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Publicado el 19 Agosto, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Resistir y conservar lo logrado

Fidel consideró como responsabilidad histórica de Cuba la de resistir, vencer y desarrollarse, a partir de las fortalezas creadas y en tal empeño se diseñó la estrategia económica, política y social de la Revolución para enfrentar las consecuencias del período especial en tiempo de paz

Por ELVIS R. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Ni en los difíciles momentos del período especial la Revolución perdería los principios que la han sustentado: la consideración al pueblo.

Ni en los difíciles momentos del período especial la Revolución perdería los principios que la han sustentado: la consideración al pueblo.

El derrumbe de la comunidad socialista europea y el desplome de la Unión Soviética, unidos al férreo bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, constituyen las causas externas de que Cuba entrara en la década de los 90 del pasado siglo XX, en lo que se denominó Período Especial en tiempo de paz, cuyo efecto se hizo sentir de inmediato en la vida y actividad de la sociedad cubana, además de someter a prueba la capacidad de la dirección de la Revolución para salvar las conquistas sociales que había logrado para el pueblo.

Ya desde inicios de los 80, ante la decisión soviética de no participar militarmente en Cuba en caso de una agresión por parte de los Estados Unidos, el país se vio en la necesidad de pasar de la concepción de “defensa contra desembarco” a la concepción estratégica de Guerra de Todo el Pueblo, con el consiguiente elevado costo de recursos de todo tipo. El envalentonamiento del imperio ante la caída del socialismo europeo incrementó el peligro. En tales condiciones, por indicaciones de Fidel se intensificó la preparación de la población, la economía, las organizaciones sociales y de masas y las instituciones civiles y militares, se perfeccionaron las estructuras de las unidades, del mando y la dirección de las tropas.

Esta situación modificó sustancialmente el camino iniciado en 1986 de rectificación de errores y tendencias negativas que se habían manifestado en el proceso de la construcción socialista en el país, con particular interés en el análisis de los problemas que por errores domésticos se manifestaban en la economía cubana.

En la clausura del XVI Congreso de la CTC, en enero de 1990, Fidel exponía: “¿Qué significa período especial en tiempo de paz? Que los problemas fueran tan serios en el orden económico por las relaciones con los países de Europa oriental, o pudieran, por determinados factores o procesos en la Unión Soviética, ser tan graves, que nuestro país tuviera que afrontar una situación de abastecimiento sumamente difícil… que se redujera a cero (el suministro de combustible), lo cual sería equivalente a una situación como la que llamamos el período especial en tiempo de guerra. No sería, desde luego, tan sumamente grave en época de paz, porque habría aún determinadas posibilidades de exportaciones y de importaciones en esa variante. Debemos prever cuál es la peor situación a que puede verse sometido el país a un período especial en tiempo de paz y qué debemos hacer en ese caso. Bajo esas premisas se está trabajando intensamente”.

Estaba en juego el destino de la Revolución. En tan adversas condiciones, a lo que se fue añadiendo el recrudecimiento del bloqueo con la aprobación de la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton (1996), que hacía más cruento la internacionalización del cerco económico, Fidel consideró como responsabilidad histórica de Cuba la de resistir, vencer y desarrollarse, a partir de las fortalezas creadas y en tal empeño se diseñó la estrategia económica, política y social de la Revolución para enfrentar las consecuencias del período especial en tiempo de paz.

Dirigir es prever. Por eso es frecuente a partir de entonces, encontrar en sus discursos nuevas definiciones y precisiones relacionadas con la actividad del Partido, el Estado, Gobierno, las organizaciones de masas, sociales y el pueblo en general, para enfrentar las consecuencias del Período Especial en Tiempo de Paz.

Ni en los difíciles momentos del período especial la Revolución perdería los principios que la han sustentado: la consideración al pueblo, la preocupación por el pueblo, no sacrificar al pueblo, preservar a toda costa las cosas esenciales del pueblo”. A ello añadiría años después, tras el análisis de la significación de la inversión extranjera que: “El país preservará todo lo que pueda ser preservado, y negociaremos todo lo que pueda ser negociado […], hay que salvar la patria, hay que salvar la Revolución, hay que salvar las conquistas del socialismo, hay que conservar la independencia y hay que mantener nuestro derecho al futuro. Eso es absolutamente irrenunciable […] ”.

Su contacto permanente con la juventud y su confianza en ella también en los momentos más difíciles.

Su contacto permanente con la juventud y su confianza en ella también en los momentos más difíciles.

Puntualizando la estrategia a seguir en las nuevas condiciones, en el IV Congreso del Partido, en 1991, Fidel precisó: “Debemos saber qué puede pararse y qué no puede pararse, qué debe pararse y qué no debe pararse”. En eso radicaba la clave de la supervivencia de la Revolución, para empezar a recuperarse poco a poco.

En consecuencia, la dirección de la Revolución emprendió la reorganización del país y la estrategia para reanimar la economía y salir de la crisis y que, en esencia, estuvieron dirigidas a ampliar la industria del turismo; activar el trabajo por cuenta propia; despenalización de la tenencia y el empleo de la moneda libremente convertible, así como establecer tiendas y servicios recaudadores de divisa por el Estado.

De igual modo, se autorizaron las remesas desde el exterior de moneda libremente convertible; se entregó en usufructo la mayor parte de la tierra a los trabajadores de las granjas estatales para la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, conocidas como UBPC, se reorganizó el sistema empresarial con la creación de corporaciones que operarían en moneda libremente convertible; se implantó un riguroso sistema tributario; se eliminaron las gratuidades indebidas; se reformó el comercio externo y se autorizó a determinadas empresas cubanas a comerciar directamente con firmas extranjeras sin mediación del Ministerio del Comercio Exterior. Se estimuló la inversión extranjera en forma de empresas mixtas u otras vías para la asociación y donde el Estado siempre fuese el accionista mayor.

Además, se crearon los mercados agropecuarios para vender a precios liberados los excedentes -una vez cumplido el plan de entrega al Estado- de los sectores agrícolas estatales, cooperativo y campesinos privados y los mercados industriales para vender a precios liberados, productos del sector estatal y de trabajadores por cuenta propia. A la vez se le asignó a las FAR la misión de producir alimentos para el pueblo y para sí, como modo de autogestión alimentaria y de descargar parcialmente al presupuesto estatal. Estas medidas, en conjunto, permitieron que para 1994 se percibieran signos de recuperación en el país con un crecimiento anual favorable a partir de entonces.

Resistir y desarrollarnos, en lo que fue decisivo el vínculo con el pueblo desde el mismo triunfo de la Revolución.

Resistir y desarrollarnos, en lo que fue decisivo el vínculo con el pueblo desde el mismo triunfo de la Revolución.

En su medular concepción de trabajo para enfrentar las consecuencias del período especial Fidel consideró que “La cultura es lo primero que hay que salvar”, en ella descansa la fuerza de las ideas y la herencia de resistencia del pueblo cubano.

En el V Congreso del Partido, en 1997, al valorar la actividad en los años transcurridos Fidel señaló que ni un solo ciudadano se quedó sin amparo “nadie conoció políticas de choque […] no hemos lanzado a la calle a cientos de miles de trabajadores; todas las medidas se han tomado en permanente contacto con la población […] no se quedó ningún ciudadano sin salario, sin ingreso”.

En el magisterio de Fidel, en su continuo y permanente espíritu de lucha y firmeza en los principios, en su capacidad para unir voluntades y encontrar soluciones, en su diálogo con el pueblo, en su eticidad y humanismo, en sus ideales de igualdad y justicia, descansó la estrategia de resistencia y victoria para salir del período especial.


Redacción Digital

 
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