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Publicado el 6 Febrero, 2017 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

Primera universidad militar de Cuba

Es también el cuarto centro de altos estudios en la historia del país, fundado el 1º de febrero de 1967 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz

 

Por IRENE IZQUIERDO RIVERA

Dos grandes aspiraciones toman forma en el Instituto Técnico Militar José Martí, Orden Antonio Maceo y Orden Carlos Juan Finlay, a 50 años de su inauguración por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz: a mediano plazo, lograr la acreditación como universidad, y en un período más largo, declararse de excelencia.

“Son propósitos muy fuertes, pero hay que planteárselos y trabajar por ellos, pues de lo contrario, no los lograremos jamás”, dice el coronel Manuel Osoria Neyra, director de la institución.

Tal afirmación tiene respaldo asegurado, porque el claustro, el colectivo de jefes, oficiales, cuadros de mando, trabajadores civiles y personal docente, saben lo que eso significa. “Es un compromiso con el Comandante en Jefe –precisa–; además, el general de ejército Raúl Castro ha dicho que el ITM tiene que ser una de las mejores universidades del país y en función de conseguir ese objetivo andamos.

“En lo técnico y profesional contamos con las condiciones; en lo logístico, están los aseguramientos precisos, y lo más importante: un tremendo potencial humano, con la preparación y los valores necesarios”.

No solo de aspiraciones…

Foto: Francis Espinosa. Revista Verde Olivo).

Foto: Francis Espinosa. Revista Verde Olivo).

Al oeste de La Habana, radica el primer Centro de Enseñanza Superior para la Preparación de Ingenieros Militares de Cuba. Fundado el 1º de febrero de 1967, solo como Instituto Técnico Militar, ganó el derecho a llevar el nombre de José Martí 20 años después. En 1998, la Academia de Ciencias le otorgó la condición de Auspiciadora de la Ciencia y la Tecnología.

Es Monumento Nacional debido a “la rica historia de las instituciones educacionales que han radicado en la edificación –Colegio de Belén, el tecnológico Hermanos Gómez y el ITM–, por la relevancia de las personalidades que estudiaron y trabajaron allí, en especial el joven Fidel Castro Ruz, y por los valores arquitectónicos del inmueble”.

Añade el coronel Osoria que este centro ha graduado ingenieros y técnicos de las especialidades de Ingeniería en Armamento y Medios Técnicos, Fortificaciones, Comunicaciones, Lucha Radioelectrónica, Inteligencia y Exploración, Tanque y Transporte, indistintamente, que también se estudian en otros centros.

“Las que se imparten solamente aquí ahora son Defensa Antiaérea, que tiene las modalidades de Tropas Coheteriles y Artillería Antiaérea; Tropas Radiotécnicas y Aviación, con todas sus especialidades: pilotos, navegantes y controladores de tránsito aéreo.

-¿Su valoración del proceso docente educativo?

En la base material de estudio cuentan con las aulas adecuadas para el aprendizaje de idiomas. (Foto: CORTESÍA DEL ITM)

En la base material de estudio cuentan con las aulas adecuadas para el aprendizaje de idiomas. (Foto: CORTESÍA DEL ITM)

-Muy bueno. El ITM José Martí está en el Grupo I –clasificatorio del MES–, y está facultado para formar doctores en Ciencias Técnicas y Naturales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del país, en lo que hemos logrado una tradición, y tenemos convenios con varios organismos para el desarrollo de investigaciones. Esto va acompañado de una constante preparación política. No es posible entender la técnica, ni el armamento, igual que la táctica y el empleo combativo, si no hay una buena preparación política e ideológica que responda a las exigencias de nuestras misiones, para lo cual hay un programa que incluye a todo el personal.

“También, según lo establecido, potenciamos el empleo de los simuladores, muy importantes para el ahorro. Estos permiten, con pocos recursos, llevar a los cadetes a entender procesos muy complejos. Y contamos no solo con los que produce la Industria Militar, sino también con los que nuestros propios cadetes y personal docente van desarrollando, como parte de los proyectos de investigación científico-técnica y tesis o trabajos de diploma.

“Por ejemplo, el cadete toma un equipo de radio y lo arma y desarma sentado en la computadora; aprende todos los procesos con un elevado nivel técnico y profesional. Incluso se ven fenómenos que en la práctica es más complicado apreciar.

“De igual forma, ayudan a preservar nuestro material de guerra, aunque cuando es necesario, también lo ‘tocan’. La conservación se realiza de la misma manera que en todas las unidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y se convierte en una actividad metodológica para la preparación de los ingenieros”.

Magaly: la tanquista, la profe, la amiga

El general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín entrega al coronel Manuel Osoria Neyra, director del ITM, un diploma de reconocimiento del Ministro de las FAR por los 50 años del centro. También se le entregó al Instituto el sello por el aniversario 75 de la CTC. (Foto: FRANCIS ESPINOSA. Revista Verde Olivo).

El general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín entrega al coronel Manuel Osoria Neyra, director del ITM, un diploma de reconocimiento del Ministro de las FAR por los 50 años del centro. También se le entregó al Instituto el sello por el aniversario 75 de la CTC. (Foto: FRANCIS ESPINOSA. Revista Verde Olivo).

Cuando me hablaron de ella, nadie ofreció detalles, solo dijeron: “Vas a entrevistar a la primera mujer tanquista de Cuba”. Su nombre es Magaly Sobrado Márquez y es teniente coronel (r). Llega y comienza a conversar de sus experiencias en la vida militar con la emoción de quien la ha disfrutado a plenitud, pese a sus exigencias y rigores.

Desde 1961 se incorporó al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), como oficinista, pero el interés por superarse la hizo mirar más allá de las cuartillas, los files y las máquinas de escribir. Cuando supo que se abriría la primera institución militar que fundaba la Revolución, optó por matricular un curso allí.

Entre las especialidades ya la habían cautivado los tanques, arma en la que no existían mujeres y que, no obstante, ella escogió pues desde su experiencia en las FAR sabía que, en la ofensiva, los blindados son poderosísimos.

Cuando se formó el grupo de tanques del primer curso técnico de la escuela, Magaly era la única mujer en sus filas. Sus compañeros la apoyaron en todo momento y se consagró tanto al estudio y a las prácticas, que siempre estuvo a la par de ellos. Hoy, como docente, imparte la asignatura Estructura de Tanques.

Su vida es muy fructífera, no exenta de obstáculos, “porque la docencia, en un centro como el ITM es muy exigente”, pero, mujer osada al fin, los pudo sortear, igual que lo hace hoy, en su condición de profesora de Ciencias Sociales.

 

El jovencito de Birán

La obra escultórica que recuerda a José Martí en el patio principal del ITM, se debe al escultor José Delarra. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

La obra escultórica que recuerda a José Martí en el patio principal del ITM, se debe al escultor José Delarra. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Apenas había cumplido los 16 años cuando resolvió viajar a La Habana, donde nunca había estado, para estudiar en la escuela de los jesuitas. El joven Fidel Castro Ruz estaba entonces muy lejos de pensar que años más tarde dirigiría los destinos de Cuba. A mediados de la década de los años 80, confesaría al fraile dominico brasileño Frei Betto:

“Yo decidí de manera consciente buscar nuevos horizontes. Pude haber estado influido por el prestigio de la otra escuela en La Habana, los catálogos de la escuela, los libros sobre aquella escuela, los edificios de aquella escuela y pasar a la otra; tomo la decisión, lo propongo en mi casa y me aceptan el traslado a la otra escuela”.

Aseguraba que era una importante instalación educacional de los jesuitas en la capital “y quizás la mejor del país, como escuela en general, por la base material, la instalación; una gran instalación, un centro de gran prestigio…”.

Como parte del desarrollo cultural, al movimiento de aficionados al arte se le brinda toda la atención que requiere. (Foto: CORTESÍA DEL ITM)

Como parte del desarrollo cultural, al movimiento de aficionados al arte se le brinda toda la atención que requiere. (Foto: CORTESÍA DEL ITM)

Aquel muchacho, con madera de líder, permaneció en el Colegio de Belén hasta 1945. Allí sobresalió en casi todos los deportes, la exploración y el escalamiento de montañas, sin descuidar la docencia, pues era el responsable del salón central de estudio. Sus resultados eran excelentes.

“Aquella escuela –dijo Fidel en la propia entrevista– se convirtió en un instituto tecnológico después del triunfo de la Revolución, y hoy es un instituto superior de tecnología militar, el Instituto Técnico Militar, de nivel universitario […]”. De sus aulas han salido miles de oficiales técnicos e ingenieros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, quienes han sabido cuidar y preservar esa edificación de gran importancia histórica.

¡Fidel está aquí!

Pregúntele a un oficial, alumno o trabajador del ITM acerca de Fidel. Enseguida dirá: “¡Está aquí! Lo sentimos andar por los pasillos, en el lugar donde hizo su primer debate público, en las canchas de baloncesto, en la habitación que le sirvió de dormitorio, en la acera próxima al muro, en el que tuvo un accidente aprendiendo a montar bicicleta, en la pista de atletismo, testigo de los records que impuso en varias modalidades…. En todas partes percibimos su presencia”.

 

 


Irene Izquierdo

 
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