0
Publicado el 27 Noviembre, 2016 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Objetivo: Fidel

Fidel Castro ha sido el líder político más perseguido en la historia contemporánea. Varias centenas de complots homicidas fueron planeados en su contra, algo probado, incluso, en documentos oficiales desclasificados por el gobierno de Estados Unidos
El líder invicto de la Revolución cubana Fidel Castro, burló más de 600 intentos de asesinato planeados en su contra

El líder invicto de la Revolución cubana Fidel Castro, burló más de 600 intentos de asesinato planeados en su contra

Por FABIÁN ESCALANTE FONT

Fidel Castro ha sido el líder político más perseguido en la historia contemporánea. Varias centenas de complots homicidas fueron planeados en su contra, algo probado, incluso, en documentos oficiales desclasificados por el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, como para restar importancia a la gravedad de estas acciones, políticos de ese país han afirmado que esos atentados fueron solo unos pocos, como si uno no bastara para hacer de ello algo deleznable.

El gobierno de Estados Unidos no solo fue responsable de estos complots, sino que también sus agencias contrataron al “sindicato del crimen organizado”, la mafia, para iguales fines, algo inaudito y sin precedentes históricos.

Igualmente desplegó intensas campañas de “guerra sicológica” para la consecución del crimen, lo que trajo como resultado que cientos de contrarrevolucionarios de origen cubano, unas veces con los medios entregados por ellos y otras influidos por las campañas realizadas, se propusieran asesinar al dirigente cubano.

Un ejemplo de lo anterior fue la “operación botín” desencadenada por Estados Unidos a través de su emisora oficial “la voz de las Américas”, en la cual en una programación dirigida a Cuba, puso precio a las cabezas de los dirigentes cubanos, especialmente a la de Fidel.

¿Preparados para matar?

Las investigaciones realizadas han permitido documentar que, en total, fueron conocidos por los servicios de seguridad cubanos 634 complots homicidas durante el período 1958-2000, en diferentes estadios de planificación; sin mencionar los que pudieron no haber sido descubiertos o se abortaron por cuestiones ajenas a la intención de sus planificadores.

De ese conjunto, 167 fueron proyectos homicidas que se encontraban en fase de ejecución al momento de ser desmantelados. Contaban con los medios, la oportunidad y los ejecutores determinados a ello. Fracasaron por la vigilancia popular, la acción de los servicios de seguridad o por la cobardía de los autores. De ellos, al menos 60 estuvieron a cargo directamente de la CIA, y de esos, 10 en contubernio con la mafia.

Al profundizar en su estudio, siguiendo la historia de la Revolución cubana y la impronta de Fidel, el punto de partida es en fecha tan temprana como la del asalto al cuartel Moncada del 26 de julio de 1953.

Así, los complots criminales se relacionarán directamente con el desarrollo de la revolución misma, es decir, los escenarios socio-político-económicos existentes en cada una de sus etapas, que definen a los enemigos que enfrentan.

El período marcado por el asalto al Moncada, el exilio en México, la lucha en la Sierra Maestra posterior y el derrocamiento de la dictadura de Batista, agrupa los intentos de envenenamiento, mientras estaba preso en Boniato; la cacería iniciada tras la libertad obtenida en 1955 seguida del exilio en México, donde agentes de la CIA como John Maples Spiritto vigilaban sus movimientos. Y finalmente, los fallidos intentos en la Sierra, donde Eutimio Guerra primero y luego, a finales de 1958, el estadounidense Alan Robert Nye, por orientaciones del FBI y la policía batistiana, intentarían su asesinato, para frustrar la revolución en curso.

Un segundo corte se inicia con el triunfo de la Revolución y se extiende hasta abril de 1961. Se corresponde con el proceso de implementación del programa del Moncada. En ese período tuvieron lugar dos importantes intentonas contrarrevolucionarias: la conspiración trujillista y la de Huber Matos, ambas con los mismos fines y el apoyo estadounidense, pero con inspiraciones diferentes.

La primera, integrada por batistianos exilados, casquitos, oligarcas nativos y renegados, dirigidos por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, con el fin de reinstalar el régimen anterior en Cuba. Mientras, la otra, fue organizada por disidentes a la Revolución que aun ostentando cargos y atributos otorgados, pretendían mediante una asonada militar presionar a Fidel para desembarazarse de los “izquierdistas” del Ejército Rebelde. Esta etapa aparece descrita en una interesante conclusión del Departamento de Estado:

[…] el período de enero a marzo (1959) puede ser caracterizado como la luna de miel con el gobierno de Castro. En abril se hizo evidente un giro descendente en las relaciones… En junio habíamos tomado la decisión de que no era posible alcanzar nuestros objetivos con Castro en el poder y acordamos acometer el programa referido por Mr. Marchant. En julio y agosto habíamos estado delineando un programa para reemplazar a Castro. No obstante, algunas compañías en Estados Unidos nos informaron durante ese tiempo que estaban alcanzando algunos progresos en las negociaciones, un factor que nos causó atraso en la implementación de nuestro programa. Las esperanzas expresadas por estas compañías no se materializaron. Octubre fue un período de clarifi-cación. El 31 de octubre, de acuerdo con la CIA, el Departamento sugirió al Presidente la aprobación de un programa en correspondencia con lo referido por Mr. Marchant. El programa aprobado nos autorizó a apoyar a los elementos que en Cuba se oponían al gobierno de Castro, mientras se hacía que la caída de Castro fuera vista como resultado de sus propios errores…”

Al estilo Hollywood

En los comienzos de 1960, la CIA, hasta entonces envuelta en conspiraciones de rosablanqueros y renegados, decide formar una Fuerza de Tarea para derrocar al gobierno cubano, integrada por sus mejores expertos provenientes del golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala, al tiempo que el coronel JC King, jefe de la División para A. Latina, recomendaba:

“En Cuba existe una dictadura de extrema izquierda que si se le permite mantenerse, estimularía actividades similares contra posesiones norteamericanas en otros países latinoamericanos… Se debe analizar a fondo la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que están cerca de él, como su hermano Raúl o su compañero Che Guevara, atraen a las masas de manera tan hipnótica. Muchos conocedores piensan que la desaparición de Fidel aceleraría considerablemente la caída del actual gobierno… “.

En este período, la Agencia contratará a la mafia norteamericana para que al peor estilo hollywoodense asesine al líder cubano. Para tales fines, oficiales de la CIA concertarán con la mafia de Chicago y Florida, una encabezada por Sam Giancana y John Rosselli, y la otra por Santos Traficante Jr. Además, pondrán sus modernos laboratorios a inventar venenos, tabacos explosivos, polvos depilatorios, etc, para facilitar la misión a sus nuevos aliados.

En 1961, después de la victoria de Girón y con el Socialismo proclamado, la CIA incrementará recursos y medios, y crea en enero de ese año un departamento denominado ZR/Rifle, exclusivamente para tales propósitos, lo que inicia una nueva fase.

Entre las operaciones más importantes de entonces, estuvieron las proyectadas en julio de 1961 para asesinar a Fidel y también a Raúl, en la capital y en Santiago, respetivamente, en el marco de una operación de auto provocación en la Base Naval de Guantánamo. Luego sucede el conocido complot de la Terraza Norte del Palacio Presidencial, donde proyectaban disparar al líder con una bazuca. Después, en 1963, se dan el intento de envenenamiento en el Hotel Habana Libre y el disparo a traición en la escalinata Universitaria el 13 de marzo. Finalmente, se desarticula otro hecho organizado por la CIA con la participación del ex comandante Rolando Cubela Secades, quien debía asesinar a Fidel con un poderoso veneno, y propiciar simultáneamente un golpe militar en el país.

Nuevas tácticas en ambas aceras

En 1966 la contrarrevolución interna fue derrotada definitivamente, con la desaparición de sus bases de sustentación. Sin embargo, los complots, las conspiraciones y los planes de atentado aumentaron. Miles de horas radiales, propaganda escrita, rumores y todo medio de difusión fueron utilizados para estimular la elimi-nación física de Fidel Castro. Solo la vigilancia popular, la solidaridad, el instinto del jefe revolucionario, además de la moderna y confiable protección de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, impidieron tales pretensiones.

La cuarta etapa que se inicia en los comienzos de los setenta y llega hasta finales de siglo, va a encontrar a la seguridad cubana en condiciones de penetrar los centros terroristas de la CIA y neutralizar así varios de los complots homicidas planeados. Entre los más destacados de entonces se encuentran el de Chile, en 1971, en ocasión de una visita de Fidel, y más tarde, en 1976, cuando la CIA supuso que el dirigente cubano viajaría a la proclamación de independencia de la República Popular de Angola, planeó derribar el avión donde viajaría, hecho denunciado por el propio Fidel en ocasión del acto popular realizado en la despedida de duelo de las victimas del avión cubano dinamitado en pleno vuelo en la Isla de Barbados.

A partir de entonces la CIA y sus aliados comenzaron una cacería internacional. Aprovechar los viajes del líder cubano para ejecutar el crimen fue la táctica. Probablemente el más sobresaliente de los complots de entonces, y que caracteriza aquella etapa, ocurrió en noviembre de 2000, durante la X Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica que se desarrolló en Panamá. Una potente bomba debería estallar en el teatro de la Universidad de ese país, donde el dirigente cubano haría uso de la palabra.

Lo ocurrido en el transcurso de 41 años, lapso en que se planearon más de 600 complots homicidas contra Fidel Castro, es revelador. En un  centenar de ellos, al momento de su desarticulación, contaban con los medios, recursos y la oportunidad para ejecutarlos. Si no es récord es un buen average.

¿Por qué esa persecución obsesiva?, cabría preguntarse. No solo por su estatura como estadista y pensador de sensibilidad humana. Por el antimperialismo raigal que lo caracterizó, su fe en el socialismo y el convencimiento de que un mundo mejor es posible. Pero, sobre todo, por el impacto de la Revolución cubana en América Latina y el mundo. Sin duda alguna, el mundo es diferente, Fidel y su Revolución ayudaron a transformarlo, derrotando desde las dictaduras latinoamericanas hasta el apartheid sudafricano.

Hoy, frente al dolor por su pérdida se comprueba que todos aquellos esfuerzos diabólicos por eliminarlo fueron en vano. Su ejemplo vive y más aún la satisfacción por su obra imperecedera. Rindamos siempre homenaje a este, nuestro Fidel, gladiador invicto de la historia contemporánea americana y mundial.

 


Redacción Digital

 
Redacción Digital