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Publicado el 2 Junio, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Protección al consumidor, algo así como un slogan vacío

Por: Enrique Valdes Machín

Si la sociedad fuera una escuela y la protección al consumidor una asignatura, de seguro los suspensos lloverían.

No pretendo descubrir el Mediterráneo, ni hacer aportes físicos a la teoría del agua tibia al afirmar que ese tema, junto al de la atención a la población, son en la actualidad de los más controversiales.

Ya ni siquiera recuerdo la primera vez que escuché hablar de la necesidad de crear una ley que refrendara los derechos de las personas frente a quienes hoy están para brindarles un servicio: comerciantes y dependientes de todo tipo de establecimientos.

Recuerdo que hace algún tiempo, Héctor Amigo Carcacés, especialista de Atención a la Población del Ministerio de las Comunicaciones, afirmaba que el consumidor constituye la parte más débil de la cadena, y está sujeto a los vaivenes de un mercado que no siempre piensa en él como destino final.

Pero poco o nada ha cambiado para bien, es más, en algunos sitios observamos evidentes retrocesos.

Como una verdad de Perogrullo una ley, normativa, resolución o cualquier texto legal por sí solo no resuelve el problema; su solución pasa por el hombre, el que ejecuta la acción y el que lo debe controlar y no lo hace ¿o sí?.

En muchas ocasiones culpamos al descontrol de casi todos estos males, sin detenernos a pensar que detrás de los responsables visibles del atraco que hoy son objeto los consumidores, -en buena parte de las entidades estatales-, existen funcionarios intermedios que “dejan hacer” por razones obvias.

Envejecí mientras denunciaba en diferentes medios de prensa la utilización de básculas alteradas, unidades de medidas impuestas por vendedores inescrupulosos y a timadores que “olvidaron” que la libra tiene 16 onzas.

El tema tiene plena vigencia: ¿Acaso pudiéramos encontrar al menos una sola persona que a lo largo de estos años no haya sido lacerada por este engranaje?

Y  lo que en mi criterio es peor: el mecanismo de reclamación ante administradores, gerentes y comisiones de atención a quejas, compuesta por personal del mismo establecimiento donde las personas fueron timadas o maltratadas, es casi una burla de las peores concebidas.

Hace unos días observé barbaridades en el mercado del Mónaco, en el municipio habanero de 10 de Octubre, donde algunos trabajadores, víspera del Día de las Madres y ante una larga fila, decidieron esconder el 70 por ciento de las tinas de helado recién llegadas.

Pero la misma población enfrentó la deshonesta acción, montó una guardia y amenazó con buscar a las autoridades, y en minutos apareció otra vez el producto.

Algo similar ocurrió esta semana, ofertas como el queso y el helado no aparecían en tablilla, las personas se quejaban del precio y aunque no pretendía comprar nada, solicité la intervención del responsable del mercado, y para mi sorpresa fui atendido por el padre del administrador que ni siquiera labora en el centro. Sin comentarios.

Pudiera hacer una extensa lista del modus operandi para la violación de los derechos ciudadanos y la desprotección a la que están sujetas las personas, pero eso será tema para un próximo trabajo. (ACN)


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