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Publicado el 24 Octubre, 2016 por Prensa Latina en Nacionales
 
 

Baracoa no cree en maldiciones

Daños irreparables sufrió el Parque Nacional Alejandro de Humbolt, Patrimonio Natural de la Humanidad, también el ecosistema costero y montañoso, así como el centro histórico de esta primera villa, pero sus pobladores confían que de seguro esta encantadora región recuperará su esplendor
(Foto: prensa-latina.cu)

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Baracoa, 24 de oct.- Baracoa era hace apenas un mes, a finales de septiembre, un lugar paradisíaco cuya singular naturaleza, la peculiaridad de su gente y sus leyendas circundantes la convirtieron en uno de los destinos turísticos más codiciados del oriente cubano.

Pero el pasado 4 de octubre, la fuerza destructora del huracán Matthew convirtió a la primera villa fundada por los españoles en Cuba, en un amasijo de escombros, casas destrozadas, palmas desmochadas y árboles derrumbados.

Imágenes impactantes comenzaron a circular por las redes sociales, mientras, un escenario dantesco se mostraba ante los ojos atónitos de sus habitantes, otrora orgullosos de su hermosa ciudad, situada en la provincia de Guantánamo.

La Primada, que dos meses antes mostraba su mejor imagen en su cumpleaños 505, ahora era sólo ruinas; los más pesimistas recordaron entonces aquella vieja maldición que un día lanzó contra ellos el español Vicente Rodríguez: ‘En Baracoa nada se cumplirá, se harán buenos planes, se generarán muchas buenas ideas, pero todas se desmoronarán’.

Matthew parecía ser la representación material del conjuro maldito lanzado por el emigrante español, que según cuenta la leyenda, alguna vez tuvo fortuna y reconocimiento social, y que tras la pérdida de la primera se quedó sin lo segundo, para convertirse en un paria.

A tal punto de degradación llegó su imagen y su persona, que perdió hasta su nombre, rebautizado como el ‘Pelú’; fustigado y calumniado por la sociedad clasista del siglo XIX, fue expulsado de la próspera villa.

De ésta se marchó, no sin antes lanzar aquella maldición que más de un siglo después se repite de boca en boca y que ante cada revés de la naturaleza vuelve a resurgir en la memoria colectiva.

Pero como suele decirse también por estas tierras: ‘donde hay hombres no hay fantasmas’; apenas pasó el huracán jóvenes soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con motosierras en mano abrieron paso entre la maleza y las rocas caídas en la imponente loma de La Farola, hasta posibilitar las comunicaciones terrestres.

En cuanto pudo transitarse por esa vía autoridades territoriales y un equipo de ministros se personaron en el territorio para contabilizar los daños y dirigir desde aquí las tareas de recuperación.

Hasta acá llegó el presidente Raúl Castro, esta vez al frente del Consejo de Defensa Nacional, para fiscalizar el trabajo e intercambiar con una población que en medio de tanto dolor, lo recibió con los brazos abiertos.

Cerca de medio centenar de brigadas de las empresas de comunicaciones y eléctricas compuestas por ingenieros, técnicos y obreros, arribaron al territorio.

Para quienes llegaron aquí en las primeras horas, la palabra recuperación parecía un eufemismo.

Inmediatamente las autoridades trazaron su estrategia de trabajo: el abasto de agua y el restablecimiento del servicio eléctrico y la telefonía eran prioridad, mientras se orientaba sobre la necesidad de visitar y comprobar la situación en cada uno de los poblados.

Así, Baracoa ha demostrado al mundo que no cree en maldiciones, ni demonios; el 98 por ciento de sus comunidades cuenta ya con servicio eléctrico, la fibra óptica dañada en varios tramos está restablecida y la telefonía móvil aparece como una opción segura para quienes pueden acceder a ella, en tanto la fija se restituyó en la cabecera municipal.

Los niños regresan a sus aulas en improvisados espacios, como aquel que en un parque infantil destruido acondicionó para ellos Kcho y la brigada artística Martha Machado, o en sus escuelas recién reparadas como la primaria Miguel de Cervantes Saavedra, entregada hace sólo unos días por la Oficina del Historiador de Camagüey, cuyo equipo llegó aquí con las primeras luces de la recuperación.

Las instituciones de salud no han dejado de prestar servicio, aún cuando la mayoría de las farmacias resultaron dañadas; en los consultorios, policlínicos y hospitales se atiende a todos los pacientes y se cumplen los programas, mientras se trabaja en su acondicionamiento.

En el sector agrícola, uno de los más devastados y cuya recuperación definitiva será a más largo plazo, se trabaja intensamente en los cultivos de café, cacao y coco, renglones fundamentales de la economía territorial.

A todo lo largo de la carretera, los secaderos adornan nuevamente el paisaje con el color rojizo del café expuesto al sol para ser procesado y los nuevos viveros muestran ya incipientes retoños.

Un constante ir y venir de obreros agroforestales con motosierras, machetes y hachas en mano acopian toda la madera posible, ya sea para la construcción o para combustible doméstico.

El turismo recupera sus instalaciones y la vida cultural funciona en improvisados espacios públicos, donde artistas guantanameros, brigadas de la Fuerzas Armadas Revolucionarias, actores reconocidos como Jorge Ryan, y los cantautores Raúl Torres y María Victoria Rodríguez, montan sus campamentos y alimentan el alma de los baracoenses.

Daños irreparables sufrió el Parque Nacional Alejandro de Humbolt, Patrimonio Natural de la Humanidad, también el ecosistema costero y montañoso, así como el centro histórico de esta primera villa, pero sus pobladores confían que de seguro esta encantadora región recuperará su esplendor.

Para un pueblo que no cree en maldiciones o conjuros, no hay descanso, mucho queda aún por hacer.

*Corresponsal de Prensa Latina en Guantánamo.


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