Moltó murió en combate, como vivió
Personalidades del periodismo, la economía, la política y la cultura en general se dieron cita en las casa de la Unión de Periodistas de Cuba para dar el último adiós al periodista, presidente del gremio, hombre y amigo excepcional
Guardia de honor.
Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ
Fotos: YASSET LLERENA
En la mañana del 16 de agosto el sol abruma, pero en los pasillos de la Casa de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) pesa más la nostalgia, que inunda toda la casona de 23 e I, en la capital. El llanto se hace viral por la pérdida de aquel hombre que fue maestro, combatiente y hermano.
En murmullos se escuchan frases como: “se fue el amigo”, “es insustituible”, “no existirá otra persona tan sensible y humilde”, de la boca de grandes y jóvenes personalidades del periodismo, la economía, la política y la cultura en general.
Antonio Moltó Martorell, quien fuera presidente de la UPEC desde 2013, falleció víctima de cáncer. Pero incluso en su enfermedad y los últimos años de su vida, siempre ofreció sus manos temblorosas a todo aquel que a él acudiera por ayuda y consejo.
Aun en su grandeza y su experiencia de cinco décadas en el periodismo, que le valieran para ser distinguido con el Premio Nacional José Martí, el Premio Nacional de la Radio y la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, Moltó era capaz de tratar a todos por igual, con el mismo amor. Por eso nadie escatimó esfuerzos para dar el último adiós al eterno aglutinador de la prensa.
Con la voz entrecortada y ojos enrojecidos su amigo, Luis Sexto, también Premio Nacional de Periodismo, con su acostumbrado estilo de crónica confesó que Antonio fue para la UPEC quien abrió el techo para que penetrara el aire fresco y la luz del sol. “Era de las pocas personas a las cuales no le podía decir que no…le cumplí como a una religión, porque era excepcional, lleno de humanismo, un hombre que confiaba y no nos quedó más remedio que creer y confiar en él”, expresó.
Ofrenda floral enviada por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Moltó para Rosa Miriam Elizalde, quizás por ser de otra generación, era “el último hombre del Renacimiento en la prensa cubana”, sin embargo, no deja de reconocer que siempre se mantuvo en la investigación y búsqueda de las nuevas maneras de hacer periodismo que impone la contemporaneidad, para lo cual organizó el espacio Cibermambí, como escuela de los periodistas para adentrarse en las nuevas tecnologías. “El mismo se autodenominaba como loco con idea fija, por lo que no había nada que tú le presentaras, que fuera para beneficio de la prensa, que él no apoyara”.
Estudiantes, periodistas jóvenes y consagrados, de La Habana y el resto del país, ministros como Abel Prieto y Lina Peraza, médicos, economistas, representantes del Buró Político, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asamblea Nacional del Poder Popular, la Contraloría General, el Partido se reunieron en encuentro multitudinario para hacer perenne el legado y el agradecimiento a Antonio Moltó Martorell.
Moltó murió en combate, como vivió, desde las trincheras de la prensa, tratando de que esta respondiera a los cambios sociales y fuera más cercana al pueblo. Seamos su memoria, sus manos, su obra para que su cuerpo descanse en paz, pero que labor continúe con nuestro trabajo diario.











Bella crónica de lo que ocurrió este miércoles en la Casa de la Prensa, despedida de un amigo sincero, de un profesional cimero de un patriota cabal
Concuerdo con Esteban. Lilian -cuya foto ya debería aparecer al pie de su trabajo, para adornarlo con su juventud y belleza- cuenta en pocas líneas lo que sentimos allí, en el homenaje multiplicado al admirado y querido compañero y amigo, uno de esos sin duda imprescindibles, que no va a faltarnos nunca para el aliento necesario, la convocatoria a la unidad salvadora, la confianza en la fuerza de nuestras ideas justas, y en nosotros mismos, que seremos capaces de vencer todos los actuales desafíos, externos e internos, y salir adelante, como lo aprendimos de Mart{i y Fidel, y de lo que Moltó es un ejemplo.