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Publicado el 13 Junio, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Más necesarios que nunca

Cuba les canta, A los héroes […] que no han muerto al final,/ y que viven allí/ donde haya un hombre presto a luchar,/a continuar.//, y los venera; a los de antes y los de ahora, como perenne fuente de inspiración y aliento. Sus luchas, pasadas y presentes, trenzadas por el tiempo, siguen librándose en las batallas de quienes, con el suyo, honran al ejemplo.

Ocurre así con la causa defendida en diferentes siglos –en esencia la misma de emancipar a los humildes y oprimidos– por dos colosos de la historia con muchas virtudes en común y a quienes la casualidad hizo coincidir en distantes cumpleaños, un 14 de junio: el Titán de Bronce y el Guerrillero Heroico.

Ideas definitorias, como que sin independencia y justicia no podemos entendernos; que quien intente apoderarse de Cuba, solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si es que no perece en la contienda; que frente a los imperialistas no se puede ceder “ni tantito, así”… tienen tanta vigencia como cuando Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna reafirmaron su intransigencia revolucionaria.

Ellos nos siguen acompañando, siempre que actuamos conforme al compromiso asumido con el concepto de Revolución legado por nuestro eterno Comandante en Jefe. Nos animan a interpretar con inteligencia y creatividad la actual coyuntura. A edificar con agudeza y determinación, la unidad real desde puntos de vista diversos, y sin unanimidades falsas, del gran potencial de fuerzas en torno a la vanguardia y en apoyo a la conducción del país por el Partido martiano y marxista-leninista, fundado por Fidel y Raúl, y depositario de la máxima autoridad política y ética para continuar guiándonos con acierto.

Su guía convoca a propiciar y desarrollar en todos los nuevos escenarios –dentro del decisivo ámbito de la gestión estatal y la empresa socialista, y también de los sectores emergentes incluidos en nuestra conceptualización del modelo y lineamientos de política económica y social–, el diálogo constructivo y las imprescindibles alianzas sobre la base de los principios.

Su legado apela a garantizar voluntariedad de candidatos idóneos y amplia participación en las elecciones del Poder Popular. A ser modestos, laboriosos, honestos, cultos, dignos… A rechazar prejuicios infundados, exclusiones y discriminaciones de cualquier índole. También al enfrentamiento crítico y transformador de lo mal hecho: la chapucería, la desidia, la banalidad, el mal gusto, el pesimismo; la pereza, la indisciplina, el descontrol, el burocratismo, las manifestaciones delictivas, de nepotismo y corrupción descarada o encubierta… tanto en el quehacer productivo, como en la prestación de los servicios de todo tipo; en la labor manual, profesional, intelectual, artística, o cualquier otra.

En fin, nos llaman a erradicar esas malas hierbas que –como nos lo alertó Fidel, y lo ha reiterado Raúl– contaminan, debilitan y pudieran hasta asfixiar a la Revolución; lo que el enemigo no ha podido ni podrá lograr, pero en lo que está empeñado más que nunca.

Ese mismo monstruoso enemigo, cuyas entrañas develara José Martí, muda de tácticas, o persiste en ellas, sin variar su estrategia de subvertir la Revolución y retrotraernos al pasado de sumisión neocolonial. Mantiene el bloqueo, la igualmente ilegal e inmoral usurpación de parte del territorio cubano, y las sutiles o abiertas acciones de la guerra no convencional descrita en sus manuales militares.

Con serenidad, sensatez y firmeza, Raúl ha reiterado, antes y después de silencios y ruidos del cambio de mando imperial, la invariable voluntad de construir unas relaciones basadas en la convivencia civilizada, el respeto y la conveniencia mutua. El curso de tal proceso no depende de la actitud cubana. Esta se sustenta y fortalece con la solidez del consenso interno mayoritario, que excluye concesiones, devaneos, falsas ilusiones o mareos por cantos de sirena dirigidos a sectores que el adversario considera vulnerables a los virus de sus políticas.

Más necesario que nunca es hoy el fructífero entrelazamiento de generaciones continuadoras; actuar con la mente lúcida y el valor a toda prueba del mambí con más gloriosas heridas en su cuerpo; con el virtuosismo sin mácula, del arquetipo de internacionalismo, de autoexigencia, austeridad e integridad con que soñamos al ser humano del futuro.

Sí, Maceo y Che seguirán viviendo aquí, en nosotros, como paradigmas perpetuos, refuerzo permanente y renovado, junto a Fidel y a cada héroe de la patria, jamás olvidado ni muerto, hasta la victoria siempre.


Redacción Digital

 
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