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Publicado el 13 Mayo, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Madres como Joaquina hacen perdurar ideas

Familia Santamaraía Cuadrado. Joaquina, detrás, a la derecha, junto a su esposo e hijos. (Foto: http://cartasdesdemacondo.blogspot.com)

Familia Santamaraía Cuadrado. Joaquina, detrás, a la derecha, junto a su esposo e hijos. (Foto: http://cartasdesdemacondo.blogspot.com)

Por Marta Hernández Casas

En el batey del antiguo central Constancia, ubicado en una de las zonas rurales del municipio de Encrucijada, en Villa Clara, está la casa número 17. En esa modesta y sencilla vivienda residió gran parte de su vida Joaquina Cuadrado.

Esta matriarca generó una estirpe de cinco hijos: Haydée, Aida, Aldo, Abel y Ada Santamaría Cuadrado, quienes jugaron, de diversas maneras roles importantes en el desempeño revolucionario de Cuba.

La vivienda de madera es similar a las demás del barrio y está ubicada frente por frente al ingenio que hoy lleva el nombre de su hijo Abel.

Compuesta por una sala, saleta, tres cuartos, comedor, cocina y baño, y un portal techado, siempre fue un lugar hasta donde llegaban vecinos y amigos para disfrutar de una buena conversación o solicitar ayuda.

Con la mayoría de edad de los hijos y el progreso de sus ideas revolucionarias, el hogar devino sitio de encuentro de quienes
hablaban sobre José Martí y la necesidad de un cambio en el país.

Madre de Abel y Haydée Santamaría, además de otros tres hijos, (Retrato dibujado por el Héroe de la República de Cuba, antonio guerrero)

Joaquina cuadrado, madre de Abel y Haydée Santamaría, además de otros tres hijos, (Retrato dibujado por el Héroe de la República de Cuba, antonio Guerrero)

Los vecinos recuerdan a Joaquina como una mujer sencilla pero muy fuerte. Cuando Benigno, su esposo, falleció, ella prefirió quedarse en la casa y nunca accedió a las propuestas de los hijos de irse a La Habana.

Leonor González, ahijada de Haydée Santamaría, fue una de las personas que más tiempo convivió con la excepcional señora.
Recuerda que el día que se conoció que habían matado a Abel, el llanto de Joaquina era incontrolable.

Con los años cada vez que se recordaba el hecho la tristeza invadía el recinto y un silencio intenso, y cargado de emoción, tocaba a los presentes, recuerda Leonor.

Joaquina era una persona muy humana y alegre, que participaba en los trabajos voluntarios, bien en la agricultura, el central o sencillamente en el barrio, además cocía muy bien y le gustaba tener el jardín lleno de flores y bien arreglado, agrega.

Rememora que estaba muy orgullosa de que el antiguo central Constancia llevara el nombre de Abel Santamaría, y siempre estuvo pendiente de la producción.

Leonor recuerda con sentimiento cómo sus ojos vivaces atisbaban desde horas tempranas de la mañana la torre del ingenio para ver cómo marchaba la molida.

Relata que pasaba largos ratos en el portal, viendo entrar y salir a los obreros de la fábrica, donde dio los primeros pasos laborales quien posteriormente fuera el segundo jefe del asalto al cuartel Moncada.

A Joaquina le gustaba conversar con los niños y jóvenes sobre la necesidad de trabajar mucho y bien, para continuar la obra de quienes ya no están y dieron hasta su vida por ver la Cuba que hoy disfrutamos, afirma Leonor.

Todo el mundo la respetaba y admiraba porque había dado vida a una familia que asumió la Revolución con una pasión sin límites, asegura.

Una de las cosas que más admiraban en Joaquina era la dulzura, bondad y alegría que siempre tuvo esa mujer que vio morir a varios de sus hijos, significa.

Recuerda como le gustaba conversar sobre las labores revolucionarias de su prole, y reconocía que sus cinco hijos habían sembrado sus corazones en la Revolución Cubana.

Han pasado muchos años, quienes la conocieron ya peinan canas y algunos no están, pero la imagen de Joaquina, madre de hombres y mujeres de intachable valor, perdura en el pueblo.

Joaquina falleció en 1977, y cada año es recordada y homenajeada, porque madres como ella fundan pueblos, y hacen perdurar ideas, son las matriarcas de estos tiempos, émulas de sus iguales de la antigüedad, quienes con su descendencia coadyuvan a dispersar las ideas más acertadas y novedosas de su tiempo. ( ACN)

Si  Haydée fue la dueña de la pasión más  desbordada y de una inteligencia moldeada sólo por la emoción; si tío Aldo significó valor, en cuyo estómago descansó el secreto de la llegada del Granma y en cuya precia militar se confió cuando la Crisis del Caribe siendo y  se instalaron sin rubor los cohetes estratégicos en mi Patria; si fue Adita, la pequeña Adita;  el símbolo de la alegría,  el arte, y en su casa, de fiesta permanente encontró Silvio y Pablo sus mejores tertulias; si por último ..o más bien  fue por primero, Abel el símbolo de la entrega absoluta, ese santo inmaculado de ojos verdes; ojos con los que quisieron comprar el corazón de mi madre en las cárceles de Santiago de Cuba; entonces Aída Santamaría, a la que acabamos de dar sepultura, fue el símbolo de la serenidad, de la coherencia,  fue esa persona a la que todos acudían cuando era menester sufrir o resolver alguna diligencia… (Tomado de El último vuelo de los Santamaría, escrito por Celia Hart Santamaría el 24 de febrero de 2005)

ACN

 
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