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Publicado el 14 Marzo, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Para hacer buen periodismo hay que tener “agallas”

El periodista constantemente camina por senderos pedregosos y como ser humano está expuesto al influjo de quienes interactúan con él desde las posiciones que estos ocupan en la sociedad. Esa situación hace que, en ocasiones, el reportero quede atrapado en el sensacionalismo, se parcialice ante determinado fenómeno, o incurra en falta de responsabilidad en el manejo de la información
Colectivo de jóvenes de Haciendo Radio.

El colectivo de Haciendo Radio es uno de los ejemplos del periodismo que precisamos (Foto: radiorebelde.cu).

Por ISRAEL HERNÁNDEZ ÁLVAREZ

Desde que el 14 de marzo de 1992 se instituyó el Día de la Prensa Cubana, con motivo de cumplirse el centenario del periódico Patria, la fecha se ha convertido en momento de reconocimiento para quienes ejercen la profesión de informar, educar e instruir.

También pudiera ser, ¿por qué no?, intervalo para la reflexión sobre actitudes de los que integran el gremio de la ciencia y del arte de escribir; además de meditación sobre las dificultades a las que deben enfrentarse en su accionar cotidiano.

El periodista constantemente camina por senderos pedregosos y como ser humano está expuesto al influjo de quienes interactúan con él desde las posiciones que estos ocupan en la sociedad.
Esa situación hace que, en ocasiones, el reportero quede atrapado en el sensacionalismo, se parcialice ante determinado fenómeno, o incurra en falta de responsabilidad en el manejo de la información.

La prensa tiene la misión fundamental de servir a la sociedad y para ello es importante elogiar las buenas actitudes y criticar las malas conductas. En época tan temprana como en 1962, el Comandante en Jefe Fidel Castro advirtió:

“…la crítica no solamente hay que hacerla en los centros de trabajo, en las organizaciones, en el sindicato, sino que los periódicos revolucionarios también deben criticar. Y ningún administrador debe ponerse bravo porque lo critiquen. Él tiene derecho a replicar, de aclarar cualquier cosa, de explicar cualquier problema”.

En muchas ocasiones, el líder de la Revolución cubana insistió en la necesidad de “auscultar” los problemas, las debilidades y los errores. En el V Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, efectuado en 1986, expresó:

“Los periodistas deben investigar, saber qué anda mal, qué hechos lesionan la economía del país, qué corrompe a la gente, y no solo exponer, sino combatirlos a través de ese poderoso instrumento que son los medios de difusión masiva”.

Para cumplir la misión martiana y fidelista de examinar, alertar, educar, de convertirse en gladiador de todo lo que marcha mal hay que enfrentar obstáculos, hay que tener más arrojo y desterrar las incompetencias profesionales.

Este sector, al que se integra el personal periodístico por vocación revolucionaria y no por interés monetario, requiere de una transformación urgente.

Cotidianamente los colegas afrontan actitudes abruptas de funcionarios y dirigentes que se arrogan el derecho de decidir qué debe o no publicarse en un medio, de otros que manipulan la información y los reporteros son víctimas de esas trampas; igualmente, algunos se niegan a dar información y hasta se esconden para evadir el contacto con la prensa.

También existen lugares no vinculados a la defensa, la seguridad y el orden interior, donde se hace muy difícil el acceso de la prensa porque se necesita autorización para ello de la máxima dirección del organismo, lo cual, como se expresa en las Orientaciones del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba para incrementar la eficacia informativa de los medios de comunicación masiva del país resulta lento, engorroso y poco práctico.

Lógicamente, esa batalla es imposible ganarla solo con la acción de los profesionales de esta rama tan necesaria en la sociedad, pero corresponde a ellos accionar con osadía y ética.

Esta profesión está urgida de alzar la autoestima y debe vencer la mediocridad, la práctica apologética, aburrida y tediosa. Hay que enfrentar a cuadros de instituciones que se aferran a una imagen edulcorada que no se corresponde con la vida cotidiana.

Hay que despojarse a su vez, de las ataduras que impiden ser consecuentes con la prédica martiana, con las ideas de Fidel y con los documentos rectores que trazan pautas en el quehacer de la prensa.

Los periodistas no pueden rendirse, para salvar los escollos mencionados y otros, que constituyen gajes del oficio, hay que hacer un buen periodismo y para llevar a vías de hecho este, hay que tener agallas. (ACN)


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