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Publicado el 26 Noviembre, 2016 por Arsenio Rodríguez en Nacionales
 
 

Mi jefe Fidel

Fidel, por todo lo que aquí explico y más, , ha sido y será mi jefe en este proyecto político que continua Raúl y la actual dirección del Partido, acompañados de nuestra juventud, que han hecho suyas las ideas del invicto Comandante en Jefe y lo llevan adelante

 

Por Arsenio Rodríguez

No es que haya pertenecido al Ejército Rebelde o a la escolta del Comandante, pero siempre lo consideré mi jefe, categoría que nunca le dí a ninguna de las personas que dirigían los lugares donde trabaje, ni siquiera en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Siempre, sin embargo, lo consideré mi jefe, primero como un simple obrero que escuchaba sus discursos con atención, sin comprender muchas veces las valoraciones que pudiera estar haciendo sobre situaciones políticas dentro y fuera del país. Tanta era mi ignorancia.

Así fue que un 13 de marzo fui uno más de los miles que fuimos a la Universidad de La Habana para escucharlo, en memorable discurso que cambió radicalmente mi vida, pues fue el momento donde hizo el llamado a las “armas estratégicas”, que finalmente fueron las Tropas Coheteriles Antiaéreas (TCAA).

Después de los aplausos y los vítores a Fidel y a la Revolución cubana, regresé a mi casa y al día siguiente me plantearon en mi centro de trabajo si estaba dispuesto a ingresar en las FAR. En esta ocasión no pude negarme, como lo había hecho ante otros llamados, simplemente porque no me gustaba la vida militar.

Cumplida mi participación como cohetero logré entrar en la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana. Ya como estudiante comencé a participar en cada una de sus visitas, que eran muchas y donde puedo asegurar que aprendí más que en las aulas universitarias.

Era a fines de la década de los sesenta y no todos eran incondicionales del proceso. Recuerdo que como dirigente de la escuela tuve que enfrentarme  a un profesor que ante la noticia de su presencia no daba permiso a abandonar el aula, por lo que me vi obligado a contradecirlo y dejan sentado que cada vez que llegara se suspendía la clase que fuera.

Como obrero primero de una fábrica de hielo, empleado después de un almacén de víveres,  soldado en las TCAA, como estudiante universitario, funcionario del CC del PCC y periodista, siempre fui un soldado de Fidel, sin que él me conociera, pero conjuntamente con la mayoría de mi generación lo reconocíamos no solo como nuestro jefe, sino como Comandante en Jefe del proceso revolucionario.

Graduado como periodista tuve la posibilidad de estar cerca del Jefe, incluso poder hablar con él o estar presente en reuniones donde solo éramos varias personas, lo que me llenaba de orgullo. Pienso en mi participación en las mesas redondas, primero cuando la lucha por el regreso del niño Elián y finalmente en las primera dedicadas a la situación internacional.

Fueron varias veces en las que pude confirmar lo que ya sabía, la condición humana del este líder y su grandeza como pensador y defensor de sus ideas, con la misma valentía en su condición como militar, primero en la guerrilla y luego al frente de la colaboración dada a otros pueblos del mundo.

En los años 70, cuando llegó la primera delegación comercial argentina, Fidel los visitó en el hotel Riviera y para mi sorpresa nos dijeron que todos nos convertíamos en su escolta, lo que se confirmó cuando llegó al lobby acompañado de uno solo de sus compañeros de armas, lo que nos obligó a rodearlo y cuidarlo.

Recuerdo haberlo visto durante una de las ferias internacionales en las afueras de La Habana, montar, junto a varios ministros, el auto que lo trasladaría de un stan a otro, apiñados, como uno más, como si estuviera en medio de la Sierra Maestra.

He tenido la posibilidad de participar en conferencias de prensa donde impactaba a los colegas de otras naciones, muchos de ellos sin el menor interés político o con inclinaciones izquierdistas, pero que terminaban aceptando sus valoraciones por el peso de sus argumentos. Gracias a sus enseñanzas tuve el conocimiento necesario para enfrentarme a enemigos dentro y fuera del país, así como ayudar a amigos que podrían estar confundidos por la prensa.

Fidel, por todo eso, ha sido y será mi jefe en este proyecto político que continua Raúl y la actual dirección del Partido, acompañados de nuestra juventud, que han hecho suyas las ideas del invicto Comandante en Jefe y lo llevan adelante.

 


Arsenio Rodríguez

 
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