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Publicado el 11 Febrero, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Enrique Varona: una centuria haciendo azúcar de caña

Llega el Varona a su primer siglo con una dignidad productiva que nadie negaría, plantado de manera intransferible en los más altos peldaños de la emulación nacional azucarera
Con caña procedente de suelos malos, el Varona sigue aportando excelente azúcar. (Foto: Invasor)

Con caña procedente de suelos malos, el Varona sigue aportando excelente azúcar. (Foto: Invasor)

Ciego de Ávila.- El pasado 31 de enero  el central refinería Ecuador, de la provincia de Ciego de Ávila, perforó el éter con el pitazo anunciador de su primer siglo de molida. Coincidentemente, en año, este sábado, quienes integran la plantilla del ingenio Enrique Varona vivirán un momento de similar trascendencia, al completar, también, una centuria haciendo azúcar de caña.

¡Y en qué forma está el “viejito”!, dice un moreno cincuentón, mientras observa la chimenea del central, a filo del mediodía.

En principio, supongo se refiere al “apetito” con que la industria mastica, hace jugo y lleva al grano toda la caña que camiones, remolques y vagones de ferrocarril sean capaces de embutirle.

Al instante me percato de que en la frase está presente, además, el seguro paso de la fábrica, más allá del césped provincial.

Y es que llega el Varona a su primer siglo con una dignidad productiva que nadie negaría, plantado de manera intransferible en los más altos peldaños de la emulación nacional.

La producción de azúcar se comporta al 145 por ciento con respecto a lo programado hasta la fecha, sobre la base de la estabilidad y eficiencia con que la industria ha molido desde que puso a funcionar sus máquinas, el 28 de diciembre: seis jornadas antes de lo previsto.

Cien años y pide más

Ese saldo productivo no se sustenta en pujanzas a toda costa y a todo costo. Si hoy la tonelada del dulce grano le está costando al Varona apenas el 57,9 por ciento de lo programado, es porque en cada puesto y área de trabajo se sabe bien que, jornada tras jornada, no solo entra en juego la salud del bolsillo individual, sino, también, la del central, el municipio, la provincia, el país.

Por eso, quienes deben llevar las riendas del control no les pierden pie ni pisada al recobrado industrial (85,26), al aprovechamiento del rendimiento potencial de la caña (96,2) o al de la norma potencial (75,55), quizás no a la altura que se desea, a pesar de riguroso pugilato de hombres y mujeres acostumbrados a hacer buenas zafras. Recordemos que, no por casualidad, este ingenio cerró las cortinas de la anterior contienda en el tercer lugar nacional.

De cualquier modo, cuidado con el tiempo perdido dentro de la fábrica: inferior a 10, aunque la nación recomienda no exceder 14.

adalberto-alvarez-350x199La misión es moler y hacerlo con el mayor vuelo. Es lamentable que por razones de corte y tiro, la falta de caña le estrague, aunque sea coyunturalmente, el estómago a un central que pide más, porque con más puede; o que averías en molinos y calderas les arranquen horas al proceso, aun cuando situaciones así pueden ocurrir y lo importante es resolverlas en carrera contra el reloj.

A pesar de ello, Enrique Varona marca buen paso y sigue “al 100”. Habrá que reconocerlo este sábado, cuando, además de evocar aquella primera zafra (año 1917) en que 80 trabajadores produjeron unas 2 242 toneladas de azúcar, alguna voz reafirme la voluntad de los 428 trabajadores que ahora integran la plantilla, para sobrecumplir el plan de la presente zafra. (Tomado de Invasor)


(Dibujo: EcuRed)

(Dibujo: EcuRed)

Enrique Varona González fue un destacado dirigente obrero cubano en la década de 1920. Su labor se basó fundamentalmente en el alto grado de combatividad experimentado durante esos años por el movimiento sindical en Las Villas, Camagüey y Oriente. Fue conocido como El líder de las mil huelgas.

Obrero ferroviario de origen campesino, nació el 11 de abril de 1988, en Consolación del Sur, Pinar del Río, y falleció, asesinado, el 19 de septiembre de 1025, en Morón, ciego de Ávila.

Tras su muerte, el dirigente comunista Julio Antonio Mella Mella escribio: “Hermano luchador, ¿quién hubiera podido profetizar tu final trágico? Líder magnífico. Gigante de cuerpo y de pensamiento. Tú estabas hecho para la vanguardia del ejército proletario. Grande como un gladiador, la misma muerte parecía temerte. Tu palabra desordenada —como la lucha en los campos de Cuba—, era palabra de profeta anunciador de una nueva era. Tu dirección en las formidables huelgas de los centrales azucareros era una esperanza para el proletariado ávido de nuevas conquistas. ¡Salud, general de los bisoños y rojos ejércitos proletarios de Cuba! Cuando pasen los años y el proletariado destruya las tiranías sociales, tú habrás sido también un precursor”


 


Redacción Digital

 
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