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Publicado el 14 Febrero, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Las olas del amor y el 14 de febrero

Estos son días para soñar y halagar, para cultivar la belleza y la bondad, la ternura y la pasión, para anhelar que el 14 de febrero se multiplique durante todo el año, , como en grandes y continuas olas
Olas de amor.

(Abrazar la Vida)

Yasel Toledo Garnache

Esta es una crónica de amor, nostalgias y anhelos, de madrugadas y soles, aunque la escribo en una tarde nublada y con leves gotas hacia abajo. Casi es 14 de febrero, y hay algo distinto en el aire, en las palabras, en los rostros…

Varios enamorados preparan regalos y escriben versos. Aparecen corazones y frases “extrañas” en centros de trabajo, escuelas y otros lugares. Algunos envían confesiones o confirman su sentimiento, flechas imaginarias surcan el viento como rosas sin espinas. Sonrisas, pétalos y suspiros gravitan como nubes de lo posible.

Me recuesto del espaldar de la silla, y presiono lentamente el teclado. Los recuerdos rebotan en mi interior como en cámara lenta, a veces se entremezclan y todo se vuelve caótico.

En ocasiones, el amor adquiere la forma de un manto, símbolo de tranquilidad, pasión y calor, en otras es espejismo capaz de provocar tempestades, por eso me gusta imaginarlo como un océano insólito, con jardines, un aroma seductor y con otros adornos, en dependencia de las circunstancias y los gustos de cada pareja.

Las olas no suelen mantenerse con ritmo estable. El aire puede adquirir más fuerza y dañar lo construido durante meses y hasta años.

Prefiero pensar en el cariño entre mis abuelos, después de cinco décadas de matrimonio. La veo a ella, con su esmero por atenderlo y que vista impecable; a él, con sus chistes, que suelen ponerla un poco seria hasta la llegada de la inevitable sonrisa.

Visualizo a Argelia, pendiente del bienestar de toda la familia, a José y a Mariela, siempre atentos. Él, en voz baja, me dice:

“Compadre, estoy tan enamorado como hace 10 años. Es la mujer de mi vida”. Luego, sonríe y sus ojos brillan de esa manera indescriptible.

Miro también el beso sincero de aquella mujer a su hijo, y al padre con la pequeña en brazos, a una compañera de trabajo que envuelve un obsequio. Me deleito con dos ancianos amorosos o con Elda, quien, según expresa, encontró el amor en una Casa de Abuelos cuando ya ni pensaba en eso, porque algo de lo mejor es esa posibilidad de que surja en un momento inesperado.

Estos son días para soñar y halagar, para cultivar la belleza y la bondad, la ternura y la pasión, para anhelar que el 14 de febrero se multiplique durante todo el año, como en grandes y continuas olas. (ACN)


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