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Publicado el 19 Abril, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

El kilo no tiene vuelto…¿y las otras monedas?

En el aire queda la interrogante de cómo en algunos lugares hay cambio y en otros no, si existen los mismos bancos e iguales posibilidades para completar una comercialización satisfactoria a vendedores y compradores
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cubahora.cu

Luz María Martínez Zelada

Santa Clara,  abr (ACN) La conocida y popular expresión, el kilo no tiene vuelto, referida a que todo está hecho, pudiera aplicarse en la realidad al azaroso camino del cambio que debe recibir un comprador, cuando paga con una moneda superior al costo de lo adquirido.

La no existencia de moneda fraccionaria no es común en los establecimientos por cuentapropia, cuyos dueños están convencidos de que lo principal es comercializar para obtener ganancias, y no pueden dejar de expender por falta de vuelto.

En la mayoría de los casos, los consumidores temen a la entrega billetes de alta denominación para pagar el artículo que necesitan, ante la mirada, a veces, desconsolada y otras impertérrita  de los empleados, y la temida respuesta: no hay vuelto.

Al comprador le quedan pocos caminos, entre ellos dejar para otro momento la adquisición de lo que deseaba, salir a la calle para encontrar una forma de cambiar su dinero, a veces, con la obtención de algo que no necesita o simplemente dejar lo que falta en la caja o el bolsillo del vendedor.

Sería curioso conocer cuánto deja de expender una tienda, un centro gastronómico, incluso farmacias, por falta del dichoso menudo, en detrimento de los clientes y la propia economía del centro.

La ausencia de monedas o billetes de menores denominaciones se ha vuelto casi un padecimiento endémico, porque persiste, sin cura, desde hace tiempo.

En muchos clientes existe la suspicacia de que la falta de cambio puede favorecer al empleado, en relación con que  muchas personas pagan un precio superior para poderse llevar lo deseado.

Amén de que quien se atreve a esperar o reclamar un vuelto pequeño, lo miran como si fuera un apestado e incluso otros compradores, le tildan de tacaño, hasta ese extremo llega la enfermedad, como si el comprador solicitara algo que no le corresponde.

Además de falta de gestión de las administraciones para asegurar monedas y billetes de las denominaciones más utilizadas, se observa también pérdida de valores en  personas, empleados o no, ante la demanda de una suma, grande o pequeña que pertenece al comprador.

En el aire queda la interrogante  de cómo en algunos lugares hay cambio y en otros no, si existen los mismos bancos e iguales posibilidades para completar una comercialización satisfactoria a vendedores y compradores.

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