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Publicado el 7 Septiembre, 2017 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

A la espera del “visitante” no deseado

En ocasiones como esta vale recordar la frase martiana que la hora de la acción no es para aprender; es preciso haber aprendido antes. No se puede esperar a que el ciclón llegue para comenzar a adoptar las medidas que contribuyan a preservar los bienes y, sobre todo, la vida, que es lo más importante
A la espera del “visitante” no deseado.

Todos los registros de alcantarillado deben estar limpios, sobre todo en las zonas caracterizadas por los riesgos de inundación. (Foto: granma.cu).

Por IRENE IZQUIERDO

Algún tiempo atrás conocí a la anciana Felicia Cabrera; tenía entonces 93 años y guardaba en su memoria imágenes de la furia que caracterizó a los ciclones de los años 26 y 44 del siglo pasado, de los cuales la inmensa mayoría de nosotros solo tiene referencias.

En aquella época la protección a los ciudadanos resultaba tema prácticamente desconocido, como lo era -antes del inicio de la temporada ciclónica- prepararse para enfrentar las contingencias. Tras cada tormenta, resultaba preciso buscar el modo de sobrevivir a sus secuelas. Muy pocas veces la solidaridad devenía sostén para aliviar la incertidumbre e impedir que la desesperanza fuera dueña, pues los más afectados eran los pobres y todos estaban en igualdad de condiciones.

Por eso, Felicia sabía muy bien cuánto pueden las muestras de aliento en los tiempos duros, como ocurría de los años 60, cuando se estructuró un riguroso sistema de Defensa Civil, encaminado a impedir que en Cuba volvieran a repetirse las imágenes dejadas por el ciclón Flora.

Ensayar y corregir los detalles cada día

A la espera del “visitante” no deseado.

Se ha ganado en conciencia acerca de cuán importante es la evacuación. Ir hacia lugares seguros es una de las maneras de evitar pérdidas humanas. (Foto: vanguardia.cu).Se ha ganado en conciencia acerca de cuán importante es la evacuación. Ir hacia lugares seguros es una de las maneras de evitar pérdidas humanas. (Foto: vanguardia.cu).

En ocasiones como esta vale recordar la frase martiana que la hora de la acción no es para aprender; es preciso haber aprendido antes. No se puede esperar a que el ciclón llegue para comenzar a adoptar las medidas que contribuyan a preservar los bienes y, sobre todo, la vida, que es lo más importante.

La temporada ciclónica se extiende del primero de junio al 30 de noviembre, pero la preparación debe actualizarse cada día, pues las tormentas tropicales, ciclones y huracanes generalmente son “visitantes” no deseados.

Todavía se recuerda el paso Sandy y Matthew, dos fenómenos que dañaron considerablemente a la región oriental de Cuba. Los trabajos por la recuperación han sido intensos, como intensos son las jornadas por perfeccionar la preparación cada día.

Para los cubanos el ejercicio Meteoro, desarrollado cada mayo es un buen adiestramiento, para enriquecer los planes, porque en momentos como los que vivimos ahora, todo se pone en práctica.

Las acciones de emergencia vienen desde la cotidianidad

Si desde la responsabilidad que cada persona desempeña, igual que en la comunidad, no se brinda la instrucción adecuada, será imposible cumplir las diversas medidas encaminadas a facilitar el trabajo, en este momento. Con sus planes están activados –a partir de la convocatoria de cada Consejo de Defensa- de Recursos Hidráulicos y Servicios Comunales, cuyos trabajadores, además de limpiar tragantes, alcantarillados y drenes, han revisado la desobstrucción de las zanjas y riachuelos que se desbordan, y garantizan la disponibilidad de agua en las zonas de evacuación y la higiene  en las áreas aledañas.

A la espera del “visitante” no deseado.

Es imprescindible que la población esté informada para saber cómo actuar. Y en este sentido se crean todas las condiciones. (Foto: OSVALDO GUTIÉRREZ GÓMEZ/ACN).

A esas dos entidades se suman los residentes en cada lugar, para la recogida escombros y desechos sólidos, sobre todo en zonas de mayor riesgo; limpian azoteas y patios y, en las áreas de embalses, pese a la sequía, revisan en los mecanismos de control de las compuertas de las presas. Es un trabajo de prevención de lo que pueda ocurrir con la lluvia y los vientos de un huracán tan intenso como Irma.

Y en medio de tantas tareas,  se puntualizan los planes para casos de catástrofes, huracanes, intensas lluvias y penetraciones del mar y se organiza el apoyo que los centros de trabajo de cada territorio brindan a la limpieza y recogida de poda y desechos sólidos.

Indispensable es la labor de información, la disciplina; lograr que cada ciudadano –con la experiencia que ha aportado el paso de otros huracanes, comprenda  que quienes viven en zonas vulnerables, están en el deber de ser celosos guardianes del cumplimiento de las medidas decretadas por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil.

Un ciclón jamás será bien recibido; su esencia destructora provoca el rechazo, pero nuestra situación geográfica nos ubica en la zona de riesgos; por tanto, es preciso estar preparados. Solo de este modo será posible amortiguar sus efectos y preservar los recursos humanos y materiales.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo