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Publicado el 9 Febrero, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

¿Oro espinoso?

La leña del marabú es de fácil combustión, produce una braza duradera y tiene un poder calórico de 4 654 kilocalorías por kilogramo

Por José Armando Fernández Salazar

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Ha tenido que cambiar su oficio ante el avance indetenible de la especie exótica invasora

Antes aquello era un bosque, allí había un palmar y más adelante una extensa llanura. Manuel me señala todo un paisaje hasta que la vista no me alcanza, pero no encuentro nada de lo que me describe, solo una plantación impenetrable de marabú.

Este campesino de la zona de Manatí, en el nororiente de Cuba, ha tenido que cambiar su oficio ante el avance indetenible de la especie exótica invasora. Ahora se dedica a cortar los troncos de la planta, que en ocasiones puede alcanzar hasta los cinco metros de altura y los 20 centímetros de diámetro, y luego quemarlo en una gigantesca pira hasta que se convierte en carbón.

Al acabar la jornada, Manuel y quienes le acompañamos terminamos cansados y llenos de un tizne difícil de eliminar con el agua. Es una tarea fatigosa pero se ha convertido en una alternativa laboral llamativa para los pobladores de la zona ante el incremento de los precios de compra del Estado y las oportunidades de desarrollo de una industria en torno a esta materia prima, codiciada en Europa por sus propiedades para la combustión.

UNA AMENAZA

22499-fotografia-m-jrSe estima que en Cuba alrededor de un millón de hectáreas cuente con algún tipo de infestación de marabú, la mayoría de ellas en ecosistemas agropecuarios, pero que han comenzado a desplazar especies autóctonas, incluso en áreas protegidas, como ocurre, por ejemplo, en el Refugio de Fauna Monte Cabaniguán-Ojo de Agua, en el golfo de Guacanayabo, donde la presencia de este arbusto ha influido en la amenaza de extinción de aves como el carpintero churroso y el catey.

Alrededro de un 20 % de la superficie cultivable de Cuba estaría cubierta de marabú. Su rápida propagación se debe a sus características genéticas, que la hacen muy resistente a las condiciones climáticas y de suelos del país. A ello se suman las malas prácticas en su manejo, sobre todo en la actividad agropecuaria.

Se cree que fue en el siglo XIX, en Camagüey, cuando se introdujo la especie en Cuba, quizás con fines ornamentales o como consecuencia de una inadecuada cuarentena al ganado procedente de otros países. Y es que si bien el marabú es considerado como una plaga en Cuba, en África y Asia, de donde es oriundo, se mantiene en sinergia con los ecosistemas.

En los últimos años los cubanos hemos conocido mucho más sobre las características biológicas y el manejo adecuado de esta planta. Como parte de un proyecto de colaboración internacional con el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, se realizaron varias experiencias para su control y manejo, tanto en áreas naturales como agropecuarias.

Como resultado de este programa se avalaron buenas prácticas para aprovechar las oportunidades económicas y biológicas de la plaga. Porque aunque como especie exótica invasora tiene un impacto negativo en la economía y el medio ambiente, su presencia puede traer beneficios para los suelos, que pueden fijar mejor el nitrógeno y protegerse de los agentes erosivos, para los animales que se alimentan de sus frutos y encuentran refugio de los depredadores, incluso para las abejas.

UNA OPORTUNIDAD

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La leña del marabú es de fácil combustión, produce una braza duradera y tiene un poder calórico de 4 654 kilocalorías por kilogramo

Aprendiendo a convivir con el marabú los cubanos le han encontrado disímiles aplicaciones. Lo mismo se utiliza en la artesanía que se aprovecha su madera, dura y resistente, para elaborar muebles, o sus fibras para fabricar tableros prensados, hormigones ligeros y papel.

Pero sin lugar a dudas su uso más extendido es con fines energéticos. La leña del marabú es de fácil combustión, produce una braza duradera y tiene un poder calórico de 4 654 kilocalorías por kilogramo. De hecho, en la actualidad el carbón de marabú se ha convertido en un rubro exportable de la isla, que envía, fundamentalmente a Europa y América del Sur, más de 80 000 toneladas, cada una de ellas valorada en alrededor de 270 a 300 dólares.

Italia fue uno de los primeros países en comprar el carbón vegetal cubano por la preferencia de sus chef para utilizarlo en la elaboración de sus famosas pizzas. A la sazón, Alemania y Reino Unido son los dos principales mercados para la isla. Recientemente, este producto se convirtió en la primera exportación de Cuba a Estados Unidos desde que se instauró el bloqueo económico, comercial y financiero en 1960.

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Alemania y Reino Unido son los dos principales mercados para la isla

La mayor planta de procesamiento de este renglón en el país se encuentra en el municipio de Jobabo, a más de 740 kilómetros al este de La Habana, donde la Empresa para la Protección de la Flora y la Fauna desarrolla una inversión que permitirá diversificar estas producciones con la introducción de tecnología para la elaboración de briquetas, que utiliza los desechos del carbón, junto a otros componentes para convertirlos en material combustible.

Esas propiedades calóricas le auguran un uso muy eficaz para la producción de energía, sobre todo en los centrales azucareros, mediante la biomasa.

(Cubahora)


Redacción Digital

 
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