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Publicado el 30 Noviembre, 2016 por Marta Sojo en Nacionales
 
 

FIDEL

Tres grandes silencios

La Plaza de la Revolución José Martí recoge una historia que abarca momentos de seriedad, alegrías y hasta lágrima

Por: MARTA G. SOJO

(Foto: Bohemia)

(Foto: Bohemia)

La Plaza de la Revolución impresiona en cualquier circunstancia. Cuando está en solitario, porque la noche es hora de reposo. También de día, cuando los habitantes capitalinos están en los alrededores o los turistas se detienen a tomar fotos y admirar el monumento a Martí. O cuando sirve de tribuna para diversas fechas conmemorativas, y a veces llorar por hechos dolorosos que debimos enfrentar en nuestro país.

Tres veces he visto la Plaza impactada por el recogimiento, el silencio, e incluso el sufrir de cientos de miles de ciudadanos, que conmueven.

El primero, en 1967, sucedió cuando Fidel anunció la muerte de Ernesto Che Guevara. Aquella Plaza desbordada de personas, sobre todo jóvenes, que sentían como propio el deceso de ese ser con unos valores y convicciones dignos de admirar. Tanto es así que el mundo le sigue rindiendo homenaje, y su rostro en la foto más conocida de él que le hiciera el fotógrafo cubano Korda, la podemos encontrar en cualquier rincón del planeta.

Esa tarde noche se lloró mucho, pero de una manera callada, el silencio también imperaba en el ambiente.

El segundo fue en 1976, cuando el ataque terrorista de Barbados que derribó un avión de Cubana de Aviación con más de 70 personas a bordo, entre ellos los deportistas de esgrima que venían felices con las medallas ganadas en una competencia en Venezuela.

(escambray.cu)

(escambray.cu)

Fidel convocó al pueblo a rendir tributo a las víctimas de tan cruel atentado, cometido por la lacra contrarrevolucionaria radicada en el exterior. La respiración de los presentes en la Plaza era casi imperceptible, la mudez lo abarcaba todo, a pesar de esa multitud que se esparcía por todos los alrededores, que sufría la pérdida de los pasajeros y tripulantes inocentes, quienes se convirtieron en un familiar allegado que nos decía adiós.

Y llegó el presente, año 2016 del siglo XXI, y la Plaza volvió a sentir el sabor amargo de la tristeza. Esta vez sentíamos la pérdida de aquel que tantas veces nos convocó para rendir tributo a otros que perdieron la vida, por una causa, o en manos de la injusticia.

El silencio volvió a imponerse, el recogimiento, la disciplina de todo el pueblo. Esta vez perdimos a Fidel. Pensábamos que sería inmortal, por eso nos sobrecogió la realidad de la vida, nacer y morir.

Esta vez muchos incorporaron a sus atuendos un pieza de ropa, negra, o blanco y negro, en señal de luto. Si las veces anteriores que nos hemos reunido en la Plaza de la Revolución José Martí, parecía que éramos un mar de personas, ahora se convirtió en un Tsunami de gentes.

Ni fotos, ni videos pueden abarcar en su totalidad la inmensidad de humanos que llegan hasta allí para rendir homenaje al líder y que no queríamos que muriera. Así lo sienten. Surge espontánea esta acumulación de público en la despedida. Firman el libro que les compromete a darle continuidad a su legado. Nadie los obliga, nadie les dice ve. Surge de dentro, de sentimientos sanos de admiración hacia una persona que hizo mucho por Cuba, y por sus habitantes. Es imposible tapar el sol con un dedo.

(telesurtv-net)

(telesurtv-net)

Y esto lo estoy escribiendo antes del anochecer del día 28 de noviembre, en que seguro se triplicará la multitud. Personalidades extranjeras, e incluso aquellos que estudiaron en Cuba por los planes educacionales creados para la solidaridad entre los pueblos, u otros simplemente admiradores de cómo dijeron algunos, el Grande de los Grandes, llegaron a La Habana. Estarán también acompañando al pueblo cubano, no en último adiós, lo veo como en un reconocimiento a su labor, a su inteligencia, a sus ideas nobles y sinceras.

Y repito, no le decimos adiós, aunque el silencio se mantenga o se fortalezca esta noche en la Plaza, y las lágrimas broten. Personas como Fidel no solo permanecen en el corazón de cada uno, también en cada palmo de lo que él realizó. Fidel estará siempre ahí.


Marta Sojo

 
Marta Sojo