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Publicado el 13 Febrero, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Hershey: Un pueblo con dulces recuerdos

Fue uno de los centrales azucareros más grandes de Cuba, el único tren eléctrico y una distribución urbana propia de los llamados “pueblos modelo”, distinguieron a la singular comunidad
Las casas construidas en el pueblo que Hershey fundó sobresalían por los grandes jardines, las chimeneas, las paredes de piedra y los grandes ventanales

Las casas construidas en el pueblo que Hershey fundó sobresalían por los grandes jardines, las chimeneas, las paredes de piedra y los grandes ventanales

Por CLAUDIA MARTÍNEZ CAMARERO
Fotos: Cortesía de la familia Guerrero-Pantaleón, vecinos del poblado de Hershey

Corría el año 1916. En Europa, la Primera Guerra Mundial traía muerte, hambre, destrucción y crisis. Estados Unidos, principal deudor de países como Inglaterra, Francia e Italia, fortalecía su economía, el papel de su moneda en las transacciones internacionales y su condición de potencia.

Uno de los grandes magnates estadounidenses, Milton S. Hershey, famoso por su industria del chocolate, llegaba a Cuba en busca de nuevos mercados azucareros para asegurar la producción de esta, amenazada por la escasez de azúcar de remolacha proveniente de Europa, fundamentalmente.

Míster Hershey intentó primero establecerse en suelos llanos, pero siempre encontró la negativa de los dueños de estos a vendérselos, hasta que decidió construir su ingenio en un terreno alto y con muchas inclinaciones, cerca de Santa Cruz del Norte, actual provincia de Mayabeque, donde todavía se asienta el batey Camilo Cienfuegos (por el nombre que adoptó el central luego del triunfo de la Revolución), mayormente conocido como Hershey.

El pueblo modelo

Milton Snavely Hershey, confitero estadounidense fun-dador de la compañía chocolatera The Hershey Choco-late Company.

Milton Snavely Hershey, confitero estadounidense fun-dador de la compañía chocolatera The Hershey Choco-late Company.

El empresario norteamericano tenía en su haber la experiencia de un tipo de poblado considerado modelo, cuya construcción él mismo propició en su natal Pensylvania, asociada a la fábrica de chocolate que también tenía allí.

Como resultado de la aplicación exitosa del mismo proyecto en Cuba, todavía hoy llaman la atención de quienes visitan Hershey las casas que parecen salidas de libros, de películas estadounidenses, de otra época o de otro lugar. Chimeneas para calentarse en invierno, en medio del clima tropical cubano; grandes jardines, fachadas de piedra, altos ventanales de madera con rejillas protectoras del asedio de los insectos.

Una urbanización en verdad modelo para su época y para el fin económico que la originó, manzanas todas iguales, que sobresalen por la simetría. En el centro estaba ubicada una escuela pública, una farmacia o botica -como se conocía en la época a esos establecimientos-, una clínica y hasta bodegas y carnicerías con grandes neveras de congelación. Existía, además, un club para practicar béisbol y un campo de golf.

Cabe destacar que, entonces, antes de que muchos comenzaran a preocuparse por la protección del medioambiente, Hershey –capitalista atípico, filántropo– mandó a sembrar árboles por todo el poblado para evitar la contaminación.

El único tren eléctrico de Cuba

El poblado se caracterizó por la simetría de sus calles y la presencia de gran cantidad de árboles y jardines

El poblado se caracterizó por la simetría de sus calles y la presencia de gran cantidad de árboles y jardines

Llevar el azúcar desde las entrañas del ingenio hasta la fábrica de chocolate en Estados Unidos requería una estrategia bien pensada. Para ello el magnate creó un servicio de tren eléctrico entre el pueblo de Hershey y Casa Blanca, en la bahía de La Habana. Allí el azúcar cubano era embarcado hacia el norte, para después volver convertido en golosina y ser vendido a quienes lo producían.

No fue esa la única línea de ferrocarriles creada por Hershey. Para que los trabajadores que vivían en territorios cercanos al ingenio llegaran a tiempo fabricó una línea entre Jaruco y Hershey, que según antiguos pobladores de ambos sitios era tan puntual que durante mucho tiempo los relojes de las casas se ponían por el pitazo del tren. Otra línea más fue establecida entre Hershey y la bahía de Matanzas.

La planta eléctrica que daba energía al tren se encontraba dentro del propio central y funcionaba con los subproductos que se originaban del proceso de extracción del azúcar. Además, abastecía de energía eléctrica a las casas del batey y pueblos vecinos.

Alberto Hernández Hernández, jefe del departamento comercial de la unidad empresarial de base Ferrocarril Mayabeque, comentó a BOHEMIA que actualmente los trenes que se encuentran en servicio proceden de Cataluña, España, y fueron fabricados aproximadamente entre 1946 y 1952.

“La energía que usa el tren proviene de una planta rectificadora de corriente que transforma esta de 33 000 a 1 200 volt, como requiere el tren eléctrico. Hoy están en funcionamiento solamente las vías Casablanca-Matanzas y Camilo Cienfuegos-Jaruco”, refirió.

La gran variedad de flora y fauna, y la transparencia de las aguas del río Los Jardines atraen a gran número de personas diariamente.

La gran variedad de flora y fauna, y la transparencia de las aguas del río Los Jardines atraen a gran número de personas diariamente.

A pocos kilómetros de Hershey se encuentran los jardines del mismo nombre, con abundante flora y fauna, y atravesados por el río que en épocas pasadas dio agua al central. Un sitio que antes sirvió de espacio de recreación a los trabajadores del ingenio y hoy acoge a los pobladores cercanos y a quienes llegan desde más lejos, atraídos por la belleza del entorno natural.

Después de casi 40 años de crear su emporio allí, en 1946 el magnate chocolatero decidió vender el ingenio a la Cuban-Atlantic Sugar Company, también estadounidense, y más adelante, con el triunfo de la Revolución, el central Hershey fue nacionalizado, adoptó el nombre de Camilo Cienfuegos y sus índices de producción continuaron siendo de los mejores del país.

El bisabuelo de esta reportera, que trabajó en esa fábrica, recordaba que allí conoció al Che, carretilleando azúcar. De ahí –comentaba– era una foto suya en un periódico de entonces y la evocación, igualmente entrañable, de la vez que le dio la mano a Fidel, un día que se apareció en helicóptero y todos dejaron lo que estaban haciendo para ir a saludarlo.

Cuando era niño, recordaba además, se iba al campo en un caballo regalo del padre, que casi no alcanzaba a montar, a repartirles cantinas de comida a los cortadores de caña, que le pagaban por el servicio unos quilos con los cuales ayudar a la familia. “No todo era fácil y bonito”, decía el bisabuelo, quien por las penurias económicas abandonó la escuela en el tercer grado.

La ruta ferroviaria entre el poblado Camilo Cienfuegos y Jaruco sigue activa hasta el día de hoy

La ruta ferroviaria entre el poblado Camilo Cienfuegos y Jaruco sigue activa hasta el día de hoy

En 2002, fue la última zafra del Camilo Cienfuegos. Debido a la disminución de la producción y a los gastos que generaba, fue cerrado. Hoy, una desgastada y pálida torre, que insiste en mantenerse erguida, puede verse desde lo alto de las lomas del batey. Del central, quedan los recuerdos, que no mueren.

El tren eléctrico, no tan puntual como el que regía los relojes de la época, sigue funcionando. Los pobladores de las zonas cercanas a Hershey aún lo agradecen, y muchos quedan impresionados con su existencia centenaria.

Del batey, algunas casas han sido remodeladas como respuesta de sus moradores ante el implacable paso de los años, pero la esencia del pueblo no se ha perdido. Ya no se siente en el aire el olor a melaza, que a la mayoría causa nostalgia, pero sí se percibe en muchos habitantes el apego a una memoria histórica que bien vale conservar.


Redacción Digital

 
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