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Publicado el 23 Junio, 2017 por Marieta Cabrera en Nacionales
 
 

ADICCIONES: Decidirse a vivir

Especialistas alertan que en Cuba la edad de iniciación en el consumo de drogas es cada vez más temprana. La familia en el centro de la responsabilidad.
Decidirse a vivir

Las ausencias reiteradas a la escuela y el desinterés por aprender pueden ser señales de la conducta adictiva.

Por MARIETA CABRERA

Fotos: MARTHA VECINO ULLOA

Luis tiene 18 años y empezó a consumir drogas a los 14. Un día salió con su hermano y unos amigos de este, mayores que él, se la brindaron. “Tenía curiosidad por ver qué era aquello que los ponía risueños, desinhibidos, y la probé. Era marihuana sintética, la llamada ‘química’.

“Después seguí haciéndolo con las ‘amistades’ del barrio. Para comprar marihuana vendía mi ropa, la de mi mamá y hacía negocios. Tuve discusiones fuertes con mi mamá, sobre todo, cuando le cogía dinero, pero le decía que era para hacerme tatuajes. Ella viajaba mucho al extranjero por su trabajo y me quedaba solo con mi hermano, con quien peleaba a toda hora”.

Hoy Luis confiesa que era muy tímido y bajo el efecto de las drogas conversaba mejor con las muchachas. Además, tenía complejos porque estaba gordito y debido a la vida alocada que llevaba empezó a bajar de peso. “Pensé que consumir esas sustancias era la solución para mis problemas.

“Luego probé los psicofármacos y eso me volvió todavía más loco. Tenía 16 o 17 años y tomaba un montón de pastillas diarias, pero como no sentía el efecto empecé a mezclarlas con alcohol y marihuana”.

Decidirse a vivir.

La preocupación principal y la ayuda más importante debe estar en el seno familiar. (Foyo: LEYVA BENÍTEZ).

Sentado en una butaca, remueve sus recuerdos, aún dolorosos. Pero se ve tranquilo, confiado. Hace ocho meses llegó al Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes, en la capital, donde encontró apoyo para su recuperación.

En la clínica ha adquirido herramientas para encarar la adicción. “Es muy importante para mí porque me está enseñando a vivir. Un día la doctora me dijo: por qué me saludas así, tan seco, abrázame que estamos para abrazarnos. Yo no conocía el amor, el afecto, y poco a poco lo fui conociendo”.

Ahora Luis es un líder positivo y ayuda a otros adolescentes que están en el centro.

– ¿Qué pasa cuando estás en el barrio?

–Nada. Quienes consumían conmigo puede que sigan en lo suyo, yo soy el que no tiene que ir allí.

Despertar los valores dormidos

En el reparto Siboney, municipio Playa, lejos del bullicio de las zonas más populosas de la ciudad, está el Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes, surgido el 5 de mayo de 2005. Su director, el licenciado en Psicología Carlos Javier Lavín Verdecia, explica que atienden a pacientes de toda La Habana remitidos por los Departamentos Comunitarios de Salud Mental.

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En la clínica habanera, pacientes y familiares encuentran profesionales calificados y, sobre todo, mucha sensibilidad humana.

“Aquí llegan los que en el primer nivel de atención no tuvieron resultados exitosos en el tratamiento y necesitan intervención terapéutica más especializada”, puntualiza. También acuden algunos de forma directa, de la mano de un familiar o amigo, u orientados por Línea Ayuda.

“Cualquier vía es válida”, afirma la doctora Elizabeth Céspedes Lantigua, especialista en Psiquiatría y Medicina General Integral. “A los adictos hay que brindarles atención médica cuando la solicitan. Ese es un momento clave. Si no se aprovecha es probable que transiten a otra fase donde predominen manifestaciones psicológicas como la negación del problema y la evasión, presentes en estos enfermos”.

Durante años de trabajo con adolescentes adictos, el equipo médico de la institución ha observado que casi 70 por ciento de los que llegan allí se encuentran en la etapa precontemplativa de la enfermedad, o sea, no la asumen como tal.

“En la literatura esta fase es considerada premédica”, precisa la también máster en Prevención del Uso Indebido de Drogas. “Sin embargo, decidimos acompañarlos desde ese instante y a partir de estrategias motivacionales incidir para que dejen de consumir, incorporen cambios y sientan el deseo de permanecer en el centro o regresar, en caso necesario”.

Como parte del tratamiento aplican un sistema terapéutico que potencia en los pacientes el crecimiento motivacional, espiritual, racional y emocional. “Buscamos propiciar que entren en contradicción con lo que quisieran ser y lo que son bajo el efecto del consumo”, señala la terapeuta principal del centro.

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Durante las actividades terapéuticas el equipo médico se propone formar en estos muchachos motivaciones, convicciones y valores.

Es un proceso largo, reconoce, pues se trata de formar motivaciones, convicciones y valores con el propósito de que al final se sientan mejores personas.

“El reconocido profesor, Doctor en Ciencias Ricardo González Menéndez, especialista en Psiquiatría, nos ha enseñado que en las personas con esta enfermedad los valores no se destruyen, se duermen. Y es cierto, porque después que logran la abstinencia y están sin consumir drogas aflora el hermoso ser humano que hay en ellas”.

Adrián es un ejemplo. Es casi un niño, pero un niño triste, angustiado. Tiene 15 años y empezó a consumir a los 12. Relata que se portaba mal en la escuela, no entraba al aula, y unos “amigos” que tenía fuera del plantel se la dieron y la probó. “Empecé con la marihuana, me sentí bien y a la vez no, era una sensación extraña.

“Pasó una semana y la compré con mi dinero para seguir experimentando. Al principio la usaba en las fiestas, pero después todos los días, incluso con psicofármacos. Para pagarla vendí mi teléfono, le robé a mi mamá, mi abuela, mi tío… Un desastre, periodista.

“Cuando no pude más le conté a mi mamá en qué estaba. Se sintió muy mal y me llevó al centro de salud mental, de donde me remitieron para acá. Aquí me han tratado con cariño, en la calle yo era un drogadicto que no valía nada”.

Fecidirse a vivit.

Al Centro Provincial de Deshabituación de Adolescentes son remitidos los pacientes que necesitan una intervención terapéutica más especializada, explica el psicólogo Carlos Javier Lavín, su director.

A la madre apenas le salen las palabras cuando narra que su hijo comenzó a tomar bebidas alcohólicas en las fiestas. Al enterarse, le impidió salir un tiempo, pero después le dio un voto de confianza y le decía a qué hora tenía que regresar a la casa.

“Empecé a notar que venía contento pero sin olor a ron. Esa noche no se mostraba agresivo, pero al otro día sí. Cuando me dijo que consumía drogas, me sorprendí. No concebía que mi niño llegara a eso. Me preguntaba cómo se me había ido de las manos. Ahora, hemos hallado la esperanza en esta institución”.

La tarde de mayo que el equipo de BOHEMIA visitó la clínica, hacía un mes que Adrián había ingresado y estaba en la etapa de desintoxicación. El psicólogo Lavín Verdecia especifica que en esta primera fase, la cual puede durar entre 21 y 30 días, se proponen liberar al paciente de los síntomas físicos y psicológicos más intensos de la enfermedad.

“Luego comienza la de deshabituación, la más extensa, cuyo objetivo es lograr el saneamiento de la personalidad y mejorar el estilo de vida. Por último, está la de reinserción social con apoyo terapéutico, en la cual comenzamos dándole pases al muchacho, luego se prolonga su estancia en el hogar y la escuela, y asiste a la clínica cada cierto tiempo para ser evaluado”.

En qué fallé y cómo corregirlo

Hace una década, la edad de iniciación en el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas en Cuba era de 16 años, sin embargo, hoy ese despuntar ocurre cada vez más temprano, entre los 11 y los 13 años, advierte la doctora Elizabeth Céspedes Lantigua.

“También es así a nivel internacional, entre otras causas por la accesibilidad a esas sustancias, el sentido de emancipación más rápido que va adquiriendo el adolescente, y su afán de descubrimiento en un mundo donde el placer y el hedonismo están relacionados muchas veces con el consumo de drogas.

“Es significativo, además, que si en otra época las sustancias de iniciación eran el alcohol y el tabaco, ahora se observa una tendencia al empleo de drogas ilegales, sobre todo, marihuana. Últimamente estamos viendo, incluso, el uso de fármacos, de ahí el llamado a los profesionales de la salud para la prescripción responsable, más si se trata de psicofármacos y otros medicamentos con efecto adictivo”.

Refiere la psiquiatra que la mayoría de los pacientes, por fortuna, acuden a este servicio acompañados de familiares, que también se incluyen en el tratamiento médico. La problemática adictiva no es solo del adolescente, involucra a la familia porque afecta grandemente su funcionamiento.

La familia cubana no desampara a su adolescente y está dispuesta a hacer los cambios necesarios para protegerlo, reconoce la doctora Elizabeth Céspedes.

Si el muchacho está ingresado a tiempo completo –período que puede durar unos tres meses– el familiar permanece en la clínica el primer mes. En ese lapso el equipo médico observa la dinámica de la relación y hace las correcciones necesarias.

“La familia cubana no desampara a su adolescente y está dispuesta a realizar los cambios que sean necesarios”, subraya Céspedes Lantigua. “La madre, el padre, la abuela llegan al centro con mucho dolor por lo que ocurre, y hay que trabajar para que adquieran habilidades en el manejo del paciente y mejoren su propio estado emocional.

“Insistimos en que no se sientan culpables, pero sí responsables. Les decimos que la pregunta no es por qué fallé, sino en qué, para corregirlo. Apreciamos que en muchos padres prevaleció el afán por mejorar las condiciones económicas y fueron postergando la relación afectiva con sus hijos y la responsabilidad educativa que tienen con ellos.

“También suele haber en estas familias tendencia al estilo autoritario o al permisivo, y tanto uno como otro pueden ser facilitadores de la conducta adictiva”, ilustra la experta. En la actualidad, estima, se habla más del asunto y la sociedad está en mejores condiciones de enfrentarlo, pero no es suficiente.

“La familia cubana necesita comprender qué facilita que un adolescente use drogas, cuáles son los elementos protectores, y cómo visualizar rápidamente el problema para buscar ayuda. En la escuela es preciso que tanto docentes como estudiantes sepan identificar al alumno cuya conducta inadecuada pudiera estar relacionada con el consumo de dichas sustancias”.

A su juicio, los padres a veces se confunden y creen que cuanto le ocurre al hijo es propio del proceso de la adolescencia. “Ese es uno de los períodos más bonitos en el desarrollo del ser humano. Es una etapa de encanto y cuando alguien de esa edad muestra tanto desencanto hay que buscar, porque algo le está sucediendo”, advierte la psiquiatra.

“Nunca quisiera regresar a lo que viví”

Decidirse a vivir

El consumo de drogas solo conduce a la cárcel, la locura o la muerte. (Foto: premeditest.com.mx).

El olor a esmalte de uñas se sintió de golpe cuando ella entró en la habitación donde antes habíamos escuchado el testimonio de otros pacientes. “Todavía está húmeda la pintura”, comentó en voz baja luego de saludar.

Hace tres meses está en el centro de deshabituación, al cual arribó –muy deteriorada física y psicológicamente– por vía de la Dirección de Atención a Menores, del Ministerio del Interior, que detectó en ella conductas inapropiadas para su edad.

Apenas con 10 años –ahora tiene 14–, Iraida se puso un cigarro en los labios por primera vez para imitar a sus “amigas” y, luego, quiso experimentar con lo otro que ellas consumían y les provocaba tanta risa. “Era marihuana. Me sentí como flotando en el aire. Cada vez que iba a una fiesta la usaba hasta que un día no me sentí satisfecha y probé la piedra.

“En ese tiempo tuve muchos problemas con mi mamá. Yo estaba 15 o 20 días fuera de la casa, me quedaba en la de algún compañero de consumo o en parques, y ella ponía carteles por La Habana por si alguien me veía. Cuando regresaba, me bañaba, comía algo, cogía ropa y me volvía a ir”.

En una ocasión –recuerda– tuvo mareos y cuando la madre le preguntó qué le sucedía, le contestó casi inconscientemente que se sentía así porque estaba bajo el efecto del consumo. “Ella pensó que me refería al cigarro normal. Me regañó fuerte, pero nada más; creyó que eran cosas de niña, boberías mías”.

La tolerancia ante el consumo de alcohol y tabaco, drogas porteras, es un aspecto esencial del problema, subraya la doctora Elizabeth Céspedes. “Es raro que en una fiesta de quince no haya bebidas alcohólicas. La familia tiene que aumentar su percepción del riesgo, pues la enfermedad adictiva empieza un día con la incorporación de una sustancia nociva”.

Iraida lo reconoce ahora y volviendo a su amarga experiencia recuerda que fue su hermano de ocho años quien hizo que comprendiera la gravedad de su estado y la necesidad de ayuda. “Desde que nació es como mi corazón y un día lo oí decir:” aquí no se puede vivir porque mi hermana hace lo que le da la gana. Cuando tenga 12 años también me voy a ir de la casa. Eso me impactó. Era lo que él estaba aprendiendo de mí”.

En la actualidad –refiere– se halla en la etapa de reinserción familiar y va a su casa los fines de semana. “La relación con mi mamá es la mejor y mi hermano está más tranquilo. Me dice: ‘Tata, ¡como tú has cambiado!’ Y esas cosas me van llenando para seguir adelante porque si mi familia está feliz conmigo, ¿qué más le voy a pedir a la vida?”.

Paso a paso

En el proceso de recuperación ocurre a menudo el reencuentro de los adolescentes con los juegos que abandonaron a destiempo.

Durante el tratamiento se hace énfasis en la organización de las 24 horas del día (incluye actividades terapéuticas individuales, grupales y dinámicas familiares, entre otras) y el respeto por los horarios a fin de que los pacientes recuperen, entre otros hábitos, el del sueño nocturno, uno de los trastornos más comunes.

En el proceso de cambios que viven estos adolescentes, los expertos describen varias etapas: precontemplativa, contemplativa (admite que tiene un problema, pero no hace nada por solucionarlo), y acción (ejecuta acciones para mantener la abstinencia y realizar cambios en su estilo de vida). Por último, están las de mantenimiento (conservar lo logrado) y rehabilitación (se considera que un paciente está rehabilitado luego de cinco años en ese proceso).

Lo justo para cada caso

De acuerdo con las necesidades del paciente se aplican distintos tratamientos. El ingreso parcial diurno permite al adolescente estar en el centro hasta las seis de la tarde y retornar al medio familiar. En el ingreso parcial nocturno asiste a la escuela durante la mañana (muchos no pierden la vinculación escolar) y duermen en la institución.

El ingreso total establece la permanencia en la clínica todo el tiempo, mientras que la ambulatoria permite atender a los pacientes una o dos veces a la semana.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera