0
Publicado el 31 Agosto, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Fiesta bajo la lluvia en una antigua Plaza

Son los bañistas que con las precipitaciones, menos torrentosas que las sequías crueles y extensas, se regodean en la vieja Plaza de Armas, hoy parque Agramonte, de una de las más añejas localidades fundadas por los españoles en Cuba
Fiesta bajo la lluvia en una antigua Plaza.

Foto: esp.belta.by

Por ADOLFO SILVA SILVA

La lluvia no es solo allí la imagen del agua despeñándose desde el cielo frente a construcciones como la Catedral Metropolitana de Camagüey, un edificio de ladrillos y piedras levantado, más pequeño, en el siglo XVIII, y sucesor de un templo originalmente precario.

Mientras unos huyen del aguacero, otros dejan que los empapen, y disfrutan con diversos entretenimientos en un sitio hincado profundamente en la historia, y en la memoria de muchas generaciones.

Son los bañistas que con las precipitaciones,  menos torrentosas que las sequías crueles y extensas, se regodean en la antigua Plaza de Armas, hoy parque Agramonte, de una de las más añejas localidades fundadas por los españoles en Cuba.

Los baños bajo el aguacero son un entretenimiento de los nuevos tiempos en ese lugar público, especialmente en las vacaciones de verano, y una de las euforias por la presencia de la época de lluvia, que en la Isla está convirtiéndose en un pasaje cada vez más apabullado por la sequía.

¿Y qué hacen jóvenes, y algunos niños con el agua celestial en el parque?

Uno de los pasatiempos más empleados es deslizarse de espaldas sobre el mojado y pulido pavimento de terrazo –comúnmente llamado granito–, el cual se convierte en una magnífica pista para el avance acelerado.

Sin camisa, ni zapatos, y en short o en pantalones, utilizan sobre todo las rampas de acceso al segundo nivel del sitio, y en un veloz tránsito terminan al borde de la calle, y a veces la invaden, en desafío al peligro en una zona de gran tránsito vehicular.

Otro de los esparcimientos es jugar al fútbol de forma muy libre, casi sin apego al reglamento, lo cual en ese caso resulta una variante del más universal de los deportes, existente en la modalidades tradicional, de playa, y de sala, pero bajo la lluvia al aire libre representa uno de los pasatiempos en el principal de los parques camagüeyanos.

Bromas verbales, empujones fraternos, y otras tantas expresiones de regocijo, caracterizan también al esparcimiento mojado en el lugar, centro del sector citadino declarado en el 2008 Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El tiempo pasa, y cambia a la gente y a sus costumbres. Es una ley inexorable en la existencia de la humanidad.

Cuando en 1528 nació el asentamiento definitivo de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, actualmente Camagüey, la Plaza de Armas fue el punto central desde el cual la localidad comenzó a extenderse entre ríos y arroyos, hasta llegar a ser una especie de Venecia tropical, con decenas de puentes para enlazar las “islas” provocadas por las serpenteantes corrientes fluviales.

Las escenas de antaño, lógicamente, no son las de hoy.

Ya el sitio no tiene solo, en su imagen actual, los cambios físicos de varias remodelaciones, la más reciente concluida en el 2001, sino, además, transformaciones de su entorno constructivo, y la gente que lo visita, con sus intereses contemporáneos, le otorga también una nueva visualidad.

Y una de esas imágenes es la de los veraneantes gozosos bajo la lluvia, donde la ciudad de Camagüey, fundada en el siglo XVI, comenzó a gestar en aquella Plaza de Armas su nueva vida, en el último de sus tres asentamientos. (ACN).


ACN

 
ACN