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Publicado el 27 Noviembre, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

FIDEL

Crónica tras una noche de noviembre

 “Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”

 

Por MARYAM CAMEJO

Pasó como viento por las calles, los pasillos, rebotó en los rincones y subió los edificios de esta isla, la tristeza pesada y profunda que se coló en las casas, y se asentó en los pechos de la gente. El aire olía a lágrimas y a 90 años de historia. La súbita noticia de la muerte de Fidel, nuestro Fidel Castro, transformó una noche de noviembre en despedida, en adiós, en el cierre de un capítulo de la vida de este pedazo de tierra con forma de caimán, y su lucha tremenda por la soberanía y la dignidad. Así se pegan las palabras de Fidel al tiempo, y perduran como ideas, estandartes a llevar en el presente para que esta tristeza pesada se torne en fuerza, resistencia y línea ideológica de futuro.

Mucho se ha dicho sobre su capacidad de ver en perspectiva cada herida de este planeta nuestro: los muros que nos dividen en territorio de ricos y pobres, explotadores y explotados, brechas que separan el mundo entre primeros y terceros.

“Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra”, dijo en 1992, “no más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana… Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”. Con estas palabras en la Conferencia de la Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en Río de Janeiro, Fidel dio muestras, una vez más, de ser un hombre en extremo preocupado por el mañana de la humanidad, por lograr llegar a la esquina donde, al fin, el curso de la historia siga el camino de equidad y justicia para cada ser humano.

Todos los problemas de este hogar llamado planeta, cada asunto que amenaza la vida del hombre, Fidel las enumeró, alertó sobre ellas y delineó vías para solucionar lo que aún hoy es muy difícil de revertir. Agotamiento de la capa de ozono, calentamiento resultante del efecto invernadero, precipitaciones ácidas y otras varias formas de deterioro ambiental. Pero “¿qué atención pueden ser capaces de prestar a estos problemas cientos de millones de seres humanos, si todas las horas del día, un día tras otro, semana tras semana y año por año durante todas sus vidas, se invierten en la lucha angustiosa y desesperanzada por sobrevivir?”

Con el siglo XXI de horizonte, Fidel dilucidó los dos pasos agigantados que debían darse para eliminar la amenaza sobre la vida de la Tierra: por una parte lograr la sustitución de la cultura consumista y derrochadora del mundo industrializado, por un modo de vida que tienda al uso más racional de los recursos; y por otra, propiciar un cambio radical en las condiciones socioeconómicas del Tercer Mundo, donde existen numerosos hambrientos, enfermos, desposeídos e ignorantes. “Pero ello requeriría de una generalizada conciencia mundial”.

¿Cómo crear entonces este sentido de responsabilidad frente a la vida, la perdurabilidad de lo que conocemos, en la manera en que lo conocemos, y a su vez, de aniquilar todo tipo de desigualdad? Insistente Fidel, acertó al afirmar que la pobreza del Tercer Mundo está asociada de manera estrecha a la degradación del medio ambiente, relación que resulta en la degradación de la tierra, la desertización, las inundaciones y la sequía, el empeoramiento de la calidad del suministro de agua potable, la pérdida de los suelos y de la diversidad biológica, y otras dificultades ecológicas.

Fidel analizó la dimensión ambiental de la interdependencia entre el mundo subdesarrollado del Sur, atrasado y pobre, y el mundo industrializado del Norte, para concluir que, si realmente existía la aspiración de garantizar una seguridad ecológica futura, debía procurarse que la explotación indiscriminada del medio ambiente no se viera acentuada, como aun es hoy, por la indiferencia ante el derecho al desarrollo de tres cuartas partes de la humanidad.

A través de todas esas ideas de temperatura universal, y hurgando en aquellos conceptos por los que recorrió la línea borde de la muerte muchas veces, despedimos a la persona, pedazos de tiempo vividos por muchos cubanos dispuestos a pararse en una Plaza, defender una Revolución, y decir adiós, a un hombre de bien, mientras sobrellevamos el peso de la tristeza y, como diría su gran amigo Gabriel García Márquez, se nos arruga el sentimiento.

 


Redacción Digital

 
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