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Publicado el 12 Diciembre, 2016 por Rafael Pérez en Nacionales
 
 

ABASTECIMIENTOS

¿Cómo funciona Loma de Tierra?

De la unidad 1024 dependen todos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Su misión es organizar y controlar la recepción de medios materiales, y abastecer a los mandos y unidades
Teniente coronel Miguel Bernal Pérez, jefe del almacén de armamentos

Teniente coronel Miguel Bernal Pérez, jefe del almacén de armamentos.

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

La primera pregunta de este reportaje era imprescindible. Y no era necesario ser periodista para hacerla. ¿Cómo llegamos a esa unidad, Loma de Tierra? “Si salen de BOHEMIA vayan por Boyeros, suban el puente, calle 100 hacia el Cotorro hasta el final. Queda a la izquierda. Se encuentra con las paredes pintadas de amarillo y los techos en rojo”, nos dijo unos días antes por teléfono su jefe de trabajo político, el teniente coronel Ariel Mesa Reyes, a quien no le gusta retratarse, pero ante la insistencia de nuestro equipo de trabajo consintió.

La verdad es que resultó muy fácil llegar. Y muy fácil realizar nuestro trabajo. Uno iba dudando, a pesar de todo, si nos estarían esperando (¡así fue!); si, pese a que todo ejército tiene secretos, iba a poder fluir la información necesaria (¡así fue!).

En la puerta no permanecimos más de dos minutos, a la espera de una llamada reglamentaria que permitiera nuestra entrada. Allí hay una valla: BIENVENIDOS. Unidad Militar 1024. Fundada el 31 de marzo de 2013. Base Central de Abastecimiento.

“Pueden dejar el carro en el parqueo. Y vayan para La Casona, allí los esperan”, nos dijo muy cortés un militar en la puerta.

No había pérdida para identificar a La Casona, donde se encuentra la jefatura. La componen varias áreas, todas protegidas por un techo conocido como de aguas. “Se construyó en 1920, perteneció antes del triunfo de la Revolución a un cuñado de Bacardí, el del ron con ese apellido”, nos dijo Elenia Domenech Guerrero, quien hace 11 años labora aquí y es secretaria del jefe de la unidad.

Como nos pareció una especie de historiadora, le preguntamos: ¿Por qué se le dice Loma de Tierra? (una interrogante para la que otros no tuvieron respuesta). “No lo sé. Quizás porque cuando se hicieron las construcciones de los caminos por aquí se fue creando un montículo. Pero, realmente no sé”.

(Buscamos en Ecured, la enciclopedia cubana en línea, y no logramos la confirmación, pero sí enterarnos de que en Loma de Tierra vivió el famoso escritor Alejo Carpentier).

¿Cuál es la función?

La importantísima misión de la 1024, o si se prefiere, de Loma de Tierra, es la misma que leímos a la entrada. Vamos a ampliarla: organizar y controlar la recepción de los medios materiales que llegan allí desde la industria nacional y la importación.

Una vista de La Casona.

Una vista de La Casona.

Claro que hay la necesaria seguridad en el lugar, para la cual se han tomado las medidas correspondientes, incluyendo el empleo de medios técnicos y de la técnica canina.

Cuando se trata de proveer a la zona occidental, la transportación se realiza en camiones. La fórmula para la central y oriental la vimos en nuestro recorrido a pleno sol: locomotoras y vagones (algunos refrigerados).

El anfitrión que nos acogió al inicio resultó muy eficiente: el primer teniente Yerandi Delgado Pérez, 28 años de edad, nueve de ellos en esta unidad. Llegó movilizado en 2007 por el Servicio Militar, proveniente de Guáimaro, Camagüey. “Ahora son jóvenes de Ciego de Ávila y de Sancti Spíritus”, nos dice. Él, es oficial de Trabajo Político-Ideológico, aunque ya en esta fecha debe estar dedicado, a tiempo completo, por dos años, al estudio de la Licenciatura en Ciencias Sociales.

Unos datos imprescindibles: la 1024 cuenta con más de 250 contratos de suministros y más de 130 de compra venta; en la plantilla, el 72 por ciento son mujeres; se han trasladado este año, hacia los territorios central y oriental, cuatro mil 444 toneladas.

Buscando historias

El teniente coronel Mesa Reyes, un rato después de aceptar que lo fotografiaran, fue respondiendo algunas preguntas. La unidad tiene ómnibus para el traslado del personal. Hay, como está reglamentado por las FAR, dos comedores: uno para oficiales; otro para soldados y trabajadores civiles.

Una responsabilidad crucial tiene el teniente coronel Miguel Bernal Pérez: es el jefe del almacén de armamentos. Quizás por eso nos recibió tan solemne, aunque luego terminó sonriendo. ¿Qué funciona bien aquí? “Todo, todo tiene que salir bien. No puede haber fallos. Estamos hablando de armamentos”.

El teniente coronel Carlos Alberto Muchulí Andarcio, jefe de dirección y control, del grupo de dirección y abastecimiento, señaló: “Debemos velar por la fidelidad entre lo que está en los documentos y en los almacenes”.

Estuvimos por los albergues, con capacidad para 74 personas. Parecen acogedores. Todo muy limpio. Baños bien acondicionados; ventiladores, lámparas funcionando y, ¿sorpresa?, dos teléfonos. Hay que trabajar fuerte para mantenerlo todo bien, pues son muchas personas, nos dijo el teniente Robelquis Ramos González, jefe de la compañía de carga y descarga.

Era necesario buscar también algunas anécdotas:

María Elena de Cárdenas Tamayo, jefa del depósito de servicios médicos, nos contó: “Una vez se solicitó un equipo y por su alto valor pensamos que era muy grande. Cuando llegó, venía en un sobrecito, era una ruedita”.

Vivian Mercedes Carmona Reyes, trabajadora civil, se encontraba en la unidad durante nuestra visita, pese a estar de cumpleaños. “Nosotros en las FAR no tenemos día. Eso va en la conciencia. Llevo 22 años en esta unidad y aquí los he pasado todos”.

Muy interesante la visita al museo

El primer teniente Yerandi Delgado Pérez, cuando estuvimos por la zona dedicada al museo.

Bonita responsabilidad

El día fue de mucho ajetreo para el jefe de la unidad, coronel Osvaldo Esquivel Tabares. Había tenido allí dos reuniones, al parecer muy importantes. Por eso, en vez del primero, fue el último con quien conversamos, aunque evidentemente estuvo al tanto de todo. Durante la conversación entró en su oficina un general de brigada, solo para saludar al equipo de BOHEMIA, y también, como todos, tenía buen humor.

Esquivel lleva en el puesto dos años y un mes. En la mirada se le nota satisfacción por lo que hace. Este cargo, dice, además de la responsabilidad que supone, permite ser creativo, desplegar la iniciativa, tanto para mejorar las condiciones de vida del personal como en la propia tarea del almacenamiento, para lograr que los víveres y demás productos lleguen a donde deben. “Es un trabajo colectivo. Aquí reina el sentido de que hay que hacer las cosas, y hacerlas bien”, explicó.

“He aprendido de todos, jóvenes soldados y oficiales. Los soldados no escatiman ni tiempo ni día para cumplir cualquier tarea. Y debo tener en cuenta además temas de personal, finanzas, relaciones entre las instituciones. Me veo obligado a prepararme. Llevo 35 años en las FAR. Me trataron con mucho respeto cuando fui cadete y trato de inculcarlo así a todos los oficiales. Quiero no dejar de mencionar la calidad del batallón de carga y descarga, y también la de los civiles”, dijo.

Uno de los orgullos en la unidad fue una visita de Raúl, el 23 de noviembre de 2014. Nos contaron que hizo un recorrido bastante similar al que ahora realizó el equipo de nuestra revista.

Habían pasado unas cinco horas desde que llegamos a Loma de Tierra. Cuando nos marchamos, fue con una impresión positiva, por la organización, limpieza, responsabilidad, consagración, buen ambiente… en todo lo cual a los civiles nos vendría muy bien aprender de los militares.


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez