1
Publicado el 9 Septiembre, 2016 por ACN en Nacionales
 
 

La de los Espina, una colmena de más de 100 años

Según el destacado productor de miel, Félix Juan Espina, de Matanzas , es preciso aprenderse la vida y forma de crianza de las abejas, y responder a sus necesidades, ayudarlas, y que no les falten los elementos principales: una madre joven, polen y agua
Compartir
Colmena de los Espino.

Una colmena es como una casa, y cuando algo falla, falla el sistema. Hay que estar atentos a las plagas, y a la vitalidad del grupo. (Foto: giron.cu).

Por YENLY LEMUS DOMÍNGUEZ

Del abuelo Manuel, que llegó desde España a Cuba en 1901, heredó Félix Juan Espina la devoción por las abejas, y con ese legado centenario constituye hoy uno de los productores de miel más destacados de la Cooperativa de Crédito y Servicios Félix Duque, del municipio matancero de Jagüey Grande.

La producción de miel no tiene secretos; hay que aprenderse la vida y forma de la crianza de las abejas, y responder a sus necesidades, ayudarlas, y que no les falten los elementos principales: una madre joven, polen y agua, afirma Félix Juan con tono seguro.

Una colmena es como una casa, y cuando algo falla, falla el sistema. Hay que estar atentos a las plagas, y a la vitalidad del grupo. Las abejas tienen padres, la reproductora es la reina y si hay imperfecciones en la cámara de cría es que la reina ya no es la adecuada, reflexiona el cubano de más de 70 años de vida.

Aunque dice que es un poco “bruto” para hablar, realmente Félix Juan explica muy bien que hay que dar adecuado seguimiento a la línea de madres, estar atentos a cómo la reina ubica el huevo en la celda porque si hay mala postura, es signo de decadencia y debe ser sustituida.

Para atender a casi 900 colmenas, Espina actúa con un grupo de trabajo ahora inmerso en la trashumancia, proceso que consiste en el movimiento de las colmenas a zonas más frescas en flora, para garantizar la supervivencia y el desarrollo de las colonias.

Colmena de los Espino.

La producción de miel no tiene secretos, pero hay que conocer a las abejas. (Foto: giron.cu).

Pero Félix Juan no es un hombre egoísta, comparte lo aprendido durante su vida con los miembros de su equipo, convencido de que: “todo el que trabaja la abeja tiene que comprenderla, y saber hacer lo que sea necesario; hay otros apicultores que siempre quieren que mi grupo de trabajo los ayude porque si no hay un personal fuerte, la cosecha disminuye”.

Con cinco hernias en la columna vertebral Félix Juan Espina ya no se siente tan fuerte como antes, pero se adapta a las nuevas circunstancias y se ríe cuando afirma: “Por mi estado de salud y mi edad, ahora lo único que hago es dirigir, soy el zángano de la colmena”.

En su hijo Félix, o su nieto Adrián de 23 años de edad, sabe el campesino que la tradición del abuelo no perecerá, porque los Espina viven de la miel, de la cera, del propoleo, y ya se preparan para la cosecha de octubre a diciembre.

Para realizar todas las operaciones necesarias que implica la labor apícola, en el poblado de Agramonte viven los miembros de la familia Espina, en casas cercanas donde horno, carpintería y almacén se encuentran organizados y limpios, todo bien distribuido, como sucede en las colmenas saludables.

Compartir

ACN

 
ACN