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Publicado el 20 Diciembre, 2016 por Toni Pradas en Nacionales
 
 

SERVICIOS MÉDICOS DE LAS FAR

Batas blancas con charreteras verdes

El Hospital Militar Central Carlos J. Finlay, cuna de la medicina militar cubana, brinda servicios asistenciales, docentes e investigativos de alto nivel científico
Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay.

Por sus méritos, en el año 2013, el Consejo de Estado de la República de Cuba le otorga al hospital la Orden Carlos J. Finlay

Por TONY PRADAS

Todavía recuerda Noel Ramos Peña, el Curro, el momento en que el Che Guevara le sacó una muela a sangre fría, con una pinza, en la Sierra Maestra. El médico argentino no tenía a mano anestesia para asistir al joven guerrillero que luchaba bajo su mando, mas debió tomar esa decisión para alejarle el insoportable dolor radical.

Así de precario era entonces el servicio médico de la naciente fuerza armada revolucionaria, si bien al terminar la lucha insurreccional contaba ya con algunos modestos hospitales de campaña.

De hecho, el Che, quien tras el combate de Alegría de Pío se vio forzado a decantarse como combatiente, en detrimento de su deber como médico –responsabilidad que tenía al abordar el yate Granma–, nunca pudo abandonar del todo su profesión durante la guerra, pues apenas contaba el Ejército Rebelde con un puñado de doctores. En toda Cuba, recordemos, si acaso había unos 6 000.

Pasados 60 años, el Curro es atendido por los servicios médicos de las FAR, que a diferencia de los de su antecesor, el Ejército Rebelde, sí cuentan con todos los recursos necesarios para operarle de la cadera en el Hospital Militar Central Doctor Carlos J. Finlay, en el municipio habanero de Marianao.

La evolución de El Curro tras la intervención quirúrgica del doctor Alexander Roller Bravo ha sido tal, que el especialista en Ortopedia y Traumatología decidió darle el alta médica a los tres días. El fallo acetabular –así le llama la ciencia a cierta desviación que suele ocurrirles a las prótesis de cadera, pasados los años– fue corregido y ha recuperado el brío del otrora soldado de orden 9, de la vanguardia de la Columna Invasora número 8, Ciro Redondo.

Doctor Alexander Roller Bravo.

El doctor Alexander Roller Bravo, civil de la Defensa, decide darle el alta médica a Noel Ramos Peña, el Curro, combatiente de la Sierra Maestra.

Como él, muchos combatientes de la Sierra, la Clandestinidad, la Lucha Contra Bandidos, Playa Girón e internacionalistas, aquellos que trenzaron la épica con la mística en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, llegan al Finlay y reciben la atención personalizada de la coronel (r) Bibiana Pérez Porras. Esta cirujana, trabajadora del hospital desde 1962, es la primera mujer que se graduó de Medicina después del triunfo de la Revolución (1967) –por tanto, la primigenia del Minfar–, además de ser fundadora de los servicios médicos militares que crearan los comandantes doctores José Ramón Machado Ventura y José Ramón Balaguer Cabrera.

Estos servicios garantizan el fortalecimiento de la capacidad física y psíquica, así como la disposición combativa de las unidades, mediante la promoción, la prevención y el control de la salud. Se rigen por los principios de la administración militar y el cumplimiento de las normas y regulaciones emitidas por el Ministerio de Salud Pública. Además, se interrelacionan con el Sistema Nacional de Salud para planificar el aseguramiento médico de la Guerra de Todo el Pueblo.

Los servicios abarcan desde las unidades y estados mayores hasta los ejércitos, y se redondean con siete hospitales que brindan atención a oficiales, sargentos, soldados, cadetes, camilitos y trabajadores civiles de la Defensa, así como a la población regionalizada.

Cinco centros sirven a los diferentes ejércitos: el Hospital Militar Doctor Mario Muñoz Monroy, de Matanzas; el Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Villa Clara; el Doctor Octavio de la Concepción y de la Pedraja, de Camagüey; el Hospital Militar de Holguín y el Doctor Joaquín Castillo Duany, de Santiago de Cuba.

En tanto, son hospitales centrales el Doctor Luis Díaz Soto (antiguo Naval, al este de La Habana) y el ya mencionado Finlay.

“Eso a uno lo impacta

“Lo que más me impacta del Finlay es la gama de servicios que posee; su personal, joven pero experimentado, y los profesionales, altamente calificados, con gran trayectoria en especialidades médicas y quirúrgicas”, medita el teniente coronel Julio Andrés Pérez Salido, director del hospital y especialista de primer grado en Medicina General Integral Militar (MGI), Intensivista e Interna.

El doctor Pérez Salido habla a BOHEMIA sobre el Centro de Traumatología del hospital, bien rico en especialistas. “Eso a uno lo impacta”, confiesa y no oculta su orgullo, pues es de referencia en la ciudad. Pero es difícil adivinar cuál es la asistencia de su preferencia: menciona, de los suyos, los centros especializados en Dermatología, Rehabilitación, Intervencionismo Cardiológico, Imagenología, Oxigenación hiperbárica y Otorrinolaringología.

Hoy son 43 servicios los que brinda el hospital militar, aun cuando se encuentra en medio de un proceso inversionista. Un amplio número de médicos, personal de enfermería y tecnología de la salud vierte sus conocimientos en 35 especialidades de las ciencias médicas, bien sea en la faena hospitalaria o en misiones de aseguramiento como maniobras militares, desfiles y otras.

Según el teniente coronel Pérez Salido, esta institución es además la base material de estudio fundamental para la formación de cadetes de la Universidad de Ciencias Médicas de las FAR y residentes de diferentes especialidades militares del sistema nacional de salud.

Con vocación científica, el hospital ha firmado una decena de convenios con el Centro Nacional Coordinador de Ensayo Clínicos (Cencec), para el estudio de varias vacunas contra el cáncer, el Neuroeco (para problemas cerebro-vasculares) y el Surfacén (para el síndrome de distress respiratorio agudo o SDRA, en pediatría). Asimismo desarrolla cinco proyectos de ciencia y técnica.

Médicos del Hospital Militar Finlay en la batalla contra el ébola.

Médicos del Hospital Militar Finlay también estuvieron presentes en la batalla contra ese enemigo imperceptible, pero de armas tomar, que es el ébola.

Una entrega diferente

“Profesionalmente somos como otros médicos, pero en lo moral las FAR nos hacen diferentes”, dice con satisfacción el teniente coronel Joel Alberto Fleitas Alonso, especialista en Medicina Interna y jefe del servicio de Medicina del Finlay.

Fleitas es fundador de la Brigada Internacional Henry Reeve, con la cual ha combatido en los campos de la salud en Pakistán, tras un sombrío sismo en 2005; y en Guinea (Conakry), durante la epidemia de ébola de 2014 que azotó además a Sierra Leona y Liberia.

“Salimos con el objetivo de salvar vidas y cuidarnos nosotros”, recuerda el doctor Fleitas su misión contra un enemigo que solo conocía por libros, como mismo otros especialistas de 15 países. Pero a diferencia de estos, quienes permanecían durante unas pocas semanas, los cubanos se afincaron en Guinea por siete meses, uno más que sus compatriotas en Sierra Leona y Liberia. “Nos dimos cuenta que la entrega de los médicos cubanos era diferente, sobre todo en el humanismo”, hace balance el teniente coronel.

“Unimos lo mejor de los colaboradores de otros países con algunas acciones nuestras y fuimos capaces de hacer un protocolo de tratamiento propio, con el que logramos reducir el índice de mortalidad por debajo de 40 por ciento, cuando la expectativa aceptable era 90”, rememora.

Su compañero en Guinea, el capitán José Eduardo Díaz Gómez, revela anécdotas que no contaron ni a sus familiares, de cuando estuvieron amenazadas sus vidas o del peligro por enfermedades, comunes allá, como el paludismo y el VIH. Resume: “Si algo logramos fue la disciplina, y nosotros como militares la aportamos”.

Y añade el especialista en MGI, Cuidados Intensivos y Emergencias Médicas: “Cumplimos con la tarea y con la idea de regresar con vida, para demostrarle al mundo lo que hicimos los cubanos”.

Momentos de una historia

En 1899, tras intervenir Estados Unidos en la Guerra del 95, la Sanidad Militar norteamericana se asienta en Marianao, en casas de campaña, y se instala la comisión que estudia las teorías del doctor Carlos J. Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla. Durante la segunda ocupación, ya en barracas de madera, es el Hospital General de Ejército. La dictadura de Gerardo Machado lo reconstruye con pabellones de mampostería, lo moderniza y lo abre en 1927 como Hospital Militar Doctor Arístides Agramonte. El dictador Fulgencio Batista lo inaugura en 1943 y en 1946 concluye la construcción del edificio central, que pasa a llamarse Hospital General Doctor Carlos J. Finlay.

En 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro lo designa Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay. El Centro de Urgencias, uno de los más elogiados, se inaugura en 1988 y en 2004 se inicia el proceso inversionista y la Misión Milagro. En 2008 se vincula como centro docente de la Universidad de Ciencias Médicas de las FAR.

En 2010 se estrena el Banco de Sangre y luego se amplían las capacidades de las Unidades de Atención al Grave y Salones de Urgencias. En 2012 se ponen en marcha los servicios de oxigenación hiperbárica y el Centro de Audiología.


Toni Pradas

 
Toni Pradas