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Publicado el 13 Septiembre, 2016 por Jessica Castro Burunate en Nacionales
 
 

Urbanismo: Ciudad ante el espejo

El cálculo de vulnerabilidades y las estrategias para reducir su impacto ganan espacio en las urbes modernas
La Habana, capital de Cuba.

En el país el 76.8 por ciento de la población (más de 8 millones de habitantes) reside en zonas urbanas.

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

Fotos: JORGE LUIS SANCHEZ Y MARTHA VECINO

Temblores de tierra, o cualquier otro fenómeno natural, ciudades devastadas por el peso del agua son imágenes que se han vuelto recurrentes en la cinematografía internacional y en algún que otro noticiario.

Dejando de lado la pasión de las multitudes por el cine de catástrofes y el ingenio de esta industria al explotarlo, la alerta es real. Más allá de fatalismos que se regodean en la llegada del fin del mundo, los riesgos a que se exponen las urbes modernas no deben ser subestimados.

Cuba no está exenta de estas amenazas, y como en otras latitudes, hoy crece la preocupación sobre cómo actuar antes de que nos tomen por sorpresa.

Los riesgos más probables en el caso cubano son los de origen natural –huracanes, intensas lluvias, sequías, penetraciones del mar, sismos y deslizamientos de tierra–, también los de más difícil predicción. Lo que no descarta riesgos tecnológicos o de otro tipo, considerando por demás la obsolescencia tecnológica de muchas de nuestras industrias.

Las inundaciones son uno de los peligros más recurrentes en La Habana.

Las inundaciones son uno de los peligros más recurrentes en La Habana.

En el mes de enero la ciudad de Santiago de Cuba despertaba sobresaltada por la posibilidad de un sismo de gran magnitud, mientras, en La Habana, las aguas volvían a perturbar el sosiego de quienes viven cerca del mar.

Para ambos casos se demostró una capacidad de respuesta relativamente sólida, pero una deficiente infraestructura de base: un fondo habitacional a todas luces vulnerable –20 por ciento de las viviendas del país se encuentra en estado regular y el 15 por ciento en mal estado–, redes urbanas (sistemas de acueductos y alcantarillados) obsoletas, y un buen número de asentamiento con altos grados de exposición.

Para eludir la sorpresa

Enfoque de riesgo, desarrollo sustentable y más recientemente resiliencia urbana, son términos que ganan espacio en la proyección de las grandes urbes del mundo, y que hoy buscan ser asimilados coherentemente por el sistema de la planificación física nacional.

Ante la posibilidad de un sismo de gran magnitud se comprobó positivamente la preparación, no así la solidez de las construcciones, 60 por ciento en mal estado.

Ante la posibilidad de un sismo de gran magnitud se comprobó positivamente la preparación, no así la solidez de las construcciones.

La base de la gestión de riesgo radica en “el reconocimiento de la vulnerabilidad y el peligro, y su éxito depende de los niveles de control y seguimiento presentes en los procesos de manejo e integración de medios, recursos, actores, factores y capacidades”, según establece la bibliografía sobre el tema.

El paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba en octubre de 2012 promovió el análisis en torno a la resiliencia urbana –entendiéndose esta como la capacidad que tiene una ciudad expuesta a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz.

El debate iniciado afrontó una serie de vacíos prácticos y teóricos que aun hoy intentan ser solucionados por los órganos de la planificación en el país.

Actualmente, el instrumento más importante con que se cuenta en este sentido son los planes generales de ordenamiento.

Según los cálculos hechos para Cuba, en el 2050 habrá un aumento de 27 centímetros del nivel del mar y de 85 cm., al 2100.

Según los cálculos hechos para Cuba, en el 2050 habrá un aumento de 27 centímetros del nivel del mar y de 85 cm., al 2100.

Desde el año 2000, según explica Armando Muñiz González, especialista de urbanismo del Instituto de Planificación Física (IPF), la metodología empleada para la elaboración de esos planes incorpora la gestión de riesgo, y está prevista la revisión de todas las regulaciones y su actualización desde esta perspectiva.

Por otra parte, en el sistema para el cálculo de vulnerabilidades hoy se desarrolla un mapeo de actores con el objetivo de establecer una mayor claridad entre los diferentes organismos sobre sus funciones y responsabilidades en el proceso, vínculo no siempre alcanzado.

Institutos que pudieran tener un peso mayor en la gestión de riesgos y cálculo de vulnerabilidades, ya sea por deficiencias en el proceso organizativo o en la interconexión con otros organismos, son escasamente explotados. Tal es el caso del Instituto de Geología y Paleontología.

Los estudios realizados por el departamento de Geología Ambiental en materia de suelos, resultan de interés para funciones de la planificación tan vitales como las microlocalizaciones, a pesar de que por diversas razones estos no se han conducido en todo el territorio capitalino con el mismo nivel de profundidad, y datan, mayormente, de finales de la década de los 90.

Riesgos de tipo tecnológico.

Los peligros de tipo tecnológico, aunque menos recurrentes en el país, no deben ser descartados en los planes de gestión.

“Los territorios han cambiado poco, por tanto estos estudios tienen actualidad y les sirven como referencia a los gobiernos municipales. Todos estos informes se han entregado al Poder Popular de cada municipio, sin embargo, pareciera que se pierden entre los cambios de gobierno. No trabajamos directamente con planificación física, solo en una ocasión vinieron y se llevaron la información. Con la delegación provincial del Citma en La Habana sí tenemos una relación más estrecha”, refiere Nyls Ponce, especialista del departamento de Geología Ambiental.

Como resultado de esos estudios se identificaron en la capital alrededor de 180 canteras abandonadas, anteriores, en su mayoría, al triunfo de la Revolución y sobre las cuales continu

ó el crecimiento de la ciudad.

El paso del huracán Sandy por la ciudad de Santiago de Cuba fue el aviso definitivo sobre la necesidad de una gestión de riesgo más eficiente. (Foto: GILBERTO RABASSA).

El paso del huracán Sandy por la ciudad de Santiago de Cuba fue el aviso definitivo sobre la necesidad de una gestión de riesgo más eficiente. (Foto: GILBERTO RABASSA).

“Estas son canteras que fueron explotadas por lo tanto las rocas del área se agrietaron, sin embargo, tanto en la cima como abajo se construyeron casas. Como es de suponer, cuando llueve hay desprendimientos. Hay viviendas que los habitantes ya han sido albergados pero en otros casos no se quieren ir, porque muchas son construcciones en buen estado. Corremos cuando colapsa la estructura, no antes”. Nyls alerta también que la situación se complica con la construcción de túneles para la defensa civil, “obras que deberían consultarse previamente con nosotros, como hemos planteado varias veces”.

Carlos Rodríguez Otero, jefe del Departamento de Investigaciones y Desarrollo del IPF, comparte la perspectiva de que aun cuando se requieren estudios que particularicen la situación de cada asentamiento, lo más acuciante es que sus resultados puedan ser introducidos en la práctica de forma efectiva.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate