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Publicado el 9 Diciembre, 2016 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

EJÉRCITO JUVENIL DEL TRABAJO

El secreto es hacer bien las cosas

Diversas y complejas tareas vinculadas al desarrollo económico del país ha cumplido esa tropa surgida hace 43 años. Con su eficiencia y tenacidad ha conquistado un sitio de honor en la historia laboral de la Isla y la admiración del pueblo
Construcción de vías férreas.

Las fuerzas del EJT que trabajan en las vías férreas han eliminado muchas precauciones que existían debido al mal estado de la línea

Por MARIETA CABRERA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Desde la carretera, la construcción de tejado rojo y paredes azules resalta en el paisaje serrano. A primera vista parece un sitio para el descanso, pero quienes allí habitan sudan bastante la camisa. Es la granja integral cafetalera 24 de Febrero, del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), ubicada a 17 kilómetros del poblado de Cruce de los Baños, perteneciente al municipio de Tercer Frente, en Santiago de Cuba.

La tarde de mediados de septiembre que el equipo de BOHEMIA visitó ese campamento los soldados mejoraban a golpe de pico el pequeño acceso de piedras formado sobre el lecho de un río, que permite el paso hacia las plantaciones de café existentes en aquella parte del lomerío.

El mayor Roger Savigne Suárez, jefe de la granja desde 2013, y el resto de su colectivo, recorren una y otra vez ese camino para realizar el control a las actividades agrotécnicas del café. “Con el café no se puede perder tiempo. En junio último unas lluvias adelantaron la maduración del grano y de inmediato los soldados y trabajadores civiles lo recogieron, lo cual reportó a la entidad casi 50 mil pesos de ingresos”, ilustra Savigne.

La misión de esta unidad es sembrar café, desarrollarlo y recolectarlo. Luego, lo vende a la empresa cafetalera del municipio que dispone de la tecnología para su beneficio, que incluye despulparlo, secarlo, trillarlo, y dejarlo listo para tostar o exportar.

Mientras recorremos el cafetal, dos soldados con un arria de mulos bien cargados pasan como una flecha loma abajo. “Van para la despulpadora a vender el café”, comenta el jefe de la granja. “En ese lugar, aclara, el comprador pesa el producto y lo revisa. Si tiene mala calidad nos baja el precio. Cuando es de primera la lata vale 161 pesos, si es de segunda, 134”.

En 2015 los resultados económicos de la entidad del EJT sobrepasaron los 400 000 pesos (de un plan de 350 000) por la calidad y venta del café, refiere Savigne Suárez, y agrega que en 2016 prevén crecer un cinco por ciento en relación con el año anterior.

En plena cosecha el salario mensual promedio de los soldados es de 800-900 pesos y algunos, como Ernesto Reytol Rodríguez, han llegado a ganar 1 500. “Cuando el café está bien maduro recojo alrededor de siete latas en cada jornada”, afirma el joven. Añade que aunque le descuentan una parte del sueldo por la alimentación, el vestuario, el calzado y los artículos de aseo personal que recibe, la cifra es mínima. “La comida siempre es buena y pagamos cuando más 38 pesos”, ejemplifica.

En el área central del campamento hay varios canteros donde crecen diferentes especias que son usadas en la elaboración de los alimentos, explica el mayor Savigne. “Allá arriba –dice apuntando para un terreno aledaño– tenemos sembradas viandas para el autoconsumo y también criamos animales con igual fin. Tratamos de ponerles a los trabajadores en la mesa siete u ocho platos diariamente; la jefatura me da cinco, los otros los buscamos nosotros”.

Cándido Quintana Prieto cumple desde hace ocho meses su servicio militar activo en la entidad. “Nos levantamos a las seis de la mañana y a las siete menos diez ya estamos llegando al campo. Trabajamos bastante, pero no nos falta nada”. Paralelamente, al igual que en el resto de las unidades del EJT, recibe un ciclo de preparación militar, que le permite cumplir misiones como la de los integrantes de cualquier otra unidad de las FAR.

Mejoramiento de las condiciones de vida.

El mejoramiento constante de las condiciones de vida del personal es prioridad del EJT.

“También tenemos tiempo para la recreación”, afirma el joven. “Escuchamos música, realizamos intercambios deportivos con los pobladores de la zona y disfrutamos, junto con ellos, de las actuaciones del Conjunto Artístico Integral de Montaña, de la jefatura territorial, el cual nos brinda actividades frecuentemente”.

Consciente de su responsabilidad en medio de esa sierra, el mayor Savigne agradece las enseñanzas que le ha aportado el EJT desde que ingresó en sus filas como soldado, hace poco más de dos décadas. “Cuando llegan las seis de la tarde el jefe tiene que pensar cómo cuidar aún más a estos jóvenes que se hallan lejos de sus familias, y darles lo que les corresponde para que se sientan como en su casa”, refiere. Los soldados permanecen en la granja 24 días y salen de pase seis. “Cuando no están aquí -declara el oficial- los extraño porque estoy acostumbrado a andar con ellos de un lado para otro, como un padre con sus hijos”.

Relatan los muchachos que el jefe de la granja suele autorizar a los que tienen novia en la comunidad El Laurel, contigua a la unidad, para que la visiten un rato durante la noche. Les dice a qué hora deben regresar, y si no llegan, manda a alguien al poblado para averiguar qué sucedió porque no solo conoce a la prometida de cada uno, sino a las familias de ellas.

Nacido en el municipio de Segundo Frente, el mayor Roger Savigne admite su gusto por la agricultura y, en especial, por el cultivo del café. “Soy hijo de campesinos y siempre he estado apegado a la tierra”, dice rotundo.

Bendita locura

No muy lejos de la unidad 24 de Febrero, pero en el borde mismo de la carretera se halla la finca Salto El Chivo, una de las diez que integran la granja integral cafetalera del EJT Los Baños. Marcial González Arocha, técnico medio en Agronomía y jefe de la finca, se ajusta la gorra desteñida y observa a un soldado que humedece con el agua de un tanque la postura de café antes de plantarla.

Adecuada selección de semillas.

El sostén de la renovación de las plantaciones radica en hacer una buena selección de la semilla y un adecuado trabajo en el vivero.

“Estamos haciendo siembra nueva para aumentar la producción y los rendimientos”, explica Marcial a los reporteros. Con tal fin aplican en una hectárea de la finca el método vietnamita que consiste en hacer un hoyo de 80 centímetros de ancho por 80 de profundidad, donde echan tierra y materia orgánica mezclada con fertilizante, de seis meses a un año antes de plantar la postura.

“De esa manera vamos formando el suelo donde está muy degradado. Cuando no llueve, para echarles agua a las matas la acarreamos con los burros desde el río que nos queda a 50 metros.  A veces cargamos agua durante semanas, pero si cae un buen aguacero podemos estar un mes sin volver a hacerlo porque son plantas que están protegidas por la sombra y conservan la humedad adecuada”, comenta Marcial.

Mientras enseña con orgullo una plantación de café sembrada cinco años atrás, evoca que entonces “muchas personas pasaban por la carretera y se reían cuando nos veían echándoles agua a las maticas. Pensaban que estábamos locos porque les poníamos guano para resguardarlas del sol en las áreas donde el piñón no brindaba aún la sombra necesaria. Hoy el rendimiento de esa área está en 150 quintales oro por caballería.

“Esta labor exige sacrificio, pero aquí me siento bien y, además, me gusta enseñar a los soldados”, refiere Marcial González, trabajador civil del EJT hace casi tres décadas.

Luis Enrique Licea Suárez admite que en estos 17 meses en el servicio militar ha aprendido mucho de agricultura junto a Marcial. “Mi padre –cuenta el soldado– tiene café sembrado en su finca, pero los conocimientos que poseo sobre este cultivo los he adquirido en el EJT. Ahora puedo ayudarlo porque sé atender la planta en el vivero, hacerle el deshije, fertilizarla…”.

Esa cercanía entre el hombre que conoce la tierra y el soldado que viene del llano es una práctica de la que han bebido los jefes y oficiales del EJT. Sobre todo desde que sus tropas dejaron de ser un apoyo a la agricultura y transitaron, en 1994, hacia un nuevo modelo de producción en la montaña: las granjas integrales militares, administradas por los oficiales y trabajadores civiles que integran el consejo de dirección de la entidad.

El coronel Raúl Chávez Martínez, quien dirige la Jefatura Territorial del EJT en Santiago de Cuba, recuerda que en los primeros tiempos, a la par de la preparación que recibían los oficiales en el orden militar y para ejercer la administración, se fueron nutriendo de la fuerza agrícola calificada.

“Captamos técnicos agrónomos que nos pudieran ayudar desde el punto de vista administrativo en la granja. Además, estudiamos cómo el campesino cultivaba el café y nos dimos cuenta de que era preciso dividir las áreas en fincas, es decir, en una porción más pequeña que permitiera mayor control económico y de la producción”.

Agrega el oficial que trabajan cumpliendo las indicaciones del Minagri para el desarrollo cafetalero, así como los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados por el VI y el VII congresos del Partido.

Hoy, las ocho granjas cafetaleras del EJT en ese territorio oriental tienen resultados económicos satisfactorios, asevera el coronel Chávez, y agrega que cuentan con todos los recursos necesarios para la zafra 2016-2017, ya en marcha.

Paralelamente, laboran en la recuperación de los cafetales. Cuentan con 432 hectáreas renovadas y en 2020 prevén tener todas las áreas transformadas en plantaciones jóvenes. “El café se halla en un proceso de crecimiento y el Ministerio de la Agricultura está invirtiendo en la creación de nuevos campamentos dentro de nuestras unidades.

Alta producción de huevo y carne de aves.

En la finca La Faisanera hay 11 000 gallinas ponedoras y son acopiados alrededor de cinco mil huevos diarios.

“Por ejemplo, en Valle Frío, situado en el Tercer Frente, había una Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) que tenía pérdidas y hoy existe un campamento del EJT. Allí se han sembrado 26.72 hectáreas de café nuevo con una calidad extrema porque el clima y el terreno son buenos, y este año se van a plantar 13 más”, afirma el coronel Chávez.

Entre los protagonistas de tales logros están los trabajadores que laboraban en la UBPC. “El secreto está en educar al hombre, enamorarlo de la tarea y llevarle a punta de lápiz lo que produce”.

Encarrilando las vías

Claudio Orlando Hernández Bejerano le sabe un mundo a los trenes. Desde hace tres décadas trabaja en los ferrocarriles, ahora como jefe de turno en la estación de Bayamo, en Granma, pero también fue conductor. Refiere que antes de que los soldados del EJT laboraran en la rehabilitación de las vías férreas, estas se hallaban copadas de marabú.

“Las ramas rozaban en las ventanillas de los vagones y obstruían la visibilidad de las señales del reglamento de operaciones en la vía. En los últimos tiempos, el cambio ha sido progresivo y se han eliminado muchas precauciones que existían debido al mal estado de la vía, las cuales limitaban la velocidad de los trenes”.

Pero la presencia del llamado cuarto ejército en la actividad ferroviaria comenzó a mediados de la década de los años setenta del siglo pasado. En esa época se destaca la construcción del ferrocarril central, donde los soldados de entonces construyeron y ensamblaron alrededor de mil kilómetros de vías. En la línea Sur, se ejecutaron tareas de reparación y mantenimiento a más de 2 200 kilómetros, especialmente en los tramos Maceo, de Oriente, y Nuevitas, de Camagüey.

Al referirse a tal hazaña el general de ejército Raúl Castro ha dicho que las vías férreas tendidas por el Ejército Juvenil del Trabajo en nuestro país cubren prácticamente la distancia entre La Habana y Santiago de Cuba por la vieja carretera central.

Hoy, en el campamento Sakenaff, en las afueras de la ciudad de Bayamo, hay dos pelotones dedicados al mantenimiento y reparación de dichas vías. “Se trata de una tarea estratégica por lo que significa la transportación por ferrocarril para la economía del país, y responde al Lineamiento 272 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, expresa el teniente coronel Guillermo Columbié Concepción, a cargo de la Jefatura Ferroviaria Oriente del EJT, que abarca las provincias de Granma, Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo.

Recuerda que la labor en los viales fue retomada por las fuerzas del EJT en todo el país en 2009. “En la región oriental creamos los primeros campamentos un año después. Empezamos con una estructura de batallones y en 2012 se organizaron las cuatro jefaturas territoriales existentes en la actualidad”.

Alexander David Aguilera Sánchez, de 19 años, integra uno de los pelotones radicados en Sakenaff. Son cerca de las once de la mañana y él, junto a otros soldados, recoge con una pala la gravilla que contribuye a la fijación de la vía. Hace 18 meses que ingresó en el servicio militar y aunque es un muchacho menudo muestra destreza en la labor. “El trabajo es duro, pero se hace”, dice el joven bayamés.

La fuerza más productiva, organizada y disciplinada de nuestra agricultura.

En 1992 Fidel calificó al EJT como la fuerza más productiva, organizada y disciplinada de nuestra agricultura.

“Yo he cobrado aquí hasta 550 pesos. Lo más difícil es la colocación de traviesas porque hay que abrir una cajuela a pico limpio, de 50 centímetros de profundidad, y después entre cuatro cargar la traviesa que pesa 520 libras y colocarla en ese lugar”. Agrega que también ajustan los tornillos, y chapean la cama de la vía.

Para realizar con seguridad y calidad dichas tareas los soldados reciben una preparación previa durante un mes por parte del personal técnico de la Empresa de Ferrocarriles de Oriente y de oficiales conocedores de la labor, asegura el teniente coronel Guillermo Columbié.

“Lo primero que les enseñamos es el uso de los medios de protección de acuerdo con el trabajo que realice, y las medidas de precaución”, recalca el oficial y agrega que cada soldado cuenta con sombrero, faja, muñequera, guantes, y protectores para que no se corte mientras chapea.

“Cuando los muchachos comienzan en estas labores vinculamos a dos de nuevo ingreso con dos experimentados. No obstante, cada vez que se va a hacer un trabajo técnico los asesores muestran con anterioridad, de forma práctica, en qué consiste”.

Precisa que este año deben garantizar el mantenimiento y la reparación de 275 kilómetros de vía. A mediados de septiembre habían concluido 207 kilómetros, “por lo que no hay dificultades para cumplir el plan”, afirma.

Para Claudio O. Hernández Bejerano, el veterano ferroviario, la presencia de los soldados en las vías férreas tiene otro lado positivo: “que muchos se puedan quedar trabajando con nosotros en el ferrocarril”, confiesa esperanzado.

Algunos lo han hecho, sobre todo graduados del instituto politécnico ferroviario de San Luis, en Santiago de Cuba, informa el teniente coronel Columbié, y especifica que ocho jóvenes optaron por el curso de maquinista y ya están laborando.

El soldado Juan José Aleaga Masó seguirá esos pasos. Estudió técnico de nivel medio en mantenimiento y reparación de equipos ferroviarios en dicho instituto y piensa trabajar de mecánico en el taller de Bayamo, ciudad donde vive. “Cuando inicié el servicio militar sabía hacer algunas de esas labores, pero en estos 13 meses he aprendido muchísimas cosas”, reconoce el joven.

Fuerte desarrollo del movimiento de artistas aficionados.

En el campamento del Conjunto Artístico Integral de Montaña, varios artistas y aficionados durante un ensayo.

Arte, monte adentro

En La Piñuela, poblado del municipio de Buey Arriba, en territorio granmense, tiene su campamento otra tropa, cuyos integrantes reafirman su vocación cada vez que cargan con sus instrumentos y equipos para adentrarse en el corazón de las lomas. Creado el 30 de octubre de 1992, el Conjunto Artístico Integral de Montaña (CAIM) del EJT en Granma ha repartido su arte a manos llenas durante estos años.

El mayor Ramón Mauriño Rodríguez, jefe de ese colectivo, explica que lo integran siete soldados y 30 trabajadores civiles, graduados de instructores de arte y de las escuelas de enseñanza artística del país. “Actúa en granjas del EJT, así como en comunidades y escuelas del Plan Turquino, en los municipios de Bartolomé Masó, Buey Arriba y Guisa. También se presenta en unidades militares regulares, y en otros escenarios convocado por las organizaciones de masas y políticas del territorio.

“El CAIM realiza una labor cotidiana de apreciación y creación artística con niños y jóvenes de todas las enseñanzas, además de los adultos. Asimismo, asesora a los aficionados en las especialidades de música, danza, teatro, artes plásticas y literatura”, apunta Ramón Mauriño, y agrega que entre otros reconocimientos, el colectivo mereció la réplica del machete del Generalísimo Máximo Gómez.

Estudiantes de la Universidad de Granma admiten cuánto han aprendido desde que se vincularon como aficionados a ese colectivo. Hany Cebreco Acosta cursa el quinto año de Medicina Veterinaria y asegura que además de adquirir conocimientos sobre danza ha tenido la oportunidad de saber más sobre la vida en las comunidades.

“El conjunto guía a los adultos y a los niños con deseos de pintar, bailar, actuar. En los poblados que visitamos los muchachos ven además que en la universidad no solo se estudia una carrera sino que es un espacio para el desarrollo artístico”.

Durante una función improvisada en el patio del campamento, el equipo de esta revista pudo apreciar la calidad de las propuestas del CAIM, el cual se nutre de las tradiciones culturales de los asentamientos poblacionales de la zona.

Héctor Muñoz Sosa, a quien todos llaman Pineli, llegó al conjunto en 1993 y se quedó definitivamente. “Me gusta este trabajo. Llevar la cultura a los soldados, a los trabajadores, a los campesinos, lo enaltece a uno como artista y ser humano. Nos interesamos por sus problemas y eso es lo que representamos, por ejemplo, en una obra de teatro”.

Profesor de generaciones de jóvenes que han hecho sus pininos en el conjunto artístico, Héctor solo tiene una respuesta para quienes se sorprenden de que aún siga recorriendo la serranía, cuando en otro lugar podría tener incluso mejor salario: “Aquí lo tengo todo y soy querido por todos”.

Producción de café.

En la cosecha pasada, la granja 24 de Febrero sobrecumplió su plan por la calidad y venta del café. Ahora, prevén crecer un cinco por ciento en relación con el año anterior.

Trabajamos más, pero ganamos más

Los caficultores del Escambray, en el centro de la Isla, se sienten privilegiados por el clima que predomina en ese macizo. “El café de aquí es el de mayor calidad del país, con el que se elaboran los surtidos Crystal Mountain que se venden a mejor precio en el mercado internacional”, refiere el ingeniero agrónomo Duniesky Mosquera López, quien trabaja desde hace una década en el EJT.

Tres granjas cafetaleras situadas en el municipio de Cumanayagua, provincia de Cienfuegos, son atendidas por las fuerzas de ese ejército con buenos resultados económicos. También tienen a su cargo una granja agropecuaria que cuenta con cuatro fincas. Una de estas es Mayarí, la cual se halla a un kilómetro del borde de la carretera que conduce de Topes de Collantes a Cumanayagua, y está dedicada al desarrollo porcino.

Asimismo, participan en el desarrollo cafetalero en esta parte del país las vecinas provincias de Sancti Spíritus y Villa Clara, con el fomento de nuevas áreas y la renovación de plantaciones del preciado fruto.

El teniente coronel Rolando Álvarez Aranda, a cargo de la Jefatura Territorial del EJT en el Escambray, explica que el propósito es tener 200 reproductoras y producir anualmente 240 toneladas de carne. “Esto será posible por las mejores condiciones de la nueva instalación donde estará la finca. Ahora producimos 79 toneladas para el abastecimiento de nuestra tropa y la venta a la población en los sitios que determinen el gobierno y el delegado de la agricultura en el territorio”.

A unos 15 kilómetros de la finca Mayarí, cerca del poblado El Cafetal, está La Faisanera, destinada a la producción avícola. Anexy Echeverría Arteaga, jefe de la granja, refiere que tienen 11 000 gallinas ponedoras y acopian alrededor de cinco mil huevos diarios. “El plan es de un millón 400 000 huevos y debemos concluir el año con un millón 800 mil.

“En carne de ave tenemos un plan de 20 toneladas que ya cumplimos, y debemos entregar cinco toneladas más en lo que resta del año. La proyección para 2017 es producir 30 toneladas de carne y dos millones de huevos, debido a la experiencia adquirida por los trabajadores y al remplazo de animales viejos por nuevos. Paralelamente, producimos 25 o 30 toneladas de cultivos varios, sobre todo plátano vianda y de fruta, malanga, yuca y otros”, acota Echeverría.

“El destino de dichos productos –precisa el teniente coronel Rolando Álvarez– es satisfacer las necesidades de nuestros trabajadores, de quienes viven en asentamientos poblacionales de la montaña, y el excedente se vende a la población de forma directa, sobre todo en las ferias que se organizan en las cabeceras municipales. En el caso del huevo, vendemos a los trabajadores hasta dos cartones en el mes a 50 centavos la unidad, y el resto se expende a la población”.

En una de las naves, Doris Jáuregui Hernández coloca en los cartones los huevos que acaba de recoger. “Comencé a trabajar aquí en el 2000 y desde que el EJT dirige la granja, hace tres años, he visto cambios favorables. Ahora trabajamos más, pero ganamos más; en un mes he cobrado dos mil y pico de pesos”.

Relata Víctor Romero Muñoz, también trabajador civil de la entidad, que en los años sesenta del siglo pasado allí se criaban faisanes. “Había una planta de incubación y toda la raza de gallina campera y criolla que hay en el país salió de aquí”, rememora. Para este lugareño pertenecer al EJT es garantía de muchas cosas: “Nos brindan una alimentación adecuada, ropa, zapatos, y nos pagan bien por lo que hacemos”.

Garantizando el regadío.

Cuando no llueve, soldados de la finca Salto El Chivo acarrean el agua de un río cercano para garantizar la vitalidad de las plantaciones

Huella multiplicada

Quienes conocen la historia más reciente del Ejército Juvenil del Trabajo hablan de su presencia además en la campaña antivectorial, y del codazo que dio a los especuladores cuando plantó, contra viento y marea, su red de mercados agropecuarios en el país. Sin embargo, quizás pocos sepan que sus miembros construyeron centros educacionales y científicos, instalaciones turísticas, viviendas, y restauraron en el malecón habanero las luminarias dañadas en 1993 por la Tormenta del Siglo.

Pero si alguien tiene buena memoria porque guio durante más de dos décadas al EJT, es el general de cuerpo de ejército Rigoberto García Fernández, ya retirado. En una entrevista concedida en 2016 a la colega Vivian Bustamante, habla sobre el aporte de ese ejército a la zafra azucarera. “Se menciona poco, pero no es cosa de juego que ya excedan las 177.1 millones de toneladas de caña cortadas, equivalentes a más de veinte millones de toneladas de azúcar. Por eso cumplió o sobrepasó su plan en 39 de las 46 zafras en que ha participado”.

Por los éxitos de esta tropa en su afán por hacer parir la tierra, Fidel la calificó, en 1992, como “[…] la fuerza más productiva de nuestra agricultura, la más organizada, la más disciplinada”. Veinticuatro años después, sus integrantes siguen a pie de obra, con la laboriosidad y la sencillez del hombre de campo, del obrero, y el arrojo del combatiente de primera línea.


Parto feliz

El Ejército Juvenil del Trabajo nace el 3 de agosto de 1973, cuando se unifican la Columna Juvenil del Centenario y las Divisiones de Infantería Permanentes. Surgió para resolver la escasez de fuerza de trabajo en tierras camagüeyanas.

Cuenta con cuatro jefaturas territoriales cafetaleras e igual número de cañeras, una antivectorial y un batallón en la Ciénaga de Zapata para la repoblación forestal.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera