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Publicado el 26 Mayo, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

CARLOS BALIÑO

Un central diferente(+Fotos)

Por Marta Hernández Casas

Fotos: Arelyz Maria ECHEVARRIA RODRIGUEZ

El central Carlos Baliño, del municipio Santo Domingo, en Villa Clara no tiene la ampulosa entrada de otras industrias azucareras de la Isla, pero la limpieza caracteriza exteriores e interiores del ingenio.

El central Carlos Baliño, del municipio Santo Domingo, en Villa Clara no tiene la ampulosa entrada de otras industrias azucareras de la Isla, pero la limpieza caracteriza exteriores e interiores del ingenio.

Desde que se llega al “Carlos Baliño”, del municipio de Santo Domingo, Villa Clara, todo se muestra diferente. Este ingenio no tiene el hermoso camino delimitado por árboles que caracterizan a otras fábricas azucareras cubanas, ni extensos pastos que bordeen la industria.

Su diseño es sencillo y modesto, pero prima por sobre todas las cosas una limpieza extraordinaria; dentro y fuera de la instalación el orden y la higiene impactan a los visitantes.

No escapa a quienes llegan a ese central, único en Cuba especializado en la producción de azúcar orgánica, la cantidad de jóvenes que van y vienen por sus áreas.

De los más de 300 trabajadores cerca del 70 por ciento tiene entre los 18 y 35 años edad.

RESPONSABILIDAD Y ALEGRIA JUVENIL

La llegada de las cañas al centro de acopio es una labor rutinaria que en esta fábrica se cumple con disciplina y orden.

La llegada de las cañas al centro de acopio es una labor rutinaria que en esta fábrica se cumple con disciplina y orden.

Mederos, con 24 años, es el puntista del central desde hace varias zafras, por esa razón su vida transcurre entre las grandes máquinas, calderas y altas escaleras de hierro chequeando el proceso de fabricación del dulce.

Sabe que su labor resulta muy importante porque él es quien da el “punto al azúcar”, por eso interviene en la preparación de las masas cocidas, y vela durante todo el turno el desempeño de la tarea.

Dicen los viejos azucareros que el oficio de puntista se forja en las aulas especializadas, pero realmente el diario bregar entre los hierros representa la escuela que lo perfecciona.

William asegura que la capacitación sistemática que ofrecen en el ingenio lo mantiene actualizado, pero insiste en que los consejos e interacción con los veteranos son pilares fuertes sobre los cuales sostiene su trabajo.

Más del 70 por ciento de la fuerza de trabajo tiene edades comprendidas entre los 18 y 35 años.

Más del 70 por ciento de la fuerza de trabajo tiene edades comprendidas entre los 18 y 35 años.

El joven vive en el batey del central donde varios de sus familiares dedicaron años de vida a la producción azucarera, por eso el trabajo no le es ajeno.

Afirma que le gusta más producir el azúcar ecológica que la convencional, el dulce orgánico, aunque es más difícil porque exige muchos controles, resulta un proceso muy limpio.

Con la felicidad reflejada en su rostro comenta que disfruta

estar en ese ingenio, ahí gana bien y está rodeado de jóvenes como él, pues en cada turno promedian entre 20 a 30 muchachos de su edad, esa realidad los lleva a establecer relaciones de amistad que mantienen fuera de la industria.

CELULARES, MUSICA Y MUCHO TRABAJO

Los obreros y especialistas del “Baliño” han realizado 15 zafras ecológicas, en ellas las manos juveniles ponen su sello desde los cortes mecanizados de los cañaverales hasta el empaque de los granos en envases especiales.

Este año ya completaron las cinco mil 700 toneladas previstas, y regidas por parámetros impuestos por los compradores habituales del alimento.

La higiene dentro de la industria muestra la dedicación de sus obreros, únicos del país, encargados en fabricar azúcar orgánica.

La higiene dentro de la industria muestra la dedicación de sus obreros, únicos del país, encargados en fabricar azúcar orgánica.

Con sano orgullo aseguran su plena satisfacción y para ejemplificar citan que la producción de la zafra anterior ya llegó a
su destino sin reclamos ni insatisfacciones.

Los medios radiofónicos que tradicionalmente aseguran la comunicación entre las diferentes áreas del central se matizan con novísimos celulares en los cuales los jóvenes azucareros reproducen música moderna y toman instantáneas cuando se reúnen luego del almuerzo o al comienzo y final de los turnos.

Nicolás Murillo, con 45 años en esa fábrica, comenta que le da felicidad ver la algarabía juvenil, ellos le ofrecen un toque
diferente a cada jornada, y le recuerda aquellos años de la década del 70, de la pasada centuria, cuando él llegó al “Baliño” siendo todavía un imberbe.

Puntualiza el placer que siente al verlos trabajar duro, con disciplina y calidad, porque sabe que la continuidad generacional está garantizada con mentes frescas, modernas y bien capacitadas.

Tallo, como le conocen, sabe que el desarrollo se impone, y las nuevas tecnología desplazan poco a poco máquinas y modos antiguos, por eso ayuda a los novatos en todo lo que requieren, seguro de que la futura conducción del limpio y ordenado central al que le ha dedicado casi toda su vida, está en buenas manos.

( ACN)


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