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Publicado el 13 Febrero, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Faro Roncali: guardián de las costas en la cola del caimán

Con vigilancia permanente, está considerado de primera categoría, al guiar anualmente a miles de embarcaciones que, procedentes de numerosas partes del mundo, recorren el Mar Caribe y el Golfo de México
cubahora.cu

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Maritza Padilla Valdés

Sandino.- Antes tierra olvidada, hoy muchos atraviesan mares y desandan caminos para llegar a Guanahacabibes, península matizada por la virginidad, el misterio y las leyendas, que aún recorren cada palmo del lugar, una de las seis reservas de la biosfera en Cuba.

Silencioso observador, el faro Roncali, ha contemplado  todo el auge económico y social alcanzado por ese extremo del oeste de la Isla tras el triunfo revolucionario, e impasible, desde su altura de alrededor de 30 metros, continúa enviando sus mensajes luminosos para la orientación del navegante.

Con vigilancia permanente, está considerado de primera categoría, al guiar anualmente a miles de  embarcaciones que, procedentes de numerosas partes del mundo, recorren el Mar Caribe y el Golfo de México y desde hace algún tiempo a cruceros que trasladan viajeros hacia ese istmo, atraídos por su belleza .

El alcance de su luz es de 18 millas con dos destellos cada 10 segundos y ocho segundos de oscuridad, mientras su estado de conservación es uno de los aspectos que más impresiona a quienes lo visitan.

Situado en el último palmo de tierra del archipiélago, su historia se remonta al lejano 1843, cuando la Junta de Fomento comenzó a levantar el expediente para la construcción de la farola, pero sólo cinco años después el capitán general Federico Roncali acogió la iniciativa.

Ya en enero de 1849, llegaron a la región  los hombres especializados, el equipamiento y recursos imprescindibles para acometer la obra con los inconvenientes de aquel lugar inhóspito.

La mayoría de los esclavos fueron contratados a sus dueños teniendo en cuenta el grado de experiencia, pero hasta aquellos predios arribaron también unos culíes chinos, castigados por su rebeldía.
Aquella fuerza heterogénea acometió complejas tareas  durante meses de largas jornadas y a partir de 1850 se laboró también en la edificación de la casa del torrero, que debía concluirse para la fecha de terminación del faro.

Un hecho trascendental para la navegación segura por el extremo más occidental de la Isla, lo constituyó la inauguración de la majestuosa torre el 15 de septiembre de 1850.

El aislamiento de la zona contribuyó a que durante la colonia y la república, los torreros y la guarnición estuvieran expuestos a agresiones por mar o tierra.

Testigo de naufragios y de la acción de corsarios y piratas, a casi 167 años de su ejecución, como el primer día, la mole de piedra caliza coronada por un fanal de cristal que se alza sobre el impresionante paisaje del Cabo de San Antonio, continúa erguida y orgullosa de ser la última en Cuba que ve apagarse el sol. (ACN)


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