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Publicado el 21 Julio, 2017 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

EL MORRILLO

Pelea cederista contra las drogas

Para los miembros del Destacamento Mirando al Mar que mejor funciona en Artemisa, vigilar las costas, más que tarea complicada, es cuestión de moral
Pelea cederista contra las drogas.

El hábito de estar siempre atentos se va interiorizando desde los ejercicios, en los que regularmente participa la nueva hornada.

Por IGOR GUILARTE FONG

Fotos: YASSET LLERENA

Vivir en un ambiente costero tiene sus particularidades, pues se funda una especie de romance con el mar. En la costa norte del artemiseño municipio de Bahía Honda se ubica un bucólico lugar de sol radiante, brisa de salitre; de encantadores chalets antiguos que se conjugan con la más moderna urbanización; de gente alegre, humilde y piel curtida.

Nadie sabe responder con exactitud por qué se llama El Morrillo, nombre homónimo pero muy distante al del sitio matancero donde cayera el héroe Antonio Guiteras. En cambio, aseguran que desde los tiempos de sus fundadores ha sido un pueblo que vive del mar. Allí no se erige un faro como en el famoso Morro de La Habana. En cambio, existe un grupo de hombres y mujeres que realiza, prácticamente, la misma función de guardianes insomnes del golfo que baña sus casas.

En sus botes pasan la mayor parte del tiempo en trajines de pesca. Cuando están en tierra se les ve inmersos en la reparación de sus embarcaciones, o revisando las redes y ajustando los anzuelos; pensando en la próxima salida.

Pero ya sea a bordo o a pie, en plena faena o en sus momentos de descanso, muchos vecinos de esta comunidad deambulan por la ribera, mirando la inmensidad, desenredando el mangle; con ojos alertas día y noche, en busca de algo más que peces. Porque el mar -igual que provee el sustento- puede traer en sus olas la perdición y la muerte, envueltas, como en paquete de regalo.

Conciencia que no falla

El narcotráfico internacional -fundamentalmente marítimo- por rutas cercanas al territorio cubano con destino a Estados Unidos, principal consumidor de narcóticos en el mundo, incide en la aparición eventual de pacas de cocaína o marihuana en diferentes puntos de la mayor de las Antillas. Por su ubicación geográfica, el sentido del viento y la trayectoria de las corrientes marinas, la franja de El Morrillo es propensa al recalo de bultos derivados de ese trasiego ilegal.

Pelea cederista contra las drogas.

El aviso a los combatientes guardafronteras, encargados de procesar el recalo descubierto, forma parte esencial de un sistema integrado.

Esto motivó, hace casi tres décadas atrás, la constitución en dicho predio de un Destacamento Mirando al Mar (DMM). En la actualidad, reconocido como el de mejor funcionamiento en la provincia de Artemisa, y uno de los 308 que actúan en el país bajo la coordinación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), en dinámica colaboración con las Tropas Guardafronteras (TGF).

“Este destacamento ostenta el nombre de Ernesto Che Guevara y está integrado por 30 cederistas (18 hombres y 12 mujeres). En la nómina se incluyen cinco jóvenes y tenemos un destacamento infantil que es apadrinado por los guardafronteras. Incorporar a las nuevas generaciones es una de nuestras principales líneas de trabajo, con vistas al futuro”, explica María Antonia Socarrás Miranda, quien se desempeña al frente del grupo.

“Tenemos un lema que dice: ‘No importa el frío ni el lodo, ni los pies con ampollas sangrantes, prefiero morir primero que fallarle al Comandante’. Lo inventamos entre todos, los cederistas de conjunto con los combatientes.

“En los últimos tiempos no han ocurrido muchos recalos, pero de todas formas mantenemos los ojos despiertos. Cuando nuestra gente se ha topado con alguno ha procedido metódicamente, y no se ha registrado ningún caso de alguien que haya desviado un bulto. Tenemos plena conciencia de las graves consecuencias que podría acarrear, sobre todo para niños y jóvenes, si se filtra esa droga”, recalca la también maestra de preescolar en el centro mixto José Martí.

Hasta los más pequeños dominan los pasos a seguir cuando se encuentra una envoltura sospechosa. “Pertenecemos al destacamento infantil Los Marineritos. Es un círculo de interés donde nos enseñan que las drogas son dañinas para la salud, ilegales, y que si vemos algún paquete en la costa avisemos al punto fronterizo”, comenta Sandra Beas Velázquez, estudiante de octavo grado.

Vive cerquita del mar y afirma que desde su portal le echa un vistazo con frecuencia a las olas; y aunque a sus 13 años no ha dado personalmente con un alijo, enuncia orgullosa que en casa sí frustraron uno. Un amigo de su familia -recuerda- se bañaba en la playa y vio un paquete a flote. Al principio pensaron que era comida envuelta en una caja, pero su mamá avisó a las autoridades y en el reconocimiento del contenido se comprobó que era marihuana.

“Aquí todos tenemos clara nuestra responsabilidad y misión de evitar que la droga caiga en manos inescrupulosas, capaces de jugar con la salud y la vida de otras personas, solo por el afán de ganar dinero”, interviene Rolando Velázquez, jefe de mantenimiento en el astillero de la cooperativa pesquera y uno de los integrantes más activos del destacamento.

“Los niños y jóvenes -agrega- participan junto a nosotros en los ejercicios y actividades que puedan. Así comprenden mejor el encargo que cumplimos con el fin de que no lleguen las drogas a la sociedad. Siempre hay alguien en función de la vigilancia, porque tenemos incorporado el hábito de estar alertas, ya sea el que está de pesca o el que camina por la costa. Hasta ahora no hemos tenido malos resultados y pensamos continuar igual”.

Los méritos del DMM de El Morrillo no responden a un hecho casual, sino a la disciplina, la intuición, la fortaleza ideológica y las habilidades de sus integrantes, que custodian sin descanso y en complejas circunstancias las decenas de kilómetros de litoral bajo su jurisdicción.

Por mar y tierra

Pelea cederista contra las drogas.

Disímiles vivencias atesoran los más veteranos, ya sea en la pesca o en la lucha antidrogas. De izquierda a derecha aparecen: Antoleano, Rolando, Bernabé, Luis y Roberto.

En su condición de fundador, Roberto Gallardo Núñez ha dedicado más de 20 de sus 69 años a esta patrulla cederista. Hoy funge como su segundo al mando. “La labor que aquí desempeñamos puede ser prácticamente anónima para muchos de afuera; se hace en condiciones arduas de sol y sereno, entre el mangle, los mosquitos… pero nosotros estamos dispuestos a mantenernos firmes para resolver lo que puede convertirse en problema”, sostiene.

Asimismo, destaca que “en la comunidad existe una cultura de enfrentamiento a los recalos. Hasta aquellos que no pertenecen a nuestras filas saben que existe el grupo y que tiene un impacto. Por ejemplo, una compañera que vive cerca del mar -y no integra el destacamento- halló un paquete frente a su casa, vino al puesto y lo entregó”, encomia el veterano.

“También se dio el caso de dos compañeros que estaban de pesca y vieron un paquete a varias millas de la orilla. Lo recogieron y lo trajeron para entregarlo. No lo pueden dejar abandonado porque la corriente puede arrastrarlo a cualquier lado”, precisa Antoleano Lugo, quien a semejanza de Roberto participó como miliciano en la Lucha Contra Bandidos en la región y luego como colaborador de las TGF, mucho antes de la creación de los DMM.

Los experimentados hombres, devenidos lo que se dice lobos de mar, exponen que ante un hallazgo de estupefacientes el procedimiento establece que uno quede de custodio en el sitio, mientras otro acude a avisar a los guardafronteras, encargados de reconocer y evacuar el recalo. Cuando se encuentra en alta mar, se sube a bordo y se conduce igualmente a dicha dependencia del Minint, donde se esclarecen las circunstancias en que se produjo el hecho y se le da el tratamiento de rigor.

A la par de afrontar el narcotráfico internacional, este colectivo de defensa costera ha colaborado en el desmantelamiento de operaciones de salidas vinculadas al tráfico ilegal de personas, y en la frustración de otros delitos como la caza furtiva, la tala de árboles y la extracción de arena.

Pelea cederista contra las drogas.

Varias de las mujeres vinculadas al destacamento son presidentas de CDR o coordinadoras zonales. A la extrema izquierda, María Antonia Socarrás.

Todos coinciden en ponderar la vinculación de los CDR y las TGF en el combate contra las drogas. “Con ellos tenemos una alianza muy estrecha, de conjunto llevamos a cabo maniobras de entrenamiento, en su sede hacemos las reuniones mensuales y distintas actividades donde estimulamos a los destacados. En general, contamos con mucho apoyo de las organizaciones de masas, sobre todo de los CDR y la FMC, así como de la dirección del Poder Popular”, enfatiza María Antonia Socarrás.

De la parte de los de uniforme verde olivo, el suboficial Juan Pablo Peñalver Mojena, con 26 años de servicio en el Minint, significa que “la colaboración que prestan los compañeros del DMM es bastante amplia y valiosa; en especial si se tiene en cuenta que un recalo puede producirse a cualquier hora y por cualquier lugar. Nosotros les aportamos la tutoría, el adiestramiento; a ellos les corresponde informar oportunamente. El concepto es el mismo: impedir que la droga ingrese al país”.

Es necesario recorrer unos 25 kilómetros desde Bahía Honda, la cabecera municipal, por una carretera sinuosa -y polvorienta a tramos- para llegar a El Morrillo. A pesar de lo intrincado del consejo popular uno puede palpar allí la huella de la Revolución: luz eléctrica, bodegas, panadería, base pesquera, vaquería, centro escolar multigrado, círculo social, cancha deportiva, consultorios médicos, organopónicos… 1 513 habitantes.

Y por si no bastara, un DMM y una unidad de TGF que han ganado innumerables reconocimientos por su empeño mancomunado en pos de la salvaguarda del territorio local y nacional.

Tales gentes no deben sorprender, porque hoy ese ejemplo se multiplica en cientos de destacamentos, en miles de cederistas comprometidos con la lucha sin cuartel contra las drogas, que a semejanza de los protagonistas de este reportaje desafían el sol, el mar, la noche, los insectos y hasta lo indecible… para no fallarle a Cuba, ni a su eterno Comandante. A ellos, los que desempeñan esa imprescindible labor en favor de la tranquilidad colectiva, en cualquier ignoto paraje, pocas veces se les expresa la gratitud y admiración de todo un pueblo.

 

Mirada hacia adentro

Pelea cederista contra las drogas.

“El mayor por ciento de los recalos frustrados se debe a la actuación de los DMM”, asevera Julia Durruthy Molina, de la dirección nacional de los CDR. (Foto: IGOR GUILARTE FONG).

A propósito del tema de marras, Julia Durruthy Molina, miembro del Secretariado nacional de los CDR que atiende la esfera de Vigilancia y Prevención, comparte algunas informaciones y valoraciones sobre el papel que desempeñan los DMM.

¿Cuántos destacamentos funcionan en Cuba?

-Hoy contamos con 308, que agrupan a más de 7 000 miembros; de ellos, más de 3 000 son mujeres y 1 500 jóvenes. Hay que destacar que en algunos lugares las mujeres constituyen la principal fuerza de choque, como es el caso de Cabo Cruz, en Granma, donde efectúan la vigilancia de la costa en botes, remando ellas mismas. La mayor concentración de DMM está en la región oriental. Sobresalen las provincias de Santiago de Cuba con 53, Guantánamo con 42 y Holguín con 30.

¿Recientemente tuvieron una fase de preparación?

-Del 15 al 19 de mayo pasado realizamos la Operación Conjunta de los CDR y las TGF. Esta edición -la número 12 de manera ininterrumpida- estuvo particularmente enfocada al enfrentamiento de las drogas y demás ilegalidades en áreas del litoral. Además de los simulacros incluyó reordenamientos de plantillas, reconocimientos a los destacados, actos de ingreso de nuevos integrantes, acciones educativas para proteger la flora y la fauna marinas.

Se trata de un ejercicio anual que circunscribe a todos los destacamentos con el objetivo de fortalecer de manera integral la vigilancia sistemática de nuestras costas. También se suman otros organismos y organizaciones de masas como Educación, Cultura, el Inder, la FMC, la UJC y la FEU.

¿Qué aspectos deben seguir mejorando?

-Ya el año pasado logramos dotar de un carné que identifica al miembro del destacamento como una autoridad en la zona costera. Eso había sido una de sus principales demandas. Pero aún restan cosas por hacer; entre estas, potenciar la incorporación de los jóvenes.

Muchas veces nuestros colaboradores realizan su misión venciendo el dienteperro, el mangle, los mosquitos, sin los medios más idóneos. Por eso, en la medida de lo posible, buscamos estimularlos con calzado, ropas, linternas, para intentar mejorar sus condiciones de trabajo; y en general, de las comunidades donde radican. Estamos trabajando para elevar las posibilidades de comunicaciones, por ser uno de los elementos que más necesitan para viabilizar su labor.

¿Cuál es el impacto de la misión que desarrollan?

-El impacto es notable y ha sido reconocido por la dirigencia del país. Gracias a la presencia activa de los destacamentos se han capturado cantidades de drogas que, de lo contrario, podrían haber llegado a la sociedad. Igualmente se han obtenido resultados positivos en el enfrentamiento a las salidas ilegales, la pesca furtiva, la tala indiscriminada y otras ilegalidades.

Tenemos historias de vida extraordinarias, como la de un muchacho en el propio Cabo Cruz que cuenta en su haber con más de 10 hallazgos de recalos; o la del destacamento del municipio matancero de Martí, que a pesar de estar ubicado a 11 kilómetros tierra adentro, sus integrantes recorren esa distancia para ir a atender la costa.

Quiere decir esto que los DMM cumplen una tarea fatigosa, de consagración y voluntad plenas, realizada en condiciones adversas la mayoría de las veces, incluso desde el anonimato y sin remuneración; lo que evidencia el alto sentido de pertenencia de esas personas con su localidad y su nación.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong