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Publicado el 7 Octubre, 2016 por Toni Pradas en Nacionales
 
 

HURACÁN MATTHEW

La espera guantanamera

Un equipo de BOHEMIA fue al encuentro del huracán Matthew el más fuerte meteoro que osara pasar por esos lares del extremo oriental de Cuba. Estas fueron sus primeras impresiones

 

matthew-gtnmo-1Por TONI PRADAS

Fotos: CLAUDIA RODRÍGUEZ HERRERA

Cincuenta y tres años de dispensa le dio la naturaleza a la provincia de Guantánamo para ver perturbada su horchatera tranquilidad gracias al bufido de un huracán. Entonces fue el Flora, en el lejano 1963, el 4 de octubre, igual fecha que el reciente Matthew, pero en estos tiempos tiene malas migas la naturaleza por el incremento de ciclones o sequías en el planeta. Dicen que es el resquemor por la tala, la polución y el egoísmo. Quizás. Pero yo sé de nuestra resistencia a adaptarnos con tino a esos males y mitigar sus efectos.

A Guantánamo llegaron con antelación los recursos para iniciar la recuperación.

A Guantánamo llegaron con antelación los recursos para iniciar la recuperación.

Pasaron cinco décadas, pero apenas cuatro años atrás fue sacudido el territorio por el Sandy en el décimo mes. A pesar de ser un intenso meteoro que impactó sobre el Levante cubano mucho más de lo que todos pudimos ver, poco ciscó a gran parte de esa población el recién llegado.

Al menos no como a los santiagueros, quienes en materia de peligros tradicionalmente están ensimismados en sus terremotos, pero el nudo en la garganta que les provocó Sandy les hizo saltar como un muelle ahora para prepararse a recibir un batacazo propinado por uno de los ciclones más paquidérmicos que han cuqueado al Caribe en los últimos lustros.

Santiago de Cuba se preparó rápidamente, luego de tener bien fresca la experiencia de Sandy.

Santiago de Cuba se preparó rápidamente, luego de tener bien fresca la experiencia de Sandy.

Se notaba que sería destructivo el perezoso Matthew no solo por la cantidad de píxeles que sobre el mapa ocupaba en las pantallas de televisión durante los partes –que probablemente por repetitivos y cada vez más frecuentes, sin acción visible a cambio, corrieron el riesgo de resultar algo alarmantes.

Se descubría la amenaza también en los ojos del doctor José Rubiera, cara visible de la ciencia atmosférica en Cuba, azorado tal vez por la demora en la entrada de un evento destructor como ese y, tanto o más, por la incertidumbre de un punto de entrada en el borde nacional, circunscrito a cualquier playa dentro de un amplio cono de pronóstico meteorológico, más soberbio que un cucurucho de Baracoa.

Y así pasaban las horas, y mientras en occidente preparaban misa por la inmensidad del peligro, con muchas horas de antelación los orientales se preparaban para lo peor: en Granma casi no quedaban escombros por recoger, en Santiago de Cuba bajaban hasta las farolas del parque Céspedes… En Guantánamo, a pesar de que la población parecía seguir a su aire, aliviaban prontamente la presa Faustino Pérez para hacer espacio con vistas a recibir los millones de litros de agua que se anunciaba caerían, poniendo macho al río Guaso e incrementando de paso la lista de los cientos de miles de autoevacuados y evacuados de las vulnerables viviendas ribereñas, previsión que, aparentemente excesiva en grandes territorios, nuevamente le dio la razón a la Defensa Civil al conseguir evitar la pérdida de muchas vidas humanas.

La autopista del sur, sobre el Bate-Bate, requiere repensar qué tecnología utilizar para su reconstrucción.

La autopista del sur, sobre el Bate-Bate, requiere repensar qué tecnología utilizar para su reconstrucción.

Impresionante, doy fe, fue la llegada temprana desde occidente, de flotillas de carros de electricistas, telefónicos y telecomunicadores, equipos de la construcción y de viales, entre otros, para estar lo más cerca posible del lugar de los hechos y así comenzar la recuperación cuanto antes. Como una escena de película bélica, un convoy de rastras pisaba a cien por hora la Ocho Vías, pero en vez de misiles, cargaba con postes nuevos, hermosos, a sabiendas de que con el ciclón miles de mástiles con sus cables caerían regados como palitos chinos.

Mientras la región oeste devolvía la solidaridad que ha recibido del este tras otros huracanes (curiosamente, parece que estos sistemas tormentosos han empezado a preferir la otra mitad del país), los centros de evacuación preveían la estancia de sus refugiados con servicio médico y orden público, así como víveres para al menos cuatro días y el reabastecimiento de estos, si fuera necesario. Incluso, algunos contaron con respaldo energético al menos para las áreas vitales.

El sistema eléctrico resultó fuertemente afectado.

El sistema eléctrico resultó fuertemente afectado.

Alexis Socias Iglesias, de la Universidad Pedagógica Raúl Gómez García, en Guantánamo, presidente del Consejo de Evacuación, durante esos días plomizos, juzgó: “Este año la inmediatez ha sido muy eficiente”.

Mas el ciclón se hacía de rogar. Apuesto a que todos deseaban que entrara de una vez, con tal de salir de esa deuda y luego poder ajustar las cuentas que quedaran pendientes. Lo extraordinario es que ni un silbido se escuchaba, apenas una gota boba caía y en la ciudad del Guaso, a diferencia de la de Chago donde muchos se comían las uñas por el déjà vu de Sandy, la gente parecía muy despreocupada, sin el anticuerpo que deja la historia en el sistema circulatorio de los recuerdos.

El primer equipo que salió hacia la recuperación de las vías afectadas quedó atrapado entre las líneas eléctricas derribadas por el ciclón.

El primer equipo que salió hacia la recuperación de las vías afectadas quedó atrapado entre las líneas eléctricas derribadas por el ciclón.

Torturantemente, el tiempo pasaba pastoso, pero sirvió para corregir muchos olvidos en la preparación: Un auto parlante con voz robótica indicaba a los lugareños las últimas recomendaciones cuando se acercaba la constantemente pospuesta hora cero.

La llegada de Raúl a estas provincias, a fin de ajustar cada engranaje con los consejos de defensa, aseguraba a los ciudadanos que, como siempre, tendrían el apoyo necesario del Gobierno central después de los desastres.

El guiño de Matthew

La apacible provincia sintió los más fuertes embates de su historia meteorológica.

La apacible provincia sintió los más fuertes embates de su historia meteorológica.

Poco después de las seis del 4 de octubre, atardeciendo pero ya oscuro por sus brazos de nubes color plutonio y el coraje de un huracán fuerza 4 (los de 5 son el tope del ranking Saffir-Simpson), Matthew tocó tierra cubana por punta Caleta, un sitio del extremo del país al que muy duro le costó soportar vientos máximos sostenidos de 220 kilómetros, a cambio de entrar esa noche en la historia meteorológica nacional. Por su presión mínima central (949 hectopascal), ese bicho fue lo más parecido a un ciclón de fuerza 5.

Tras haber resoplado casi estacionario sobre el mar por largo tiempo, finalmente llegó Matthew con su ojo bien pequeño, casi como un guiño, luego de haber apretado su paso hasta 15 kilómetros por hora. Alérgico al peñasco desde su formación en los resquicios antillanos, no quiso andar mucho por tierra y apenas zapateó la punta de la nariz del caimán cubano. No obstante, su aletazo circulatorio hizo estragos, aún incalculables en su totalidad,  en el territorio holguinero de Moa y los municipios guantanameros de Maisí (anfitrión del cíclope, contra su voluntad), Imías, San Antonio del Sur y Baracoa. Precisamente por este último se fugó de Cuba horas después el tormentoso mecanismo natural, camino a las Bahamas, aprovechando el anonimato de un punto cercano a la bahía de Mata, al este de la ciudad de Baracoa.

Los fuertes vientos del Matthew mermaron el patrimonio habitacional de la provincia de Guantánamo.

Los fuertes vientos del Matthew mermaron el patrimonio habitacional de la provincia de Guantánamo.

Afortunadamente, las lluvias del lado este del ciclón se descargaron sobre el mar, y aun así precipitó con intermitentes fuerzas durante el siguiente día en todo el área que abarcaba el monstruo, incluso en la ciudad capital del autollamado Alto Oriente Cubano, donde sus habitantes no perdieron la cadencia de la Guantanamera porque ni la electricidad fue necesario quitar. Vaya suerte que tienen ellos, pero los de Maisí dejaron de ser por ese día los primeros en ver el sol en la Isla.

Algunos reportes indican que resultaron dañadas numerosas vías en zonas montañosas de Holguín, Granma y Santiago de Cuba, pero las de la provincia de Guantánamo fueron más sensibles por la imposibilidad de alcanzar los puntos más azotados por el ciclón, incomunicados por tierra y por telefonía.

La crecida de los ríos impidió la utilidad de muchos puentes y las comunicaciones entre poblados.

La crecida de los ríos impidió la utilidad de muchos puentes y las comunicaciones entre poblados.

En busca de Baracoa, tomando infructuosamente el largo y tortuoso camino a través de Maisí, BOHEMIA fue testigo del impacto recibido por todo el litoral sur de la provincia. El famoso Bate-Bate, postal de la geografía patria, tenía una nueva facha luego de que grandes piedras lanzadas por el mar, algunas con un metro o más de diámetro, destruyeron la carretera (de paso, vía para asistir inmediatamente a numerosas comunidades) y cambiaron el rostro del caprichoso y seductor ecosistema. ¿Qué habrá sido del cabrerito de Baitiquirí, esa especie endémica que ya estaba en peligro de extinción?

Sin duda, urge repensar la tecnología que se empleará para reconstruir la autopista, porque con las penetraciones del mar y el viento fuerte seguirá levantándose el pellejo del asfalto.

A pesar de no ser un ciclón tremendamente lluvioso, fuertes inundaciones hicieron significativo este evento meteorológico.

A pesar de no ser un ciclón tremendamente lluvioso, fuertes inundaciones hicieron significativo este evento meteorológico.

Las inundaciones, en tanto, tuvieron un impacto muy significativo en San Antonio e Imías. Pero el dolor es mayor cuando se detecta que los hogares sumergidos fueron construidos en zonas bajas, al menos muy bajas para sobrevivir las malas pulgas de un ciclón, algo que a los más viejos les recordó el Flora.

Aportaron a la incomunicación y las inundaciones, las presas que aliviaron y desbordaron los ríos sin tener sistemas seguros para el desagüe. Ya tendrán tiempo los ingenieros de estudiar cómo evitar que estos hechos se repitan, considerando que esas obras civiles no previeron en su construcción la coexistencia con huracanes y los cambios climáticos.

También se perdieron muchos techos y no pocas casas, en buen grado a consecuencia, además, de los vientos encajonados. Aunque en honor a la verdad, tras una primera mirada, tal vez decidió la calidad de la instalación de estos.

Los ciclones se reafirman como dramas personales y exigen soluciones sociales.

Los ciclones se reafirman como dramas personales y exigen soluciones sociales.

Baracoa nuevamente fue azotada por las penetraciones del mar, y así múltiples edificaciones terminaron hechas escombros. Pero ese es un reporte que BOHEMIA promete llevarles a sus lectores en próximas entregas, ahora que parece posible el acceso a la ciudad cuyo nombre indígena significa “existencia de mar” y que está maldecida por El Pelú para que esta sufriera numerosos fenómenos naturales, en venganza, según la leyenda local del siglo XIX, por las burlas que recibiera este de sus coterráneos.

Pero los damnificados de esta provincia no creen que su dolor responda a profecía alguna. “Ahora tenemos que reconstruir bien las cosas”, comentó con el agua por las rodillas Erik Hernández Utria, en su casa de Yacabo Bajo, donde evacuó a 20 personas. A un metro de él, Minervina Pérez Frómeta agradeció la solidaridad del vecino y lloró la pérdida de sus bienes.

Entonces enjugó una lágrima que amenazaba caer y romper la calma del charco que Matthew les dejó y, casi de forma automática, como si tarareara la Guantanamera, comenzó a evaluar la recuperación de sus pérdidas.

 


Toni Pradas

 
Toni Pradas