12 000 instituciones educacionales existentes en la actualidad, entre las cuales se incluyen círculos infantiles, escuelas primarias, especiales, secundarias básicas, preuniversitarios, técnicoprofesionales, de arte, deportivas y de adultos, con garantía de acceso para toda la población, trascienden el mero dato estadístico. Son, en rigor, la expresión de una voluntad política ininterrumpida de un liderazgo por reorientar y perfeccionar en el orden cuantitativo y cualitativo el Sistema Nacional de Educación (SNE) en Cuba.

Logros, insuficiencias, carencias y problemas de diversa índole han acompañado hasta hoy día las transformaciones sistémicas. Pero ese carácter ininterrumpido del perfeccionamiento del SNE ha estado siempre signado por la impronta de las más diversas y complejas tareas históricas en el decurso de más de medio siglo de proceso revolucionario y por las directrices del liderazgo revolucionario. Ha sido el humanismo, síntesis de lo mejor de un legado ético universal y nacional, sobre todo de base martiana, la piedra angular de la pedagogía de Fidel.

En ese humanismo pedagógico, que sostiene en su esencia el derecho de los más diversos sectores y grupos sociales a la educación, ha radicado uno de los pilares del concepto de democracia fidelista. Pudieran citarse innumerables ejemplos que avalan este engranaje conceptual, pero baste con remitirnos a su discurso en la clausura del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, en la ciudad de Santiago de Cuba, el 14 de octubre de 1991: “De qué democracia se le puede hablar al niño abandonado por las calles y sin hogar; de qué democracia se le puede hablar al pordiosero; de qué democracia se le puede hablar al hambriento, al analfabeto, al desempleado, al que no tiene nada…”.

Semejante precisión formaba parte de una lógica de pensamiento en los modos de asumir la relación entre los cambios de estructuras sociales, económicas y políticas con las representaciones colectivas que acerca de la Revolución pudieran hacerse generaciones de cubanos.

De ahí la importancia que le imprimió a la alfabetización como estrategia política y cultural de primer orden para la consecución de los programas de cambios. Si se quería formar al nuevo ciudadano o al “hombre nuevo”, conceptualizado por el comandante Ernesto Che Guevara, se requería, ante todo, poner a ese individuo en condiciones de conocer y defender sus derechos y a la ideología que sostenía tales principios. El 6 de enero de 1959, cuando transitaba por la ciudad de Santa Clara con destino a La Habana, Fidel declaró:

“Aquí hay que lanzar un programa de alfabetización. Aquí no debe estar nadie, ningún maestro tranquilo mientras haya un ciudadano que no sepa leer ni escribir, porque es una vergüenza. No puede ser un ciudadano consciente de todos sus derechos, un ciudadano plenamente útil a su patria aquel que no sepa leer ni escribir. Hay que acabar con el analfabetismo de raíz para que todo el mundo sepa y conozca sus derechos; y sobre todo, porque el que no sabe leer ni escribir, ¿quién es? El hombre pobre, el hombre humilde, el hombre que más necesita de la Revolución…”

Fidel partía del reconocimiento de la educación y la cultura populares como única posibilidad de establecer escenarios de cambios “con y para el pueblo”, tal como quedó delineado en su histórico alegato La historia me absolverá cuando dijo: “El alma de la enseñanza es el maestro” y “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento y en la dirección del pensamiento”.

Esas ideas las empezó a implantar desde la lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista. Fueron esas ideas las que motivaron también que el comandante Raúl Castro Ruz creara el Departamento de Educación del Segundo Frente Oriental Frank País, del Ejército Rebelde. La instancia administrativa puso en vigor la Ley Orgánica del Departamento de Educación (Orden Militar No. 50).

Cuando triunfa la Revolución, Cuba contaba con una tradición de excelentes pedagogos y maestros, una pléyade de intelectuales de las más diversas ramas de las artes y las ciencias preocupados -muchos de ellos ocupados- por la educación en Cuba, pero también con un estado deplorable de la enseñanza pública, además de un porcentaje considerable de analfabetos, sobre todo en las zonas rurales que concentraba el 41.7 por ciento de la población iletrada. La educación de adultos, por su parte, se reducía a 304 escuelas nocturnas, en las que solo estaban matriculados 2965 alumnos.

Desde fecha bien temprana Fidel Castro, en reunión efectuada en el entonces hotel Habana Hilton (hoy Habana Libre), el 29 de enero de 1959, convocó a los representantes de todos los colegios profesionales a crear un núcleo de educadores que llevaría por nombre Comisión Educacional de la Sierra Maestra. Expuso que el Ejército Rebelde tenía un compromiso con los campesinos serranos, consistente en el envío de 300 maestros a la zona para continuar la tarea de alfabetización iniciada durante la lucha insurreccional.

El proyecto, cuya organización recayó en el Ministerio de Defensa, comprendía, además, diferentes acciones sanitarias, de reparto de tierras confiscadas a malversadores, construcciones de ciudades escolares, hospitales, plantas hidroeléctricas, carreteras, entre otras iniciativas. La decisión tuvo como punto de partida el acto convocado con los campesinos de la Sierra Maestra, en Guayabal de Nagua.

En La Historia me absolverá Fidel expresó que el alma de la enseñanza es el maestro y en los primeros años del triunfo de la Revolución, Cuba se declara Territorio Libre de Analfabetismo.

En La Historia me absolverá Fidel expresó que el alma de la enseñanza es el maestro y en los primeros años del triunfo de la Revolución, Cuba se declara Territorio Libre de Analfabetismo.

Como explicara Fidel en la inauguración del Primer Congreso de Educación Rural, el 27 de agosto, la idea era estimular a que se emprendiera el trabajo de alfabetización, es decir, integrar y sensibilizar a la población con esta tarea educativa en modo alguno ajena al resto de las transformaciones: “Detrás irá la movilización de todo el pueblo para que no quede un solo cubano que no sepa leer ni escribir”. En efecto, al mes siguiente, en otra de sus comparecencias, Fidel reseñó entre los logros alcanzados la existencia de 1 119 escuelas, 15 unidades técnicas, 10 talleres de corte y costura, 200 maestros agrícolas, 86 440 alumnos en edad escolar matriculados en escuelas y 23 043 adultos alfabetizándose por un total de maestros voluntarios que para la fecha ascendían a 2 162.

Al tiempo que el Departamento de Asistencia Técnica Material y Cultural al Campesinado (DATMCC) y los jóvenes maestros ejecutaban las tareas asignadas por Fidel, el Ministerio de Educación (Mined), a cargo de Armando Hart Dávalos, impulsaba un conjunto de medidas tendientes a resolver la escasez de maestros y su preparación. Para ello se procedió a la integración del alumnado de los distintos centros formadores de maestros existentes en el país, y a la terminación de estudios intensivos de liquidación, como el de San Lorenzo, localidad serrana donde ya se preparaban estudiantes de tercer y cuarto año de magisterio en los cursos de adaptación al medio rural.

Ciertamente, no faltaron voces disonantes contrarias al reclutamiento de profesores sin experiencias y títulos. Pero, como aclarara Fidel en su comparecencia televisiva del 22 de abril de 1960, eran insuficientes los maestros y se solicitaba a los jóvenes inscritos que convivieran con los campesinos.

El apoyo de los jóvenes a la convocatoria de Fidel fue inmediato. En total se graduaron tres contingentes de maestros voluntarios en el centro de capacitación que llevó por nombre Frank País. En esta primera etapa anterior al inicio de la campaña comenzaron a formarse los dos primeros grupos, el primero, integrado por 1 400 docentes, culminó su curso de capacitación el 29 de agosto de 1960, y el segundo contingente de 1100 se formó entre el mes de diciembre y el 23 de enero de 1961, ya iniciada de manera oficial la campaña de alfabetización.

En agosto de 1960, en el acto de graduación del primer contingente de Maestros Voluntarios llegado de Minas del Frío, Fidel pronunció un discurso en el que discurrió sobre la importancia de la Campaña de Alfabetización y sus preparativos, los cuales se extenderían hasta el mes de diciembre.

Con ese apoyo masivo, el 26 de septiembre de 1960, en la XV Asamblea General de la ONU, el líder de la Revolución anunció a la opinión pública mundial la decisión de convertir a Cuba en el primer territorio de América libre de analfabetismo; contaba con el apoyo de un conjunto de organizaciones creadas en esos primeros años: Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), Comités de Defensa de la Revolución (CDR), las que desempeñaron, juntos con las ya creadas Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) y otras organizaciones políticas y sectoriales, un papel importante en el desarrollo de la alfabetización.

Los trabajos se intensificaron a partir del Congreso Nacional de Alfabetización, celebrado del 2 al 5 de septiembre de 1961. El impulso de las labores en los últimos meses fue reconocido, pero también se constató la presencia de núcleos poblacionales con analfabetos. La creación de los Campamentos de Aceleración, las Avanzadas Revolucionarias de Alfabetización y los Repasadores, estuvieron entre las medidas tomadas para cumplimentar los objetivos de la campaña.

El 20 de diciembre de 1961se declaró oficialmente terminada la Campaña de Alfabetización, al tiempo que la CNA daba instrucciones a los brigadistas para el desfile del día 22 en la Plaza de la Revolución de La Habana. Ese día, en acto público, Fidel Castro expuso al pueblo cubano y al mundo que la promesa del año anterior había sido cumplida, al declararse a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo.

El cierre exitoso de la campaña de alfabetización, a solo tres años del triunfo de la Revolución Cubana, permitió incorporar al proceso de transformaciones culturales y educacionales del país a más de 700 000 personas que hasta ese momento vegetaban en la ignorancia.

El hecho de que la alfabetización se insertara dentro de un proceso de reforma integral de la educación de mayor alcance, posibilitó la apertura a los estudios, con sistemas de becas y otras posibilidades de seguimiento y superación, a una nueva generación de cubanos, identificados con los cambios en manos del Gobierno Revolucionario.

“¿Puede atribuírsenos a nosotros, a los dirigentes de la Revolución, la campaña de alfabetización? ¿Podíamos un grupo de dirigentes alfabetizar a 700 000 personas? ¿Hemos sido nosotros, los dirigentes, los que hemos alfabetizado 700 000 personas? No. Eso es una ficción. Cualquiera dirá: ´ ¡Miren qué mérito tienen los dirigentes revolucionarios, qué gobierno, que ha alfabetizado!´

“Fueron las masas las que enseñaron, miles de maestras; esos miles de maestras van a enseñar, posiblemente, cientos de miles. Fueron las masas las que alfabetizaron a ese pueblo; ahora, ese pueblo alfabetizado duplica su esfuerzo, duplica su cultura, duplica su conciencia revolucionaria, y se lanza hacia nuevas tareas”.

Pero dentro de esas “masas” de pueblo, Fidel cifraba las mayores esperanzas y toda la confianza en su sector generacional más joven. De ahí el sentido de sus palabras a los integrantes de la AJR en la clausura de su plenaria el 23 de octubre de 1961:

“Ustedes tienen, por ejemplo, la tarea de organizar a los 100000 brigadistas que regresan, porque hay 100 000 jóvenes enseñando a leer y escribir. Consideren ustedes qué tremenda fuerza política, revolucionaria, es esa fuerza que significan los 100 000 jóvenes, qué espíritu traerán esos jóvenes. Eso significa la necesidad de mantener en cada centro de enseñanza el núcleo de brigadistas.

“Esa fuerza que la Revolución ha organizado, esa fuerza juvenil, esa fuerza cultural, esa fuerza revolucionaria, no hay que dejar que se disperse”.

La proclamación del carácter socialista de la Revolución en el contexto de avanzada de la alfabetización, enlazó el esfuerzo educacional y cultural del Gobierno Revolucionario, y particularmente el de Fidel, con las proyecciones del nuevo modelo político, social y económico instaurado. La campaña consolidó el liderazgo del comandante Fidel Castro en el nuevo escenario de transformaciones, al tiempo que evidenció los principios humanistas que sostuvieron su pensamiento y obra, en modo alguno estático en los albores de los sesenta del pasado siglo, sino como sustentos de las tareas históricas posteriores en las que la educación y la cultura populares desempeñarían un papel crucial en la articulación de sus propuestas y accionar políticos.

 

 


Redacción Digital

 
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