0
Publicado el 29 Junio, 2017 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

JORGE LUÍS SUÁREZ JIMÉNEZ

El andarín capitán

El maratón es asunto de pasatiempo, en tanto el enfrentamiento al delito es un acto de convicción y compromiso para un policía campeón de Cuba
El andarín capitán.

A partir de su vasta experiencia profesional, apunta que el jefe de sector debe ser riguroso pero a la vez familiar, para cumplir correctamente su función.

Por IGOR GUILARTE FONG

Fotos: ANARAY LORENZO y YASSER LLERENA

Asegura que es capaz de correr de 170 a 200 kilómetros, fraccionados en toda la semana y en dependencia de la carga laboral que tenga. En la Ciudad Deportiva o los estadios Pedro Marrero y Panamericano puede vérsele sumido en el entrenamiento.

Se cataloga tunero-habanero (especie de criollo oriundo del reparto Santa Lucía en el central Colombia, allá por el Balcón del Oriente cubano, pero que hace par de décadas llegó a la capital a cumplir con el servicio militar). La tierra natal, no obstante, vive en el recuerdo. No olvida que allá, embullado por el hermano mayor, comenzó a los nueve años en el mundo del deporte, y que en el barrio hasta lo comparaban con Juantorena, su ídolo.

Después de tantas “correrías” el pequeño creció dentro de las filas de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). Su estatura roza hoy los seis pies. Con orgullo exhibe su condición de militante del Partido -antes lo fue de la Juventud- tal vez porque el compromiso revolucionario lo trae en la sangre, por herencia de sus ancestros mambises.

Asimismo, viste el uniforme azul con pulcritud, parece ropa de gala, y eso que viene de andar la calle. No se quita la gorra de la cabeza, “para que se vea el escudo en la foto”, dice. En las charreteras luce los grados de capitán y con modestia afirma que, aunque le llegue la estrella de mayor, continuará siendo el mismo.

Probablemente sea uno de los combatientes más populares de todo el Ministerio del Interior (Minint). No por jovial, dicharachero, cubano genuino -aspectos que bien lo distinguen-, sino por sus ideas fundamentadas, acciones extraordinarias, y por tomarse muy en serio su trabajo. Todo un personaje, que BOHEMIA desea acercar a sus lectores, mediante un mano a mano -de preguntas y respuestas, ya que no podría ser de otro modo la justa- con el oficial Jorge Luís Suárez Jiménez. El Luís, así, con tilde.

El andarín capitán.

“He aprendido a planificarme para llevar de la mano ambas cosas”, asegura.

REY EN MARABANA

¿Cuándo llegó el maratón a su vida?

-Desde joven tenía el sueño de ser campeón de Cuba, en cualquiera de las disciplinas que practicaba entonces: 400, 800 y 1500. Al maratón llego en 2008, cuando decidí hablar con mi entrenador, Ángel Rodríguez Ramos, quien también fue corredor de fondo y medallista panamericano. Para mí es un magnífico preparador, no por gusto he obtenido los éxitos. Le dije ‘voy a correr maratón’, y empecé con tan buen pie que gané mi primer título al año siguiente.

¿Qué resultados ha conseguido en estas carreras?

-Hoy por hoy soy el que más títulos posee en los 42 kilómetros del Marabana. Gané en 2009, 2012, 2014 y 2015. En los otros he sido subcampeón. Es decir, que en total tengo cuatro medallas de oro y tres de plata. En 2016 participé en el Marabana, pero en la distancia de media-maratón, porque semanas después iba a correr los 42 kilómetros en el de Panamá.

¿Técnicamente hablando, cómo debe llevarse este tipo de carrera de fondo?

-Tienes que controlar el ritmo, la respiración, todo. Eso se prepara desde el entrenamiento. También hay que alimentarse adecuadamente, comer frutas, vegetales, hidratarse mucho. La velocidad durante la carrera depende de cómo hayas entrenado y te sientas el día de la competencia. En 2012 hice mi mejor marca (2 horas y 23 minutos), que en la actualidad es récord para la categoría.

Finalizan evidentemente agotados…

-Durante la carrera el cuerpo sufre mucho. Si no tienes el vestuario y calzado adecuados los ligamentos se resienten. Además, son dos horas corriendo de forma continua y el ser humano no está diseñado para eso. Uno termina con las capacidades corporales y mentales mermadas. No en vano se requiere pasar tres meses de recuperación entre una carrera y otra.

¿Qué pasa por su mente mientras corre… Conversa con usted mismo?

-En la carrera puede suceder cualquier cosa: te da hambre, deseo de ir al baño, ganas de no seguir corriendo porque la vida te duele. Por eso hay que tener la psiquis al cien. Si no estás fuerte psicológicamente no llegas. Por supuesto que me hablo y me doy ánimo. El maratonista que no conversa consigo mismo no es maratonista. Cada vez que arranco, me grabo en la mente que si gano, felicidades, pero mi objetivo es llegar, sea del modo que sea; incluso a gatas, como ocurrió en 2013.

¿El maratonista si cae no se vuelve a incorporar?

-Uno de mis libros preferidos es Fidel y el deporte, que casualmente leí después de aquella ocasión, y en él, nuestro Comandante en Jefe explica que el maratonista que se cae no se levanta. Me asombró tal sabiduría del Comandante, porque es verdad. Lo intenté cinco veces y no pude incorporarme. Entonces escuché gritos de que gateara. A mi lado iban el director Carlos Gattorno, Juan Carlos Mesa, Faustino Heredia y otros miembros del comité organizador, dándome ánimos para que no me rindiera. Y gateando seguí, porque mi objetivo, ya te digo, era pasar la meta. Algo así nunca se había visto en el Marabana.

En Marabana 2013, cuando ya no tenía fuerzas para incorporarse tras una caída, se arrastró unos 10 metros para protagonizar un inédito cruce de meta.

De todo lo que cuenta se entiende la importancia de realizar una rigurosa preparación.

-Las competencias se ganan en el entrenamiento, principalmente la de maratón. Ahí tienes que practicarlo todo. Lo más que he corrido en un entrenamiento ha sido 35 kilómetros, porque no puedes consumir el suministro energético antes de la competencia.

¿Qué sabe de su homólogo el Andarín Carvajal?

-En sí yo no lo tenía en mente hasta después que empecé a participar en las carreras populares en San Antonio de los Baños, su localidad natal. Al Andarín Carvajal lo vine a estudiar bien durante la licenciatura en Cultura Física, de la cual soy graduado en el Instituto Manuel Fajardo desde 2012. Ahí conocí que por comer unas manzanas verdes que no le cayeron bien terminó cuarto en la olimpiada de 1904. Pero el hombre pasó la meta, que es lo importante.

¿Ha participado en escenarios internacionales?

-Sí, he participado en tres eventos internacionales: los maratones de Madrid, de las Islas Vírgenes estadounidenses y de Panamá. El de la capital española, en 2010, significó una gran experiencia, pues allí corrió el etíope Haile Gebrselassie, uno de los mejores fondistas de todos los tiempos. El de las Islas Vírgenes lo gané con récord para el circuito. Mientras, en el de Panamá, el más reciente, corrí conmocionado por la pérdida del Comandante en Jefe. Allí pasé la meta.

Pero no le hemos visto en competencias superiores.

-No, no he tenido la oportunidad de participar en centroamericanos, panamericanos ni juegos olímpicos porque para esos eventos se exige una marca que nunca he podido obtener. Para mí correr es más bien una diversión. Quizás si me hubiera dedicado a eso tiempo completo y, claro, cuando era más joven -porque ya tengo 46 años- quién sabe si lo hubiera logrado. De hecho, volví al deporte dentro del Minint, en las copas Capitán San Luis.

POLICÍA DE CAMPEONATO

¿Ha tenido apoyo de la institución para desarrollar su faceta de atleta?

-Sí he recibido apoyo total de la institución. De lo contrario pudo frustrarse tempranamente mi desarrollo como maratonista. Como parte del entrenamiento, si me tocaba kilómetro largo, mandaba mis pertenencias con mis compañeros que iban en transporte y yo me iba corriendo hasta el sector.

¿Y llegaba puntual?

-(Sonrisas) Sí. Salía bien temprano, porque además es lo mejor para el corredor de distancias largas. Llevaba en mente no llegar fuera de horario, porque si se presentaba cualquier situación en el consejo popular no podía cogerme ausente de mi puesto. Llegaba, me bañaba y realizaba mis labores habituales. Siempre traté y conseguí vincular el entrenamiento con la responsabilidad laboral. Me salió bien, pero para eso necesité de mucha voluntad y mucho apoyo.

¿Cuál es la misión del policía?

-Mantenerme presto a enfrentar el delito. Desde 2008 me desempeño como jefe de sector del consejo popular Carmelo, en el municipio de Plaza de la Revolución. Antes estuve en la Brigada Especial Nacional, luego en la Policía Especializada y como jefe de sector en el consejo Rampa. Tengo el encargo de insertar a la sociedad a los ciudadanos o familias que estén desajustados. El jefe de sector tiene que saber dar consejos, estudiar las leyes para poderlas explicar y aplicar, aunar los factores de la comunidad en el quehacer preventivo. Tiene que caminar bastante, no puede ser jefe de oficina, ni tocar a la familia solo cuando esté en problemas.

El andarín capitán.

Un impresionante palmarés de cuatro medallas de oro y tres de plata deja claro que el hombre a vencer en cada Marabana es el policía.

¿Cree que lo miran como deportista o como jefe de sector?

-Creo que como un poco de las dos cosas. Quizás el propio perfil de maratonista me facilite el trabajo como jefe de sector. El trabajo de un policía es duro. Hay que hacer valer el orden, somos los de primer impacto ante cualquier hecho delictivo. Pero ya te digo, es un trabajo como otro cualquiera. Detrás de ese uniforme hay una familia; somos hijos, padres, hermanos. Dice una frase que somos pueblo uniformado y, como tal, muchos me conocen, respetan y admiran también por mis resultados deportivos.

¿Ha apelado a su habilidad atlética para resolver algún caso?

-Varias veces. Si soy testigo de un hecho delictivo, si es corriendo, le caigo atrás y seguro que lo cojo. Hasta ahora no se me ha escapado nadie. El más reciente sucedió el 14 de febrero último. Iba en el P-13, vestido de civil, y de repente oigo una algarabía. Le pregunto a la persona qué pasó y cuando me entero de que le habían robado la cartera me bajé de la guagua detrás del ladrón. A pesar de la ventaja que me había sacado lo alcancé como a la quinta o sexta cuadra. Me le identifiqué, lo detuve. ‘Ya, me cogiste… qué voy a hacer’, me dijo. Así dice la mayoría.

¿Tiene reconocimientos?

-Sí, tengo la medalla 50 Aniversario de los Órganos de la Seguridad del Estado, siete distinciones de Servicio Distinguido, las medallas de 10,15 y 20 años de labor en el Minint. Siento orgullo de pertenecer a esa institución, a la que he dedicado 23 años.

Sin tenis ni uniforme

¿Cómo es el Jorge Luís Suárez de su casa, más allá de la pista y del sector policial?

-A lo mejor una de las ‘cosas malas’ que tengo es que no bebo, no fumo. Obviamente, quizás sea lo mejor. Tampoco soy fiestero, ni siquiera sé bailar. Soy más bien familiar, me gusta estar en casa, enfrascado en el deporte, viendo televisión o leyendo.

¿Qué dice la familia, lo apoya?

-Tengo dos hijos, una hembra y un varón. Ellos están orgullosos en cierto sentido, aunque por otro lado me dicen “papi, ya estás viejo para esas correderas”. Me incitan a que me retire. Yo les contesto “está bien, niños”, pero solo para que se calmen, porque mientras tenga fuerzas para dar pelea y subirme al podio, seguiré en competencia.

Y al final, ¿cómo se autodefine: un deportista que trabaja de policía o un policía que corre maratón?

-El deporte entró primero en mi vida, sin embargo la palabra policía siempre va por delante. Me gusta lo que hago. Además, fue un anhelo de mi difunta madre. Me siento policía las 24 horas y así será hasta que me muera.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong