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Publicado el 21 Febrero, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Asunto de familia

Familia cubana.

(foto: juventud ebelde)

Si hay un grupo que resulta fundamental para el desarrollo, es la familia. Su evolución en el tiempo ha mostrado diversos patrones y estereotipos, y hoy, finalmente, resulta ideal ver la formación de las nuevas generaciones como una responsabilidad compartida por todos sus integrantes, sin menospreciar el impacto de factores sociales.

En Cuba, el Código de Familia, vigente desde 1975, estableció la igualdad de deberes y derechos entre los cónyuges con el fin de equiparar el peso de sus obligaciones. Ese fue el tercer cuerpo jurídico de su tipo establecido en América Latina, después de los de Bolivia (1972) y Costa Rica (1973), con una perspectiva progresista para su tiempo.

Sin embargo, en la práctica continuó predominando el apego a antiguos modelos patriarcales que ubicaban a la mujer al centro de las responsabilidades de la vida familiar, aun cuando sus roles sociales se iban transformando, a partir de una mayor presencia y protagonismo en el espacio público.

Esto condujo a una doble y hasta triple jornada de las madres, encargadas de la educación de sus hijos, el cuidado del hogar y su propio desarrollo profesional. Y hasta hoy, el equilibrio tantas veces demandado no termina de concretarse, en tanto la subjetividad social aún impone barreras, en ocasiones solapadas por un doble discurso, para hacer valer cotidianamente la equidad de género.

Varios han sido los empeños por garantizar este principio y desarrollar una conciencia social que lo ratifique en la realidad. Recientemente, dos decretos-leyes y cuatro resoluciones se sumaron al conjunto de normas que amplían el respaldo ya expreso en la Ley de Maternidad de la Trabajadora.

Tal vez, la más relevante de esas nuevas disposiciones sea la posibilidad de extender a los abuelos maternos o paternos, trabajadores, el cuidado del niño hasta su primer año de vida, facilidad que desde 2003 también reciben los padres, aun cuando muy pocos se han acogido a esa opción.

A pesar de que en no pocos hogares son las mujeres quienes aportan el mayor sustento económico, el machismo todavía presente tiende a desconocer ese liderazgo y función proveedora en la familia, además de que hoy en la familia afloran otras complejidades en su composición y funcionamiento.

En el análisis del tema destacan las Jornadas de Maternidad y Paternidad Responsable, ya en su cuarta edición, encabezadas por el Cenesex y que han tenido como fin fundamental cuestionar los estigmas y estereotipos asociados a las madres y los padres, así como amplificar la concepción acerca de las familias.

La mayor visibilidad de distintas configuraciones familiares, con dinámicas y conflictos propios, impone ahondar sobre esta temática e identificar vacíos, incluso desde el plano normativo legal, que aún limitan el desarrollo funcional y estable de los nuevos modelos.

Fenómenos como la emigración externa e interna, el impacto del período especial y del bloqueo estadounidense de gran incidencia en la sociedad cubana, sumado a factores como los altos índices de divorcio –el 50.5 por ciento de los menores de 17 años no residen con ambos padres–, complejizan el panorama de la familia.

¿Por qué resulta necesario llamar al compromiso colectivo para propiciar un ambiente seguro, saludable, libre de violencia, que garantice el bienestar psicológico y físico de los infantes?

Como seres sociales, nuestra formación y desarrollo trasciende el mero espacio del hogar: la comunidad, la escuela, los amigos, y hasta el acceso a las nuevas tecnologías, más los programas que cada tarde transmite la televisión, suelen ser influyentes en la educación de los menores.

Por otra parte, los referentes para el ejercicio de la maternidad y la paternidad usualmente provienen de saberes legados por la tradición, y aunque hay mucho de valioso en estos, también son portadores de lacerantes prejuicios. De ahí que sea un constante reto traducir en práctica cotidiana y colectiva valores y principios que apunten al crecimiento integral, como la igualdad de género y la inclusión social.

Los límites impuestos por antiguos estereotipos reducen a los hijos sus posibilidades de convertirse en seres humanos plenos, seguros e independientes, capaces de construir esa sociedad de justicia e igualdad que todos esperamos.

En una sociedad como esa se esperan madres y padres que asuman la educación desde el diálogo y la comprensión, sin reproducir patrones de violencia enmascarados en la autoridad, que puedan entender las necesidades de una realidad cambiante, con nuevos conflictos, pero también con muchas posibilidades.


Redacción Digital

 
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