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Publicado el 10 Octubre, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Las buenas intenciones del camino al infierno

(Foto: Carreras/ACN)

(Foto: Carreras/ACN)

La noticia del programa de becas de World Learning para Cuba ha suscitado numerosas protestas estudiantiles a lo largo y ancho del territorio nacional. Y es que estudiar en el extranjero puede resultar atractivo para cualquier joven, pero cuando la propuesta se torna adoctrinamiento con afán injerencista de manipular para conseguir maquiavélicos objetivos políticos, motivo por el cual se desconoce a nuestras instituciones, enseguida aflora la indignación.

Washington piensa ahora a Cuba con visión de futuro, de ahí que busque aliados en las nuevas generaciones. Ya lo había anunciado el presidente Obama en su discurso en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso: “Estoy apelando a los jóvenes cubanos, que son los que van a levantar algo, a construir algo nuevo”. En su encuentro público con representantes del sector no estatal también prometió becas, financiamiento y apoyo de distinta índole a quienes califica como emprendedores.

No sorprende, entonces, que en este nuevo contexto de relaciones comiencen a aparecer iniciativas como la de World Learning, ONG subvencionada por la Agencia Internacional para el Desarrollo (Usaid), que trabaja en colaboración con el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

(cubadebate.cu)

(cubadebate.cu)

De acuerdo con las declaraciones de algunos de los participantes de este proyecto dirigido a adolescentes de entre 16 y 18 años, se trata de un curso de verano interesante a primera vista, pues plantea promover el intercambio cultural, entablar relaciones con la sociedad estadounidense mediante inserción en una familia anfitriona, conocer un poco de la historia de ese país, sus modos de vida, entre otras ofertas llamativas cuyos gastos los asume la organización.

El momento instructivo consistía en un adiestramiento en oratoria, gestión de proyectos, construcción de redes, conferencias sobre democracia y derechos humanos. “Poco a poco el curso fue adquiriendo un matiz ideológico; en las encuestas había que, sutilmente, comparar ambos sistemas políticos”, contaba el exbecario Alejandro Sánchez y agregaba: “teníamos que implementar un proyecto positivo desde el punto de vista de que se encaminaba a solucionar problemas comunitarios, pero a través de vías ajenas a nuestra institucionalidad”.

Para nadie es secreto que la verdadera intención de quienes apostaron por el lanzamiento de estas becas es crear, paulatinamente, plataformas alternativas, como las que existen hoy con los autoproclamados “medios alternativos de comunicación”, para acentuar lo que la política norteamericana denomina “empoderamiento de la sociedad civil”. No se puede ser ingenuo ante tales cometidos. ¿Por qué razón querría Estados Unidos promover este tipo de actividad, si no para inocular su ideología, su manera de ver el mundo y moldear las mentalidades de aquellos que todavía están en el proceso de formación de sus conciencias?

No hay que ser analista para percatarse de que se trata de la expansión del sistema de valores estadounidense; lo que se proponen construir son líderes de opinión capaces de fomentar una red de reclutamiento a su favor, planean moderar el pensamiento revolucionario en el que hemos sido forjados, y aplicar la técnica de la seducción deslumbradora, mostrando las supuestas divinidades de un sistema altamente industrializado a costa de buena parte del mundo, y que concentra las riquezas en unos pocos y, ante todo, se preocupa por perpetuar su hegemonía como primera potencia mundial.

Mitin de repudio contra la subversión, en la Cujae

(Foto: Oriol de la Cruz)

Los cubanos conocemos de sobra el mito del sueño americano. Quizá sean ellos los que sepan poco sobre el sueño martiano. Entendemos que su sistema, en su versión más feroz, se basa en el consumismo, es en esencia egoísta, defiende los intereses individuales por encima de los colectivos, es insensible ante el dolor y la miseria ajena, y muchas veces, para que unos tengan éxito es necesario que otros fracasen, imponiéndose al final la ley de la selva.

Si verdaderamente pensaran a nuestro favor, promoverían becas enfocadas a desalojar el subdesarrollo de esta parte del hemisferio. ¿Acaso ha disminuido gracias a ellos la pobreza en nuestra región, por qué no se olvidan de sistemas políticos y, como dijo Raúl, aceptan nuestras diferencias y trabajamos en pos de un beneficio mutuo, empezando con el fin del bloqueo?

A sabiendas de todo ello se alzaron las voces de nuestra juventud, consciente de las “buenas intenciones” del camino al infierno. Es hora de reivindicar nuestros valores: hermandad, solidaridad, dignidad y compromiso. Y de defender nuestra soberanía. En eso nunca habrá discrepancias.

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Redacción Digital

 
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