Problemas almacenados en jabas sobrevaloradas
En las afueras de una cifra nada despreciable de las tiendas, revendedores que operan a la luz pública y con total impunidad, las ofrecen a un peso en cup, y las alternativas son dos: o la compras y le das vida a la ilegalidad, o tratas de llegar a tu destino a riesgo de perder o dañar la mercancía
El mal de las jabitas se propaga como un virus, tiene más efectos dañinos que cualquiera de las conocidas epidemias, porque afecta a casi toda la sociedad. (Foto: cubadebate.cu).
Por ENRIQUE VALDÉS MACHÍN
Desde hace un buen tiempo las tiendas recaudadoras de divisas -las primeras en utilizar la opción de las jabas de nailon como valor agregado para el traslado de la mercancía adquirida allí- han perdido, como afirma el “argot” cubano, el fijador inicial.
En la medida en que por fuera de esas unidades adquirieron valor adicional, se “perdieron” de los establecimientos y se deterioró el servicio.
Hoy son pocos los establecimientos que las ofertan, e incluso, hasta casi miran como a un extraterrestre al “atrevido” que las reclama.
Duele ver a clientes, tal cual malabaristas de un mal circo, pujar por salvaguardar sus compras y evitar su caída, mientras con evidentes síntomas de enfado se preguntan cómo llegar incólumes hasta su destino.
Como paliativo a tamaño descrédito algunos consumidores tienden a llevar sus jabas, pero en muchos de esos lugares también les niegan la entrada con bultos, paquetes y carteras; en esencia es algo así como una ley de embudo, en la cual a esas personas siempre les toca la parte más estrecha.
Paradójicamente, en las afueras de una cifra nada despreciable de las tiendas, revendedores que operan a la luz pública y con total impunidad, las venden a un peso en cup, y las alternativas son dos: o la compras y le das vida a la ilegalidad o tratas de llegar a tu destino a riesgo de perder o dañar la mercancía.
El mal de las jabitas se propaga como un virus, tiene más efectos dañinos que cualquiera de las conocidas epidemias porque afecta a casi toda la sociedad y se transmite de corrupto a corrupto sin que hasta ahora aparezca un insecticida capaz de frenar su proliferación.
Hasta hace poco más de dos meses hubo “alternativas” más económicas, a 0.50 cup en agromercados y Mercados Artesanales Industriales, pero los primeros ya cedieron su espacio al monopolio de la reventa y los segundos retiraron de pizarra el precio oficial y las comercializan también al mismo precio que en el mercado ¿negro?
Indigna ver cómo al interior de cada uno de esos centros las administraciones permiten tales ilegalidades, e incluso les den la prerrogativa de trabajar sentados en espacios fijos y hasta con una mesa que les facilite el trabajo de quebrantar la ley.
Algunos conocidos trataron de persuadirme de no perder el tiempo en denunciar algo conocido por muchos, pero el periodismo es eso, no renunciar jamás a enfrentar los problemas, aunque los directivos involucrados opten por callar, los gerentes de las cadenas por evadir las respuestas y los órganos de enfrentamiento a ese tipo de ilegalidades hacerse de la vista gorda.
Hoy en nuestra capital son grandes, excesivamente grandes y complejos, los problemas almacenados en esas jabas sobrevaloradas, de no ser así, ¿por qué no están resueltos?





Es muy cierto su artículo. Es cada vez más frecuente ir a comprar cualquier cosa y no haya jabas. Incluso se molestan!! Como si uno no estuviera exigiendo sus derechos!! Buenisimo artículo
El tema de las jabitas ya llueve sobre mojado, al parecer llegó para quedarse, pero muy cierto lo que dice Enrique, el periodismo es eso, no renunciar jamás a decir la verdad, a denunciar lo mal hecho, lo que daña a nuestra sociedad, sobre todo a los que estamos en la parte estrecha del embudo. Al parecer los directivos involucrados hacen mutis al asunto, evaden respuestas y soluciones y se hacen los de la vista gorda porque como reza el refrán, al son del chino valiente muchos toman aguardiente, a buen entendedor, pocas palabras bastan.